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Tribunales

Patricia Wulf, una de las mujeres que acusan a Plácido Domingo: "¿Quién le dice que no a Dios?"

Nueve artistas estadounidenses acusan a Plácido Domingo de haberlas acosado en las décadas de los 80 y 90

Foto de Plácido Domingo, en el Hollywood Bowl, el pasado jueves por la noche.

Plácido Domingo, en el Hollywood Bowl, el pasado jueves por la noche.

EUROPA PRESS
Actualizada 14/08/2019 a las 10:31
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  • Isabel Urrutia Cabrera. Colpisa
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El mundo de la lírica recibió este martes un mazazo brutal. Plácido Domingo (Madrid, 1941), el titán de la ópera, que acaba de celebrar por todo lo alto una gala española en las Termas de Caracalla, ha sido acusado por nueve artistas (ocho cantantes y una bailarina) de presunto acoso sexual. Los hechos, ya sean besos o caricias indeseadas, se remontan a las décadas de los 80 y los 90, sin que medie ninguna denuncia formal. Los testimonios, recogidos por la agencia norteamericana AP, son casi todos anónimos y provienen de profesionales estadounidenses.

La reacción del tenor madrileño (reconvertido en barítono) ha sido inmediata: "Reconozco que las reglas y valores por los que hoy nos medimos -y debemos medirnos- son muy distintos de cómo eran en el pasado. He sido bendecido y privilegiado de haber tenido una carrera de más de 50 años, y me ceñiré al más alto estándar". Hasta ahora, solo una supuesta afectada se ha presentado con nombre y apellidos.

Se trata de Patricia Wulf, una mezzosoprano retirada de 61 años que vivió su momento más álgido en un montaje de 'Fedora' en la Washington Opera, a finales de los 90. Le tocaba interpretar un rol menor (Olga Sukarev) pero se sentía exultante. No era para menos: le tocaba compartir escenario con el tenor madrileño y la mítica soprano Mirella Freni. Domingo ya era entonces director artístico del teatro lírico más importante de la capital de Estados Unidos. Una situación de poder que, en palabras de Wulf, le hacía sentir muy cohibida. Hasta el punto de que, pese a tener 40 años y estar casada, le resultaba "extremadamente difícil" rechazar la actitud de Domingo.

"ME HABRÍAN DESPEDIDO A MÍ"

"Que un hombre tan poderoso -¡es como Dios en mi negocio!- se acercara a ti con una proximidad tan grande... ¡A pocos centímetros de mi cara! ¿Quién le dice que no? En aquella época no dejaba de esperarme a la salida del camerino. A veces incluso entraba sin avisar... Me pedía para salir después de las funciones... ¿Qué podía hacer? ¿Tendría que haberle acompañado? No, no lo hice. Entre nosotros no existió contacto físico pero... ¡aquello era acoso! ¡Yo lo percibí como acoso! Un comportamiento así revela una intencionalidad. Se quería acostar conmigo", afirma la excantante en declaraciones a la televisión americana, mientras solloza y se enjuga las lágrimas.

Su marido, Richard Lew, estaba al corriente del presunto hostigamiento de Domingo. Y en ningún momento intervino para dejar las cosas claras. Por lo visto, el único que actuaba sin tapujos era el propio artista madrileño: "Recuerdo que una vez, en el transcurso de una fiesta después del estreno de una producción de 'La flauta mágica', se me acercó, me cogió de la mano, la estrechó, me besó las dos mejillas y me susurró, 'me gustaría conocer a mi rival'". Al final, ambos hombres se estrecharon la mano, intercambiaron palabras corteses y nada más. Según ella, el miedo a verse perjudicada laboralmente les paralizaba. "Un compañero de trabajo se animó a apoyarme si yo denunciaba... Pero era imposible... De hacerlo, me habrían despedido a mí y no a Plácido Domingo".

La trayectoria de Patricia Wulf, de todas formas, no fue más allá. Ni en Estados Unidos ni en Europa. Con las funciones de 'Fedora' en Washington tocó techo. En los cuatro años siguientes, la mezzosoprano apenas actuó en su país, limitándose a temporadas de segunda, ya fuera en Carolina, Baltimore o Sarasota. El resto de acusaciones contra Domingo ofrecen muchos detalles íntimos, del cariz de "me tocó la pierna debajo de la falda", "me dio un beso húmedo" o "me llamaba constantemente al móvil de madrugada".

UN BILLETE

Supuestamente se trataba de artistas veinteañeras, que se sintieron "incómodas" y "confusas" ante el proceder del tenor más poderoso del panorama internacional. Una de ellas llegó a tener relaciones consentidas con Domingo. "Me dejó un billete pero me dijo que no me sintiera una prostituta, que me lo daba para pagar el parking", apunta la mujer, escudada en el anonimato.

"Las acusaciones de estas personas que se remontan hasta tres décadas atrás son profundamente preocupantes y, tal como se presentan, inexactas. Aun así, es doloroso oír que he podido molestar o hacer sentir incómodo a alguien, da igual cuánto tiempo haga de ello y a pesar de mis mejores intenciones", lamenta el cantante. Muy activo dentro y fuera de los escenarios, como intérprete y director de orquesta, además de máximo responsable de la Opera de Los Angeles y de la Opera Nacional de Washington, le sobra tiempo para presidir el concurso Operalia. Tiene 78 años y su lema de vida es 'si me detengo, me oxido'. Su próximo compromiso: el día 25 cantará en 'Luisa Miller', en el Festival de Salzburgo. Todas las entradas están vendidas.

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