Redes sociales

Marc Biarnés: "Vivimos tiempos en los que se premia ser idiota"

El actor y presentador, tras triunfar en las redes sociales, traslada su humor crítico al papel en 'Qué hago, ¿me mato?'

Marc Biarnés, presentador, influencer y ahora también escritor
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Marc Biarnés, presentador, influencer y ahora también escritorNoemí Elías
Marc Biarnés, presentador, influencer y ahora también escritor

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Agencia Colpisa

Publicado el 01/11/2026 a las 09:55

El día que Marc Biarnés subió un vídeo a TikTok comentando la actualidad mientras se comía una fruta, no podía imaginar lo que le vendría cinco años después. O sí: "De pequeño ya quería dedicarme a todo esto", afirma. Y "todo esto" es mucho. Porque Biarnés, que estudió Marketing y Arte Dramático, ha conseguido desarrollar un estilo propio: a la vez que se pela un melocotón, analiza el panorama con humor descarnado, poca vergüenza y una expresividad característica. Una fórmula con la que ha triunfado en las redes sociales como 'Nosoloviernes' y que le ha permitido dar el salto a la televisión (conduce 'No solo debate' en RTVE Play) y a los teatros. Ahora presenta 'Qué hago, ¿me mato?' (Roca Editorial), un libro que se publica el próximo 5 de noviembre y en el que disecciona, con su habitual ironía, el universo de los tontos y sus múltiples variantes.

¿En alguno de sus vídeos se ha tomado el vermú del domingo mientras diseccionaba la actualidad? 

Por supuesto. En mis vídeos de las doce ya me lo estoy tomando.

¿Cómo empezó a salir en las redes sociales? 

Por mera casualidad. Publiqué un vídeo sin tener ni idea de cómo funcionaba TikTok y saltó la suerte. Además, pensaba que si había gente con un talento que ni fu ni fa haciendo dinero, yo también podía ganarme la vida con esto.

En ese momento trabajaba en un supermercado.

Sí. De hecho, el tercer vídeo que hice, en el que contaba que me iba del supermercado, se hizo muy viral. Ya no podía más, así que me lancé y dije: "Si no me voy así, no me iré nunca". El trabajo de cara al público, ya sea en un supermercado o en la hostelería, es una rueda de la que solo puedes salir en medio de un ataque.

Y le dio al ataque.

Sí. Soy una persona de mecha corta, la verdad.

¿Sus análisis son improvisados? 

Totalmente. Si estoy fuera de casa, puede que me apunte algún chiste si veo alguna noticia, pero suelo improvisar. Creo que ahí está la magia. Además, ya conozco los tiempos: cuándo parar, cuándo acelerar el ritmo y cuándo ponerse más o menos explicativo.

Y se moja que da gusto. ¿Todo el mundo tiene que posicionarse? 

Yo considero que sí. No es obligatorio, pero, en un momento de tanto ruido, es bueno que la gente que tiene un altavoz comparta alguna idea que pueda hacer reflexionar a alguien. Lo que pasa es que luego escucho a según qué gente hablar y digo: "Pues casi mejor que no hable". O sea, que cuidado. Claro, que aquí dirán: "Solo pueden hablar los que piensan lo mismo que tú, ¿no?". Y yo, si fuera valiente, contestaría: "Pues sí". Ja, ja, ja.

En su libro no deja títere con cabeza. ¿Es tan misántropo como parece? 

Soy muy tierno, pero también muy peleón. Siempre me he meneado entre la ternura y el jaleo. Pero si hay intoxicadores que, además, me parecen unos idiotas, pues ahí estoy yo haciendo una narración explicativa y descriptiva.

¿Hay algún idiota que le caiga bien? 

Sí, los que son buenas personas. Porque existe el idiota que es buena persona y el idiota que es mala persona. La diferencia es que con uno se puede convivir fácilmente y el otro solo intoxica la convivencia general. Yo he sido idiota y buena persona muchísimo tiempo.

¿Y ahora? 

Ahora soy menos idiota. Llevo muchos años esforzándome en aprender más y en tener opiniones asertivas. Yo también he sido un poco un cabeza loca al que le importaba todo entre poco y nada. Pero, al hacerte mayor, entiendes que hay un mínimo de responsabilidad que debes asumir. Porque existe la responsabilidad política, pero también la ciudadana, la de contribuir a que la convivencia sea lo mejor posible. Cuanto más se cultive uno, mejor para todos.

¿Y sigue siendo buena persona? 

Sí, porque es algo en lo que se han esforzado mucho en mi casa.

¿Hemos alcanzado el nivel máximo de estupidez? 

Aún no, porque estamos en un momento en que la estupidez anda desvergonzada, en que el estúpido se muestra sin ningún tipo de pudor: va a la tele un tipo que dice que la Tierra es plana y lo sientan a debatir con un científico. Son tiempos en los que se premia ser idiota.

Dice que hablar está sobrevalorado, pero usted no para.

Así soy de contradictorio. Como considero que tengo razón en la mayoría de las cosas sobre las que hablo, pues me lo permito, aunque suene bastante egocéntrico. Pero sí, hablar está sobrevalorado. Hoy en día cualquiera puede hablar de cualquier cosa, entienda o no entienda de ello. Y se les da el mismo valor a todas las opiniones.

Ha afirmado usted que el gran enemigo del sentido común es el sentimentalismo.

Hay una parte del buenismo que también ha hecho que todo esto se amplifique de mala manera. Ahora, con la tontería de no herir los sentimientos del otro, prácticamente no podemos decirle nada a quien roza la idiotez, y eso nos ha llevado a aceptar un poquito a todo el mundo. El famoso "tú sé como tú quieras ser". Bueno, pues si no eres idiota, mejor. Y no, no hay que aceptarlo todo, porque así nos han ido comiendo las opiniones de la ultraderecha, con eso de confundir la opinión libre con la libertad de expresión.

¿Hay más tontos en el mundo de la política o en el de los 'influencers'? 

A la par. Y no distingo mucho entre unos y otros. Unos tienen poder en el ámbito institucional, pero otros tienen un poder con el pueblo que también es para echarle un ojo.

Es muy fan de Andreu Buenafuente. ¿Le ha llamado ya? 

Todavía no. No sé a qué espera. Calculo que debe de quedar poco, porque ya me ha llamado todo Cristo. No sé por qué hay esta pausa en el tiempo entre él y yo. Ja, ja, ja.

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