Escándalo en la alta sociedad
Las fotos que robaron el alma de Liliane Bettencourt: "A partir de una cierta cifra, las personas descarrilan"
La verdadera y escandalosa historia de la dueña de L'Oréal, que ha inspirado la nueva película de Isabelle Huppert


Actualizado el 18/04/2026 a las 10:03
En algunas tribus aborígenes existe la creencia de que al ser fotografiado, la cámara te roba el alma. Y algo así ocurrió con Liliane Bettencourt, heredera del imperio L'Oréal, al ser retratada por François-Marie Banier en un reportaje para una revista cuyo titular, sacado de las declaraciones de la rica heredera, fue el preámbulo de su vida: "A partir de una cierta cifra, las personas descarrilan".
Aquel reportaje, en 1987, fue el comienzo de una relación que duró veinte años. Entonces él ya era el fotógrafo de la alta sociedad parisina. Un hombre talentoso, directo y cautivador pese a sus malos modales, cuyo ritmo de vida fascinó a una septuagenaria que no soportaba la soledad de su jaula de oro. "Es muy inteligente y no es un hombre corriente. Me presenta a personas muy interesantes y tiene un temperamento extraordinario. En resumen, me lo paso bien con él", dijo del artista francés, al que reclamaba su presencia por fax, el modo en el que se comunicaron a diario durante años, cuando necesitaba "respirar".
La relación no molestaba a su marido, el político André Bettencourt, cuyo vínculo era bastante frío. Al contrario, así tenía a su esposa entretenida con un acompañante que era abiertamente homosexual. "Es obvio que tienes un lado alocado, igual que mi padre", dijo en otro fax al fotógrafo comparándolo con el químico Eugène Schueller, fundador de L'Oréal, al que admiraba con devoción y con el que había desarrollado un lazo muy profundo por la muerte de la madre cuando ella tenía sólo 5 años. Empezó a acompañarle a la fábrica con 15 años, etiquetando botellas de champús para empezar desde abajo en la empresa familiar. Y no solo heredó su legado tras su fallecimiento en 1957, también su talento para el negocio, gracias al que financiaba sin rechistar el alto tren de vida de Banier.
Aconsejada por el artista, compró cuadros y esculturas de elevado coste. Algunas de ellas, como un cuadro de Picasso y otro de Matisse, se los donó a su amigo que, aunque aseguraba que le daba igual el dinero, pedía a los empleados de la señora Bettencourt que se asegurasen que llevase la chequera en el bolso cuando quedaban a comer. Y así, con un cheque tras otro y diversos regalos, acabó donando al artista más de 1.000 millones de euros.
Una generosidad excesiva que tenía de los nervios a la única hija de Liliane, Françoise, a la que Bettencourt nunca profesó mucho cariño. Fuentes de su entorno afirman que no consideraba que su hija fuese suficientemente buena en ningún aspecto, ni física ni intelectualmente. A lo que se sumó que contrajera matrimonio con Jean-Pierre Meyers, el nieto de un rabino asesinado en Auschwitz, lo que preocupaba a Liliane porque no quería que sus nietos tuvieran rasgos judíos como su yerno.
Françoise, pese a querer siempre pasar desapercibida, decidió llevar a Banier a los tribunales cuando su padre falleció, en noviembre de 2007, alegando que se aprovechaba de las capacidades cognitivas mermadas de su progenitora. Lo que no podía imaginar es que la batalla legal por conseguir la tutela de su madre iba a convertirse en lo que se conoció como el Watergate francés en junio de 2010, cuando salieron a la luz 21 horas de grabaciones clandestinas que había llevado a cabo el mayordomo de la anciana durante un año.
Françoise quería terminar con el "depredador" a toda costa, sabiendo que intentaba establecerse como el hijo que Liliane nunca tuvo para cobrar parte de la herencia, pero las grabaciones se realizaban en el despacho de la empresaria, donde el mayordomo dejaba el carrito con las bebidas y la grabadora, cuando las conversaciones con Banier solían tener lugar en otras estancias de la vivienda.
La guerra familiar destapó un escándalo nacional por la evasión fiscal de la mujer más rica del mundo, en la que se vio implicado el presidente Nicolas Sarkozy y uno de sus ministros y ex tesorero, Éric Woerth. Un escándalo sin precedentes con cuentas en paraísos fiscales, cientos de millones en evasión de impuestos, conflicto de intereses, financiación ilegal de partidos, a los que se suma "un desfile de políticos de derecha e izquierda en la casa. Todos venían a por su sobre", destapó la ex contable de la millonaria, que aseguró que "Sarkozy recibía sobres con dinero después de cenar. Era un visitante habitual".
Y es que Liliane mantenía una estrecha relación con Sarkozy desde hacía muchos años, e incluso en una de las grabaciones se refiere al entonces presidente como "su ligue". Fue a él a quien acudió cuando su hija la denunció, una demanda que terminó, tras tres años de disputas, con Françoise como gestora del patrimonio familiar y Liliane Bettencourt bajo tutela de su nieto Jean-Victor Meyers.
La familia de la mujer más rica del mundo sustituyó a los empleados de la anciana, que contaba con veinte solo en su mansión, entre ellos el gestor de la fortuna de Liliane, Patrice de Maistre, que cumplió pena en prisión, y la alejó de su círculo de amistades, con especial énfasis de Banier. El fotógrafo fue condenado en un mediático juicio a dos años y medio de cárcel y a devolver 158 millones de euros por "abuso de debilidad". Un juicio en el que se descubrió que ya se había aprovechado previamente de otra anciana adinerada, Madeleine Castaing, quedándose con gran parte de su riqueza. El 'bon vivant' recurrió y, pese a que se confirmó la condena por "abuso de debilidad" en nuevo juicio, se suspendió la pena de prisión y se canceló la devolución de los regalos.
Sin embargo, Liliane, siempre insistió en que, aunque fueron excesivas, hizo las donaciones a Banier porque ella así lo quiso, no por ser una mujer subyugada. "¿Se arrepentiría de ser demasiado generoso?" dijo a su interlocutor durante una entrevista ofrecida durante la disputa legal con su hija. "Dicen que soy demasiado generosa. ¡Pues lo seré! Yo les digo que se vayan al infierno. Así es la vida, todos podemos equivocarnos, ¿pero ser demasiado generosa es un error?", espetó la polémica heredera, fallecida en 2017 a los 94 años, dejando a su hija Françoise, de la que dijo que no fue fácil amarla, como la heredera del imperio L'Oréal. Y no porque pensase que ella lo valía.
