entrevista | Philippe Delespesse
"La creatividad es una habilidad, no un don, y se puede entrenar"
- Philippe Delespesse es el director y cofundador de Inteligencia Creativa, una consultoría que ayuda a las empresas a desarrollar y sistematizar el pensamiento creativo para ser más innovadoras


Actualizado el 29/09/2015 a las 08:57
Los días 23 y 24 de septiembre Pamplona acogerá la Innovaction Week, un evento que reunirá a una veintena de ponentes de prestigio nacional e internacional para hablar sobre innovación y que contará con la asistencia de más de mil directivos de grandes empresas. Philippe Delespesse, director y cofundador de Inteligencia Creativa, es uno de esos expertos y abordará en una mesa redonda la innovación en las empresas.
Nacido en Bruselas y licenciado en Ciencias Empresariales y MBA por la Solvay Business School por la Université Libre de Bruxelles, Delespesse creó en 2002 su consultoría con el objetivo de ayudar a las empresas a desarrollar y sistematizar el pensamiento creativo para lograr que sean más innovadoras.
¿Qué ámbitos deben mejorar las empresas para ser innovadoras?
Principalmente hay que incidir en dos aspectos: en la parte cultural, en la que hay que cambiar la mentalidad, dar más autonomía a los empleados, tener menos miedo al error y cuidar los prejuicios ante una idea novedosa; y por otro lado, en la parte organizacional, en cómo sistematizar el proceso de innovación, para lo que hay que formar a la plantilla en herramientas creativas, montar un equipo que implante la innovación a nivel estratégico y decidir sobre qué materia hay que innovar. Trabajando en estos dos aspectos la empresa se vuelve más innovadora.
¿Es el pensamiento creativo la base de toda innovación?
Sí pero solo con eso no tienes nada. Para encontrar soluciones a un reto, el primer paso es poner en duda lo que hay, reformular el problema y generar nuevas ideas. Cuando esas ideas se trabajan, se estructuran y aterrizan es cuando se llega al pensamiento creativo. Y, una vez tenemos la solución que queremos implementar, el paso siguiente es crear un proyecto para llevarla a cabo. Eso es la innovación. Si te quedas solo en la parte del pensamiento creativo, tendrás un montón de ideas muy bonitas que no generan valor porque no se implementan. Por eso es importante trabajar ambas cosas.
Entonces, ¿se puede decir que la innovación empieza con una pregunta?
Sí, es uno de los momentos clave de la innovación. Si te haces siempre la misma pregunta las respuestas no serán diferentes e irán en la misma línea. Pero si encuentras nuevas preguntas hallarás otras maneras de atacar el problema e identificarás nuevos caminos por los que enfocar el tema.
¿Cómo se puede fomentar la creatividad en personas con perfil más técnico o que creen que no son capaces de generar ideas?
La creatividad es una habilidad, no es un don, y por tanto se puede entrenar y desarrollar. Pero sin herramientas ni entrenamiento es muy difícil ser creativo. Mucha gente piensa que la creatividad es cosa de profesionales del marketing, la comunicación o la tecnología. Pero la creatividad es simplemente buscar nuevas soluciones. El problema de esas personas es que tienen un bloqueo mental que les hace ver que no son creativos, pero cuando les enseñas herramientas y les dejas desarrollarse evolucionan muy rápidamente y te sorprenden. Un ejemplo de ello es que tenemos un cliente de una empresa de gran consumo en la que el Departamento de Finanzas es mucho más creativo que el de Marketing.
IDEAS DISRUPTIVAS
¿Qué hábitos pueden implantar las empresas para conseguir que sus trabajadores sean más innovadores?
Hay que empezar por aplazar el juicio porque es el principal freno a las ideas disruptivas. A una idea nueva es muy fácil matarla en dos minutos en una reunión. Por definición, una idea que acaba de nacer es muy difícil que sea factible, rentable, legal, alineada con la estrategia… Es demasiado pronto. Antes de dar un juicio sobre ella hay que desarrollarla primero. Otra de las claves disruptivas es gestionar el error en vez de evitarlo. Este es un gran cambio porque en nuestro trabajo siempre intentamos no equivocarnos, pero si estás probando cosas nuevas hay que asumir que muchas no van a funcionar. La única manera de controlar una idea y evitar el error es quitarle todo lo novedoso que tiene y hacerla más clásica. Y eso es lo que mata la innovación. Así que hay que aceptar que vamos a fallar e implantar el error dentro del proceso. Si me equivoco en un proyecto piloto no pasa nada. Se trata de establecer una cultura de piloto y pruebas permanente, para comprobar qué funciona o no y aprender de ello.
Pero todo esto hay que coordinarlo y sistematizar el proceso.
Exacto. L a tercera clave es la organización. Hay que tener un mínimo de procesos, de estrategia, de personas que gestionan la innovación… Y, sobre todo, es necesario tener claro sobre qué queremos innovar porque muchas empresas no lo saben y quieren ser innovadoras en todo. Pero innovar no es un objetivo. La empresa debe detectar dónde la innovación va a aportar más valor y en qué se va a enfocar.
Una vez la innovación ya está implantada, ¿cómo se miden sus resultados?
Hay que ir con mucho cuidado a la hora de medir la innovación porque no todo es rendimiento económico. ¿Cómo cuantificas una mejora en la coordinación entre departamentos? La medición tiene que ser una mezcla de resultados cuantitativos y cualitativos: cuántas personas han participado en un proceso de innovación este año, si hemos generado más ideas que el año pasado… Son elementos que no conllevan un resultado financiero pero son fundamentales para la empresa.