Dos paredes
¿Qué es perder?
Las competiciones individuales, tanto Manomanista como el Cuatro y Medio, no perdonan los malos días. Los ejemplos de Joseba Ezkurdua y de Iker Salaberria en la pasada jornada son el más claro ejemplo


Publicado el 16/10/2024 a las 19:43
Aupa pelotazales
Los vestuarios del Jayan Jai de Lekunberri son pequeñitos, están justo debajo de la grada. A ellos se accece por un estrecho pasillo. El pasado domingo, justo después de que Iñaki Artola eliminase a Joseba Ezkurdia en el recinto de Larraun, el pasillito era un hervidero de gente. El vestuario dos, un cuchitril pequeñito con una ducha, un banco para hacerse los tacos y dos perchas para colgar la ropa, Joseba Ezkurdia había dejado la puerta entreabierta. Después de la derrota estaba sentado, empapado de sudor, con las manos ya sin los tacos y la mirada perdida en ninguna parte. Estaba desencajado. Era la viva, cruda y cruel representación de la derrota.
Contaban sus compañeros de empresa, la gente que se entrena con él a diario, los técnicos, que Joseba Ezkurdia estaba como un tiro. El propio pelotari lo comentó en la elección de material que las sensaciones eran muy buenas. Pero llegó el día del partido, saltaron él y Artola -que venía de una lesión muscular que le tuvo a un paso de la renuncia- y el guipuzcoano se lo comió con patatas. Atenazado por los nervios, precipitado a causa de los errores y presionado por el marcador, las opciones de Ezkurdia iban diluyéndose poco a poco en el Jayan Jai, sin solución de continuidad. El propio pelotari veía cómo su Cuatro y Medio se desangraba sin que supiera ni pudiera parar ni cortar una hemorragia mortal.
"Esto es deporte", resumía el bueno de Iñaki Artola. Lo es, y por eso -por espectacular, por imprevisible, por sorpresivo- la pelota engancha. Eso sí, luego está lo que la gente generalmente no puede ver, y que también es parte necesaria e imprescindible del propio deporte, de la pelota. La derrota, la mirada perdida de después, las lágrimas, el montón de horas de entrenamiento, trabajo y preparación que se van por un sumidero llamado perder; las dudas, la soledad del vestuario, la soledad interior, el darle vueltas a todo y a todos buscando una explicación razonable que alivie el disgusto, la incertitumbre del futuro, el tren de otra oportunidad que lo ves marchar... Perder forma parte de ese todo que es la pelota, el deporte y la propia vida.
Nos vemos en los frontones-