Manomanista 2020

Una final sin hilo musical

El privilegiado centenar de personas acreditadas ayer en la final del Manomanista 2020 no fue suficiente para maquillar un ambiente triste y falto de la magia de las grandes gestas

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Una final sin hilo musicalIñaki Urbina
Una final sin hilo musical

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Iñaki Urbina

Publicado el 30/11/2020 a las 10:59

A sí -“Siento pena por todos los que me apoyan, deberían estar la mayoría aquí disfrutando de un logro increíble”- lamentó el domingo Erik Jaka. El nuevo rey del Manomanista alzó su título de cara a una grada desangelada. Sin la ovación de un campeón. No fue asaltado, ni acorralado, ni tampoco arropado por el bullicio desenfrenado que acostumbra a brotar en el preciso momento que el cartón 22 cierra una final. Nada. Apenas una palmadita en la espalda, un abrazo o un chocar los cinco con alguno de sus compañeros.

Ayer en el Bizkaia no hubo cuadrilla de amigos, ni autobuses fletados por las localidades natales de los pelotaris finalistas. Tampoco camisetas conmemorativas de una cita significativamente única en la carrera de algunos manistas profesionales. Sin público, sin aficionados. A puerta cerrada.

FRÍA ESTAMPA

La final del Manomanista 2020 fue la continuación de la fría estampa de un campeonato huérfano de público en nueve de sus diez jornadas clasificatorias. Únicamente, Darío y Zubizarreta disputaron su eliminatoria de octavos de final con el aforo permitido hasta esa fecha. Ese mismo fin de semana se ponían en marcha las firmes restricciones sanitarias decretadas por la Comunidad Autónoma Vasca, las cuales seguirán aún vigentes hasta el 10 de diciembre.

Como consecuencia de ello, el acceso lateral del frontón Bizkaia fue el reflejo de la serenidad de un domingo de confinamiento en el barrio de Miribilla. El cierre total de la hostelería privó a los alrededores del acotado vizcaíno del jolgorio previo al partido más importante de la temporada manista.

“Me siento un privilegiado por ser una de las pocas personas que pueden disfrutar de una final manomanista de estas características”, comentó Juan Mari Juaristi, Atano XIII, quien presenció el partido como colaborador televisivo del ente público vasco.

MIRADAS INDISCRETAS

65 años después de la última final entre dos pelotaris guipuzcoanos, aquella de 1955 entre Arriarán II y Soroa, Jaka y Altuna III se vieron obligados a colocarse los tacos ante miradas indiscretas, sin la intimidad ni el recogimiento que acostumbran. Un ritual en el que estuvieron acompañados por los ochos pelotaris que completaron el festival de ayer, demás del riojano Darío, tercer clasificado del Manomanista.

Una grada sin público es como “un jardín sin flores”, definió hace unas semanas Cristiano Ronaldo, o como “bailar sin música”, recitó Eduardo Galeano en “El fútbol a sol y sombra”. Poco más de un centenar de personas, en su mayoría medios de comunicación y el extenso equipo de EiTB, fueron testigos selectos de una final insólita.

De esta forma, un puñado de narradores de la frecuencia media, micrófono en mano, impusieron sus voces sobre un ambiente gélido, casi sepulcral. Retransmisiones que no hace mucho tiempo eran aplacadas por las traviesas de los ‘chaquetillas’ y las cerca de 3.000 personas que tienen cabida en el Bizkaia.

SILENCIO ROTO

El eco se convirtió en respuesta a una dejada, a un dos paredes o un pelotazo que zanjaba un tanto crucial; el eco como consuelo a un grito de rabia, al lamento por un error e incluso al descongestionado estallido de alegría. La soledad por encima de todo. Un portazo que abofetea el silencio. Un malogrado insulto brindado al vacío. Un “¡Hostia!”, un “¡Joder!”. Una proclama a lo divino. Un “¡Dios!”. Un apenado “Oooohh”. Pero también un ánimo autorregalado, un estimulante “¡Venga, vamos!”.

Asimismo, el silencio fue roto en ocasiones por un golpe contra la pared izquierda, una pisada sobre la línea de la contracancha o el disparo de los fotógrafos en cada jugada. El 6-2 fue el primer tanto merecedor un tímido aplauso de los allí presentes. Le sucedieron la “delicatessen” de Jaka (15-7), la contradejada al ancho de Altuna III (16-8) y el tanto final.

“Abrazar a tus seres queridos o celebrarlo con el pueblo es lo más bonito de ganar una txapela. Me da pena que Jaka no lo disfrute de esa manera, no sabes cuándo vas a poder disfrutar de nuevo de un título como este”, lamentó Irribarria, que experimentó esa emoción por última vez en 2019.

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