Pelota

Una estocada en la contracancha

La actual crisis sanitaria ha asestado una nueva puñalada a los corredores de apuestas de la LEPM que ven con preocupación la recuperación de una práctica que consideran “el perejil de la salsa”

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Iñaki Urbina

Actualizado el 05/11/2020 a las 06:00

La irrupción de la pandemia en la mano profesional ha dado al traste con el patrón económico de las promotoras que integran la Liga de Empresas de Pelota a Mano (LEPM), ha desbaratado el cuadriculado calendario de campeonatos a los que se aferran los cuadros manistas y, al mismo tiempo, ha acorralado la labor de los corredores de apuestas.

Los ‘chaquetillas’ tampoco han resistido al envite de la covid-19 y han terminado por enviudar del público, de sus fieles apostadores. Las restricciones de movilidad, los controles de aforo y los institucionales mensajes dirigidos a las personas de riesgo han agudizado una crisis de la que muy difícilmente podrán salir indemnes.

“Nos ha afectado enormemente”, comparten algunos de los ocho corredores que actualmente operan en los festivales de Aspe y Baiko. “Antes de la pandemia no había mucho movimiento pero sí bastante más de lo que hay ahora. La poca gente que puede apostar tiene miedo a ir al frontón, se ven más vulnerables”, apuntan.

CRISIS

Hace cuatro años, en marzo de 2016, los rectores de la mano profesional pasaron revista a sus cuentas revelando públicamente que las apuestas habían sufrido un desplome del 90% en los diez años anteriores. Las cifras siguen siendo destructivas.

“Anteriormente, nuestra situación también iba en decadencia debido, principalmente, a un cambio generacional. La gente joven dejó de tener las mismas facilidades y surgieron otros hábitos de vida. Más adelante, del 2000 al 2008, hubo una explosión de alegría por todas partes a raíz de la famosa burbuja inmobiliaria hasta que la crisis económica sacudió fuertemente el frontón. Bajamos a un 70% de lo que trabajábamos”, desglosa Benjamín Lazkano, de 70 años.

Este zizurkildarra celebró sus bodas de oro a pie de contracancha el pasado 13 de septiembre y no oculta su pesimismo respecto a la recuperación de una profesión que desempeña por puro romanticismo. “No concibo un partido profesional sin corredores, tiene que oírse la voz del dinero”, dice. “Somos el perejil de la salsa”. Un engranaje más.

LA PUNTILLA

El Masters CaixaBank sirvió este verano para mantener y “arreglar” la cartera de clientes que nutren las apuestas en la pelota profesional. Los campeonatos oficiales de la LEPM se han convertido en los escenarios donde mejor se mueve el dinero en contraste con los partidos de pan y melón que, por ejemplo, fueron programados durante el mes de octubre como respuesta a la huelga en las filas de Baiko.

En los partidos amistosos no ha habido prácticamente nada de dinero y por teléfono entra esa gente que no va al frontón pero le gusta apostar un poco. Lo complicado es que tienes que buscar un contrario para hacerle la jugada a tu cliente y está difícil casar dos personas desde casa”, cuenta Lazkano.

Al igual que Benjamín, otros compañeros del gremio sostienen que “nos va a costar volver a lo de antes” y hablan de desapego. “Tan pronto una persona se habitúa a ir al frontón, como se desacostumbra; termina por adaptarte a otras rutinas y puede que nosotros ya no recuperemos a ese espectador”, comentan. “Esto, si no es la puntilla, anda cerca”.

Sin embargo, hay quien deja espacio a la esperanza, como el corredor José Luis Landa, quien a sus 62 años, treinta y cuatro de ellos dedicados a las apuestas en la pelota, considera esta coyuntura un bache. “Es cierto que nos ha caído una bien gorda encima pero lo nuestro es una batallita, la verdadera guerra contra el virus está fuera del frontón”, asegura. “Muchos pelotazales se han echado para atrás asustados pero volverán porque hay mucha afición a la pelota”.

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