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MONTAÑA

Zabalza: “Si no subíamos, se moría. ¿Qué íbamos a hacer?”

Habían dado por acabada su expedición y volvían a casa. Pero, entonces, se enteraron de que el italiano Valerio Annovazzi llevaba ya atrapado tres días a 7.100m en el Gasherbrum II. No dudaron. Pese al cansancio, el navarro, Juan Vallejo y Alberto Iñurrategi se lanzaron al rescate. Ayer bajaron todos

Alberto Iñurrategi (izda) habla con el italiano Valerio Annovadazi -de barbas y gorro rojo-  tras llegar ayer de regreso al Base.
Alberto Iñurrategi (izda) habla con el italiano Valerio Annovadazi -de barbas y gorro rojo- tras llegar ayer de regreso al Base.
Arkaitz Saiz / Wopeak
Zabalza, Iñurrategi y Vallejo rescatan a un montañero italiano en el G-II 6 Fotos
Zabalza, Iñurrategi y Vallejo rescatan a un montañero italiano en el G-II
El montañero navarro Mikel Zabalza y sus compañeros Juan Vallejo y Alberto Iñurrategi, que el pasado fin de semana daban por concluido sin éxito su intento de enlazar las cumbre del G-I y G-II, han rescatado al montañero italiano Valerio Annovazzi, que llevaba cuatro días sin poder moverse del Campo 3 del G-II.
ARKAITZ SAIZ / WOPEAK
Actualizada 28/07/2017 a las 11:32

"No hay mejor cumbre que poder salvar una vida. Esta satisfacción no la cambio por nada. Estamos felices, tremendamente satisfechos aunque, físicamente, ya exhaustos, fundidos”. El pamplonés Mikel Zabalza, junto a sus compañeros de cordada Juan Vallejo y Alberto Iñurrategi, protagonizaron ayer todo una gesta alpinística sin pisar ninguna cima. Cuando ya debían haber salido del Base de vuelta a España, el grupo realizaba un rescate para salvar la vida al italiano Valerio Annovazzi, bergamasco de 59 años, después de que éste pasase cuatro días atrapado a 7.100 metros en el Gasherbrum II (8.035m), aquejado de congelaciones y sin apenas comer ni beber al carecer de hornillo para fundir agua.

Si no subíamos nosotros, se moría porque nadie estaba dispuesto a echarle un cable. ¿Qué podíamos hacer?”, se preguntaba el navarro, consciente de que en pocas ocasiones se produce un rescate a esa altura y con tan buen resultado como el de ayer.

Tras descender al Base el pasado viernes al finalizar su intento por unir en una travesía el Gasherbrum I y el Gasherbrum II (que finalmente fue un intento de cima a éste último), la cordada de Wopeak -los tres guías de alta montaña titulados, al margen de experimentadísimos alpinistas- dio por concluida su expedición y comenzó a preparar su regreso. Habían sido cuatro días de esfuerzo, frenados por el tiempo y la situación de la montaña. “Nos hemos vaciado, lo hemos dado todo, pero contra los elementos no se puede luchar”, decía entonces Zabalza, de 47 años.

“COMO UN PAJARICO”

Poco podía imaginar que, al día siguiente, una conversación informal en el Base con un grupo de una expedición comercial iba a derivar en un nuevo ascenso express de la cordada por encima de los 7.000 metros. “¿Qué Valerio se ha quedado allí tras hacer cima? ¿Y qué lleva tres días arriba?... No me lo podía creer cuando nos lo comentaron. Habían dejado tirado a ese hombre, que conocíamos del Base y es majísimo, el día que descendía de cumbre. Además, nos comentaron que, al dejarle, decía cosas inconexas (un síntoma habitual al sufrir un problema de altura)”, recordaba el alpinista navarro. El grupo, pese al desgaste y al esfuerzo acumulado, no se lo pensó. Se preparó y esa misma noche partía por la ruta normal del GII para, en un ascenso del tirón y superando casi 2.000 metros de desnivel en 12 horas, alcanzar el campo de altura donde se encontraba el italiano -que en 2014 subió el Cho Oyu (8.201m) y el año pasado el Manaslu (8.156m)- .

“Nos lo encontramos como un pajarico. En su tienda. Sin fuerzas, deshidratado. Había intentando descender dos o tres veces pero había tenido que volverse a la tienda. Le fallaban las piernas, se le doblaban y se veía incapaz de descender la fuerte pendiente que justo hay al salir de ese campo y en la que no había fijada cuerda”, recordaba el navarro.

Nada más llegar, y al ver la situación, la prioridad del grupo fue fundir agua y dar de beber al italiano. Además, y tras contactar con un médico del Base, le comenzaron a inyectar y administrar medicación. “Gracias al agua y a los chutes de dexametasona logramos que se pusiera en pie. Así, muy poco a poco, ese mismo día logramos bajar al Campo II, turnándonos entre los tres para asegurarle todo el rato ya que estaba muy débil. Al principio no podía ni bajar 50 metros sin parar”, añadía el alpinista que, junto a sus compañeros, fueron descolgando al herido hasta la seguridad de la tienda a 6.450m, superando resaltes y una arista. “No es nada sencillo. Bajar con él por esa ruta sin equipar, con zonas heladas, fuertes pendientes, travesías... la verdad es que bastante bien nos hemos apañado entre los tres”, señalaba. Una tarea que lograron concluir ayer, tras superar pendientes de 60 grados y un agrietado glaciar final, con su llegada al Campo Base.

En paralelo, otro montañero italiano, compañero de Annovadazi, trataba de gestionar un rescate en helicóptero. “Nos cruzamos con él cuando ya bajamos encordados, subía con algún dedo tocado por el frío. Pero, tal como estaba el tiempo de malo, ningún helicóptero iba a poder subir hasta allí con estas condiciones climatológicas, así que seguimos. Al menos pudimos dejar ayer material de Valerio, que cogió él, y bajar con menos peso. Además, conforme íbamos bajando y con la medicación que le seguíamos administrando, veíamos como iba recuperándose aunque iba muy justo”, reconocía Zabalza.

Eso sí, la gesta de la cordada también tiene un lado oscuro del alpinismo que se ha repetido en otras ocasiones -en la que los montañeros son abandonados a su suerte hasta por sus propios compañeros cuando algo se tuerce- y que Zabalza no dudaba en criticar.

“NADIE NOS HA AYUDADO”

“Vale, la mayoría de la gente que estaba en el Base había bajado justo de la cima o de intentarlo, también nos cruzamos con algún grupo que bajaba por la ruta... pero también nosotros acababamos de descender de estar cuatro días en el monte. Todos estábamos cansados pero nadie nos ha ayudado. ¿Qué menos que habernos esperado en el Campo I para los últimos 9 kilómetros? Es una zona ya casi llana pero con muchas grietas y complicada. Todas las manos y toda ayuda hubieran sido bienvenidas. Pero nadie se ofreció. Nadie nos ha ayudado y no lo entiendo”, explicaba el pamplonés, “dolido” por ello y sin ocultar su malestar.

“Tampoco sé si hay muchos en el Base que tengan la capacidad, ya no física, sino técnica de realizar un rescate y un descenso como éste. Hemos tenido que hacer muchísimas maniobras, en zonas delicadas, para poder bajarle. Pero al menos el último tramo... -reconocía-. Ha sido duro, la verdad, pero una vez conseguido y con Valerio, que ha aguantado muy bien dadas las circunstancias ya en el Base, esto es mejor que subir a cualquier cumbre”.

Poco les pesa ahora al grupo el haber tenido que retrasar un día su salida del Base. “Estábamos deseando irnos pero las cosas son como son y me alegro. Cuando llegaron los porteadores con los animales para llevarse nuestro Base, nosotros estábamos allí arriba y nos han tenido que esperar. Es una faena para todos pero, sin duda, ha merecido la pena”, apuntaba Zabalza, inmerso ya, ahora sí, en hacer el petate para iniciar hoy mismo la vuelta a casa.

RESCATADORES Y RESCATADO, EN UNA CENA

“Tiene congelaciones y está afectado, lógicamente, pero bastante bien”. Así explicaba Zabalza el estado de Valerio Annovazzi tras los cuatro días atrapado a 7.100 metros. “Su grupo y él nos han invitado a cenar hoy en su tienda. Seguro que, ahora y viendo como ha resultado todo, es un buen momento para echar unas risas”, indicaba Zabalza. De hecho, los allegados del italiano, de profesión albañil, reconocen que es un hombre “de pocas palabras pero profundamente irónico e ingenioso”.


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