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Hípica

Desescalada 'al paso' en Zolina

El Club Hípico Zolina da los primeros pasos hacia la nueva normalidad después del parón obligado por el confinamiento, en el que Marina Zapata, propietaria del centro, ha sabido mantener el contacto con los alumnos gracias a las redes sociales

Mikel Otxotorena Araiz disfruta de uno de los primeros días en los que se permite montar a caballo a los jinetes federados tras el confinamiento.
Mikel Otxotorena Araiz, profesor de equitación de los niveles de Avanzado, disfruta de uno de los primeros días en los que se permite montar a caballo a los jinetes federados tras el confinamiento.
Iranzu Larrasoaña
  • Iranzu Larrasoaña
Actualizada 27/05/2020 a las 16:44

Al paso, al trote o al galope, lo importante es llegar. Eso lo saben muy bien en el Club Hípico Zolina, que estos días da los primeros pasos hacia la vuelta a la normalidad. Sin prisa pero sin pausa, Marina Zapaza Gutiérrez, que lleva 18 años fomentando la afición del los jinetes navarros de todas las edades, trabaja a diario para que sus alumnos puedan disfrutar con toda seguridad de un deporte en el que “la distancia de seguridad está asegurada”. No son tiempos fáciles para la propietaria del centro ecuestre, pero asegura que es “optimista por necesidad”. En realidad, tiene razones para serlo y es que durante el confinamiento ha sabido mantener el contacto con los actuales alumnos, también con los que un día lo fueron, y con los propietarios que tienen caballos en sus instalaciones gracias a las redes sociales.

Todo comenzó haciendo limpieza en casa, una actividad muy socorrida durante esos días en los que, en vez de salir a pasear a las ocho de la tarde, se aplaudía desde los balcones. “Encontré una caja con discos viejos llenos de fotografías y vídeos antiguos”, recordaba el viernes 8 de abril subida a su caballo en la pista exterior. A pesar de que el avance de las tecnologías impidió que pudiera abrir los vídeos en el ordenador, las fotos estaban ahí. También decenas de alumnos que preguntaban por sus caballos favoritos y cuándo podrían volver a verlos. “Yo ya soy mayor para instagram y esas cosas, pero me he puesto las pilas y he aprendido a hacer directos para que los pudieran ver todos los días un ratito”, comentaba entre risas. Además, todas las semanas proponía algún reto virtual a sus alumnos y compartía esas fotos antiguas que tantos recuerdos han removido durante el confinamiento. “Esto es un centro muy pequeño y muy familiar. Todos nos conocemos y nos echamos de menos”, aseguraba mientras deseaba volver a ver muy pronto a todos preparando sus caballos en las cuadras o montando en las pistas.

TIEMPOS DIFÍCILES

La Escuela de Equitación Zolina cuenta con cerca de 100 alumnos, repartidos en todos los niveles de aprendizaje, 20 caballos de escuela y otros tantos de particulares. Durante el confinamiento, antes de la desescalada, el jolgorio del día a día dio paso en la hípica a un silencio roto por el relinchar de los caballos que quedaron estabulados. “Los de la escuela los he llevado al campo y están muy bien”, aseguraba la profesora, que bromeaba diciendo que los equinos “disfrutaban de sus vacaciones”.

Sin embargo, la veintena de caballos particulares ha permanecido en las instalaciones todos los días. “Lo han pasado bastante mal porque son atletas y el cambio de ritmo les ha afectado”, comentaba mientras señalaba que muchos de los animales han perdido masa muscular. “Los sacábamos a diario, pero media hora, que es menos tiempo del que están acostumbrados”, recordaba. “Creo que, estos días de confinamiento, el bienestar de los caballos de deporte no se ha tenido en cuenta”, lamentaba.

La normativa, antes de entrar en la fase 0 de la desescalada, marcaba que los centros ecuestres en los que hubiera personal suficiente, debían encargarse del mantenimiento de los animales. “Los caballos comen igual y hay que limpiarlos igual que antes, así que el hemos estado viniendo todos los días el personal al completo, salvo la profesora de equitación. Solo impartía clases y ha entrado en ERTE”, explicaba.

Hasta ese día no había recibido ningún ingreso en la escuela desde el 14 de marzo, pero había seguido invirtiendo para mantener a los animales. “Es complicado calcular la cantidad porque cada caballo tiene sus propias necesidades. Pero el pupilaje de cada uno de ellos suele rondar los 300 euros al mes”, hacía cálculos. En su caso, esta cifra habría que multiplicarla por los 20 equinos de la escuela que descansaban esos días en el campo. “A los propietarios les hemos cobrado una cantidad muy simbólica por sacar a sus caballos de la cuadra”, señalaba mientras explicaba que “en el fondo no tenían otra opción que aceptar el servicio” y por eso no les habían cobrado más. A todo esto hay que sumarle que Zapata no ha recibido más ayudas que la del ERTE de la profesora. “Al hacerme cargo de los caballos de los propietarios, se entiende que estoy trabajando y no me corresponden”, lamentaba, pero sonría poco después porque aseguraba que quiere mantenerse optimista.

En los últimos años, Navarra ha sido testigo del aumento de la afición a la hípica. Por esa razón, Zapata espera que, poco a poco, los alumnos vuelvan a llenar los centros de enseñanza ecuestre de la Comunidad foral. “Va a ser una de las pocas actividades que van a estar permitidas, así que hay que animar a todo el mundo a venir a montar a caballo”, comentaba positiva mientras añadía que es “sano, hay medidas de seguridad y la distancia de seguridad esta garantizada porque, entre caballo y caballo, siempre hay más de dos metros”.

NUEVA NORMALIDAD

Al entrar por la puerta de entrada a las instalaciones nada parece indicar que nos encontremos en mitad de una pandemia mundial. Sin embargo, junto a la verja verde que separa el bar de las pistas y cuadras, una mesa con gel hidroalcohólico y desinfectante deja claro que la normalidad tardará en volver a la Escuela de Equitación Zolina y, también, al resto del planeta. Es viernes 8 de mayo y en la pista exterior Mikel Otxotorena Araiz y Myriam Ayerra Ancín cabalgan sobre sus caballos mientras tratan de que los animales vuelvan a ponerse en forma con diferentes ejercicios de Doma Clásica. Es uno de los primeros días que pueden subirse a sus monturas puesto que, aunque la normativa de la fase 0 de la desescalada, que entró en vigor el sábado 2 de mayo, permitían montar a jinetes federados, en estas instalaciones volvieron a las pistas el martes 5 de mayo porque había que poner todo a punto.

A pesar de la vuelta a la actividad, la hípica sigue vacía y se echa en falta el ambiente del que disfrutaba dos meses atrás. No tardará en volver. Mientras los jinetes trabajan en la pista, Marina Zapata prepara la vuelta de sus alumnos con ilusión. “Aunque la mayoría están federados, he preferido esperar porque en la fase 0 no se me permite dar clase”, explica. Remarca que ha adoptado esa decisión por seguridad. “Este deporte tiene sus riesgos y no me parece bien dejar a los alumnos solos en la pista con el caballo”.

Con la entrada de la fase 1 el lunes 11 de mayo, la profesora volvía a dar las clases de forma individual. “Muchos me han llamado ya para concertar una clase”, comentaba el fin de semana anterior en una de sus incursiones en Instagram, una red social que le ha ayudado a mantener el contacto con sus alumnos, esos mismos a los que no quiere dejar en la estacada durante estos momentos difíciles.

Aunque la mayoría ya le han confirmado que continuarán las clases, un par de familias le comunicaron que no podían seguir formando parte de la actividad por motivos económicos motivados por el confinamiento. “Les he pedido que sigan viniendo porque quiero ver a todos mis alumnos de vuelta”, comentaba emocionada. “Mientras no tenga que cerrar, tener tres o cuatro caballos en una clase me da lo mismo”, ponía su granito de solidaridad.

Caballos contra la ansiedad y la depresión gracias a Equiten

“Muchos de los síntomas de ansiedad y depresión de nuestros pacientes se han acentuado por el confinamiento”, comentaba el viernes 8 de abril Belén Jaurrieta Mutiloa, psicóloga y amante de los caballos, que dirige este centro de psicoterapia asistida con caballos. Era su primera semana de vuelta al trabajo y, aunque aseguraba que todavía es pronto para medir las consecuencias de la crisis sanitaria a nivel psicológico, reconocía que había empezado a verlas. “Todavía no he atendido a ningún paciente nuevo, pero sí que he notado un agravamiento de los síntomas de los que ya tenía”, explicaba.

Después de toda una vida alrededor de los equinos, hace cuatro años Jaurrieta decidió unir sus dos pasiones, la psicología y los caballos. Desde entonces, dirige este centro que hace año y medio se instaló en la hípica de Zolina. Aunque coincide en que se puede denominar a su metodología como equinoterapia, remarca que no se trata de una actividad exclusiva para personas con discapacidad. De hecho, puede participar en ella cualquier adulto o niño que lo necesite. “Somos como una consulta de psicología tradicional, solo que integramos al caballo como una elemento facilitador para la terapia”, destacaba mientras señalaba que, desde Equiten, ayudan a “personas que vienen con diferentes necesidades emocionales y psicológicas” para buscar soluciones.

Jaurrieta destacaba que uno de los principales beneficios que tiene esta terapia es que el animal constituye una motivación extra para que el paciente acuda a las sesiones. “Favorece la apertura emocional y, por ello, conseguimos trabajar ciertos aspectos a los que de otra forma no tendríamos acceso”, detallaba. Además, el movimiento del caballo sirve de estimulación física y neurológica para el cuerpo humano. Para conseguir estos resultados, trabajan con animales preparados para la terapia. “Es necesario que el caballo que utilicemos sea de carácter muy noble, esté sano a nivel físico y tenga un torso ancho que facilite la realización de los ejercicios”, describía las características principales de los equinos que se seleccionan.

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