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Osasuna
EL FOROFILLO

This is El Sadar

No hay quién pueda, no hay quien pueda, en El Sadar, hasta en Primera...

El Forofillo Fran Pérez

El Forofillo, Fran Pérez.

JESÚS CASO
Actualizada 27/10/2019 a las 23:52
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En el año 1884 se abrían las puertas del mítico estadio del Liverpool, Anfield, feudo de uno de los clubes de fútbol con más solera del mundo y en cuyas instalaciones, concretamente en el túnel de vestuario que da acceso al terreno de juego, hay un cartel que reza la máxima "This is Anfield", que para los que como el que suscribe tiene que tirar de traductor, viene a decir "Esto es Anfield". El lema cumple un doble propósito. Por un lado, intimidar al visitante, anunciándole que entra en un lugar cuasi sagrado en el orbe futbolístico. Por otro, todo jugador local que toca el cartel dicen que sale con fortuna. 

Supersticiones o no, el caso es que la tradición, de la mano del "You'll never walk alone" (Nunca caminarás solo), himno de la hinchada del Liverpool demostrando el amor a sus colores y a su equipo, es uno de los aspectos que más dicen de un club., Sus tradiciones y costumbres, su historia, sus logros, su estadio, su equipo, su afición... Y Osasuna, algo que sabemos todos, nunca va a caminar sólo en el estadio de El Sadar. A los hechos (y números) me remito.

Victoria contra el Valencia. Ojo, que con la tontería de igualar la racha de hace más de medio siglo de imbatibilidad en nuestro feudo, con la misma alguno se ha olvidado de que los chés son equipo Champiñons. Y que tienen un plantel de campanillas, con unos futbolistas internacionales, con jugones como Gameiro, Garay, Parejo, Cheryshev, Gayá... Así que más mérito si cabe al encuentro porque, además de no perder, se ganó. Tres puntos que nos llevan a los 14 y que, en 10 jornadas, pese a tener solo 5 de colchón con el descenso, dice mucho del proyecto rojillo en el regreso a la máxima categoría.

3-1, pudieron ser más. Osasuna disparó sobre el marco de Domenech, sustituto en la meta valencianista de Cillessen, que se había caído de la convocatoria pocas horas antes por vaya usted a saber qué tipo de molestias, más de 30 veces. Y si el partido termina 5-1, nadie se extraña. Porque el choque que cerraba la jornada Messi (10) de LaLiga lo tuvo todo. Arranque rojillo de los que nos pone berracos, gol rival con mal sabor de boca, expulsión de un rival a la media hora y una hora de dominio machacón, abusivo, incontestable de los nuestros con dos chicharros más.

Osasuna saltó con variaciones en el once, vayan a saber si es por la semanita de 9 puntos que se avecina (Valencia-Mallorca-Alavés) o porque la conjunción astral lo marcó así y es lo que dijo el bueno de Jagoba. Brasanac le ganaba a Moncayola la partida en el once a la hora de ocupar la vacante dejada por Mérida. Defensa con Navas en vez del lesionado Roncaglia, pese a que David podría haber forzado y estaba en el banco a la espera. Y el resto, poca novedad. Si acaso Adrián que volvía a aparecer por el perfil izquierdo del ataque rojillo.

Celades también variaba. Pese a la ausencia obligada de Kang Lee, que hacía de Mérida en las filas chés, el técnico dejaba a Jaume Costa y a Maxi Gómez en el banquillo, apostando por el recuperado Rodrigo y con la compañía del galo Gameiro en ataque. Con este panorama arrancaba el encuentro dirigido por un pitolari, Jaime Latre, que venía bajo la lupa del conjunto levantino ya que no tenía muchos amigos en sus filas, entre elos Parejo al que alguna le había hecho en el pasado.

Arrancaba el choque. Osasuna salía con el machete entre los dientes, la lanza en una mano y la recortada en la otra. La grada, como siempre. Sobra hablar de una afición que basta mirarla para saber qué siente, y eso lo transmite al verde. Los rojillos intentaban una, otra y una tercera vez, encontrándose a un Domenech que hacía olvidar la ausencia de Cillessen. Inspirado el meta que aguantaba él solito a su equipo. Y eso permitió que en la primera, y casi única, salida valencianista al ataque un mal intento de recorte al suelo de Navas sobre línea de fondo dejara a Gameiro pista para poner el cuero tenso y que Rodrigo, el internacional, nos mojara la oreja. 0-1. Macagüenlamásp...

El siguiente cuarto de hora se resume en tres ideas. Pudo aumentar el Valencia la renta, pero el gol de Cheryshev se anuló por fuera de juego que existía. Brasanac salió a engrasar la maquinaria rojilla, empezando a dar una clase magistral de saber llevar un equipo. Rodrigo perdió los papeles por un calentón y el plato de codillo que le dejó a Estupiñán en la cara condicionó lo que quedaba de choque. Y era una hora, oigan. ¿Era roja? El VAR no la anuló. Puede que sí, puede que no...

El caso es que los rojillos volvieron (o siguieron), a lo suyo, sabedores de que a los visitantes se les podía hacer muy largo el partido. En ese estirar el juego a las bandas, un centro desde la derecha de Pervis lo cabeceó de aquella manera Adrián. Domenech, que vio que el cuero se envenenaba, lo rechazó a un lado. Llegó Rubén, templó y Oier, colgándose del marcador, cabeceó el empate.Y pudieron llegar más antes del descanso, pero Domenech y la falta de puntería lo evitaron.

Hay partidos en los que no es necesaria la charla en el descanso. Y este fue uno de ellos. No hacía falta decirles nada a los de rojo, y se veía en sus caras cuando regresaron al campo. Ansiosos por conseguir el segundo gol, pero ordenados y cerebrales. Frozen mind, amiguitos. Y como la gota china, el pico pala, pico pala, pico pala de los de Arrasate encontró su premio en el minuto 3 del segundo tiempo. El guante de Arre la puso, cabezazo de Rubén García en el segundo palo tras ganarle el pulso, de manera legal, a su par. Faena hecha.

Y es cierto, la faena estaba hecha, pero querían más. No por hacer sangre del rival caído, que también. Sino porque este equipo es lo que tiene. No quiere agobios finales, no quiere llegar a la recta final con diferencia mínima que permita que, en un error, una desconcentración, una pifia, te tire al retrete el trabajo hecho. Por eso se atacaba. Por esos volaban las bandas, los centros al cogollo, aumentaba el trabajo para el meta rival, para los centrales, secando intentonas al ataque. Y eso que la salida de Maxi pareció dar oxígeno a los de blanco. Pero nada.

Espejismo total. Porque un centro de Lillo desde la diestra permitió a Estupiñán cazar un cuero suelto, tras manotazo de Domenech, y colocarlo con la que se supone es su pierna mala en la escuadra de la meta rival. 3-1. Y curiosamente, los tres goles rojillos llegaron con centros desde el lado derecho del ataque rojillo, izquierdo de la zaga valencianista. No es curiosidad, aunque sí casualidad, ya que los ataques de los nuestros llegaron por ambos lados por igual.

Se ha hecho historia. Se ha igualado la racha de imbatibilidad en casa, en nuestro feudo. Ahora hay que viajar a Mallorca, a tratar de mojarle la oreja a uno de los recién ascendidos que ya ganó al Real Madrid hace dos jornadas. Yo solo diré una cosa. El pasado año perdimos en Granada 2-0, y este hemos perdido 1-0. En Mallorca, la primera jornada de la competición del pasado año, perdimos 1-0, así que con la misma sacamos puntos en las islas. Mientras tanto, aquí en Pamplona, a ver si me coge alguien el teléfono en el club para ir encargando una plaquita para el túnel de salida al campo. ¿Cómo era? Ah, sí. "This is El Sadar"...

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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