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Osasuna
EL FOROFILLO

De enchufables a enchufados

Me sumo a las protestas mundiales para salvar el planeta, con menos diésel y más eléctricos

El Forofillo Fran Pérez

El Forofillo, Fran Pérez.

JESÚS CASO
Actualizada 29/09/2019 a las 21:02
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Hay veces que me abruma una sensación de Día de la Marmota total nada más acabar el encuentre de los rojis, se me queda un cuerpo que, amén de las limitaciones y colgajos que empiezan a asomar en partes que no conocía que podían fofear tanto con el paso de los años, me sabe a azúcar y a vinagre, agridulce que decía en otra entrada reciente ya que es cierto que podían haber sumado más que un punto en Levante. Es la séptima jornada, cinco empates, una de cal y otra de arena. Ocho puntos. Ocurre esto cuando pasas de ser un equipo enchufable a ser un conjunto enchufado.

La dinamo rojilla se llama Moncayola. El chavalín tuvo que salir en la reanudación para dar empaque y cohesión a un equipo que en la primera parte era enchufable total, como si se tratara de un cargador universal al que se acoplan todos los dispositivos habidos y por haber, gorroneando tu labor y minusvalorando la medida de lo que podrías dar. Ese era Osasuna, que para el minuto 5 ya perdía en el Ciutat de Levante gracias a la autopista de Pervis y al mal repliegue.

Enchufables porque nos enchufaban por todas partes. Hernani parecía Cristiano, Morales parecía Messi, Roger parecía Benzemá. La dupla Radoja-Campaña taponaba a un Fran Mérida que se desgañitaba bajando al centro de la defensa para tratar de subir un cuero que se le hacía de cemento. El Levante estaba enchufado, Osasuna era cien por cien enchufable. Y gracias al VAR no encajamos más goles, ya que el vídeo anuló un tanto de Roger tras fuera de juego previo, que lo era. Por un pelo, por medio pelo, pero para eso está el sistema.

No carburaban los rojillos, a una marcha diésel y erráticos en todas y cada una de las decisiones. Sólo Aridane mantenía a los de Jagoba vivos, y es que el majorero se está destapando como el centralazo que era cuando lo fichamos. Poderoso por arriba, rápido al corte, peleón en la puja con los rivales. Entre él y Rubén los rojillos se retiraron al vestuario con el poste del inicio que podía haber dado demasiado premio. El Levante nos superó en el primer tiempo claramente.

De enchufables a enchufados. Los rojillos saltaron al verde con Moncayola por Mérida. La charla de Jagoba pareció surtir efecto y Osasuna empezaba a ponerse on fire, a estar tenso, concentrado, a ser ese equipo intenso que en la presión va minando la seguridad del equipo local y empieza a tener ocasiones. Con Estupiñán de menos a más, con Torres colocando centros, con los delanteros haciendo daño, con Adrián desbordando por la izquierda.

El estar enchufado es lo que te permite. Que recibes un balón pegado a la derecha, en campo contrario. Te giras, levantas la cabeza y ves que un compi corre por el centro. Esa derecha de oro de Arre manda un misil que pincha Rubén García en un campo en el que ha hecho muchos kilómetros. Un rechace de suerte y una puntera parta alojar el empate en la meta rival. Sin celebraciones, pero celebrándolo por estos lares como locos.

Enchufados, eléctricos, como esa salida a la aventura del Chimy, solo contra el mundo, propiciando la segunda amarilla de un bipolar Hernani. Jugamos contra diez los últimos 20 minutos. Oportunidad de oro para meter en el zurrón esa segunda victoria que podría haber sido el merecido homenaje para Fermín Zariquiegui y para Javier Martínez de Zúñiga. Y pudo llegar. Pudo.

Pero al final, entre que los blaugranas no querían perder y nosotros nos apuntamos al punto ser punto, la cosa se quedó en tablas. Pese a la de Nacho Vidal en el área rival, pese a las intentonas de nuestro Comandante desde la lejanía. Pese a que hicimos una primera parte para pegarnos en la cara con un calcetín sudado. Porque con la segunda que se hizo, podrían haber vuelto a Pamplona con 10 puntos. Nos quedamos con 8.

Ahora el Villarreal. En una jornada melómana en Pamplona, con conciertos de Amaia Romero, Manu Carrasco y, esperemos, el conjunto levantino del submarino amarillo, a ver si canta en El Sadar. Hay que ganar. No es perentorio, vital ni urgente, pero si se consigue sacar esa victoria ansiada antes del parón, la vida la veremos de otro color. La vida será bonita, maravillosa, esperanzadora. La vida será del color que pintaban los ojos de esos dos grandes periodistas, compañero y maestro, que nos han dejado recientemente. La vida será como debe ser, rojilla...

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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