OSASUNA 1 - VALENCIA 0
Alivio a tiempo para Osasuna ante el Valencia
- Recital de contención osasunista para impedir la caída al precipicio y que el Valencia pusiera en acción a su artillería
Actualizado el 02/05/2011 a las 03:21
La angustia de un nuevo fin de semana contrario de transistores se tornó en una bocanada de alivio cuando el disparo de Cejudo cambió de trayectoria tras pegar en Stankevicius y descolocar a Guaita. En esas décimas de segundo que transcurrieron desde que el cuero golpeó en la espalda del lituano hasta que besó las mallas, un golpe de fortuna a tiempo, se dio un fuerte volantazo a la dinámica que estaba cogiendo el discurrir clasificatorio. El Reyno empujó ese balón para que fuera a gol. Puso todo de su parte, más si cabe cuando vio que los once que vestían de rojo se estaban dejando el alma. Estaba en juego una gran parte de las opciones de seguir en Primera División.
Marcó Osasuna, y su defensa a ultranza del marcador durante resultó heroica. Ayer que quemaba la parte donde termina la espalda, se aprendió la lección del día del Athletic. El equipo de Mendilibar afiló el cuchillo para ofrecer un recital de contención. Su manual sin balón no dejó maniobrar nunca a un Valencia por debajo varios escalones en actitud. Osasuna siempre pudo con esos grandes jugadores que posee el equipo ché de medio campo hacia adelante. Lo cierto es que Ricardo se marchó del partido sin hacer una parada. El sistema defensivo funcionó desde Kike Sola, un auténtico gladiador. El de Cascante no generó peligro en el área, pero sí generó auténtico pánico en la defensa valencianista. Mordió y sujetó al equipo, al igual que Camuñas y Cejudo. Esa presión facilitó la labor de los de atrás, perfectos en el orden para frenar a Mata, Joaquín y Soldado.
El efecto Camuñas
A estas alturas de la Liga, quedó demostrado que se corre más cuando te juegas el pellejo en la categoría que cuando vas tercero con más o menos ventaja. A Osasuna no le quedaba ningún resquicio de colchón. Dio la cara siempre, sin evitar ese sufrimiento final interminable al que tanto está acostumbrado al Reyno de Navarra. Los navarros ya se encuentran fuera del descenso.
Mendilibar sorprendió a todos con la inclusión de Calleja en el once. Su apuesta fue calcada a la de su estreno en Osasuna contra el Espanyol. Camuñas fue el enganche, y su continua presencia abrió muchas puertas en la elaboración del juego. Comenzó el equipo a tirar centros y córners desde el pitido inicial. En el primero de los siete saques de esquina que hubo en el área de Graderío Sur, Lolo conectó un cabezazo al que respondió Guaita con una felina y estética estirada. El meta fue el mejor del Valencia. Después sacó con el pie un mano a mano de Camuñas en una gran jugada individual del madrileño. Todo ocurrió en los diez minutos del arranque.
A Osasuna le costó mantener la fuerte intensidad. Atacó más y mejor por el flanco derecho de Cejudo, que buscó las cosquillas a Mathieu. El Valencia no ofreció sensación de peligro. Se limitó a tocar muy lejos de Ricardo, sin profundidad ni aires de equipo superior como lo demuestran sus salarios. Soldado, que pisó hierba emocionalmente conocida, jugó sin balas en la pistola.
El golpe de fortuna, o también denominado premio al derroche sin límites, germinó cuando restaba media hora de juego. En plena segunda parte, en un instante de incertidumbre, el partido tomó el camino deseado. Cejudo se abrió paso de la derecha al centro y cuando se acomodó en la frontal del área, soltó un zurdazo que casi milagrosamente terminó en gol por el rebote. Esa voluntad navarra impidió que hoy lunes se estuviera hablando de una permanencia más que difícil.
Correr hasta el final
El mejor Osasuna se vio en ese tramo final. Cada futbolista se exprimió al máximo. Ejemplar fue la actitud con la que Damiá saltó al terreno de juego por Calleja, que cedió su zona al autor del gol. Nekounam ejerció de ancla del equipo con sus recuperaciones. Hubo que echarle además dosis de oficio. Con Ricardo, Sergio, Puñal y Soriano en el campo (Josetxo fue el quinto defensa en el descuento), era difícil que se escaparan los puntos. Así sucedió pese a la angustia que reinó en la grada cuando el Valencia adelantó sus líneas, con Aduriz, Ever y Pablo como hombres de refresco. El conjunto de Emery fracasó en el intento. Tan sólo Miguel puso algunas pinceladas de peligro cuando vio camino por la banda. Lo cierto es que el Valencia sólo puso un nudo en la garganta con un disparo de Mata, el más inquieto de todos los visitantes, que se marchó fuera del arco de Ricardo en el minuto 78. La victoria ya estaba en el zurrón. Un alivio.