Exrojillo

Pepe Mel, el delantero que pasó por Osasuna sin llegar a debutar

El exdelantero rojillo, ingresado en la UCI tras sufrir un ictus, llegó a Pamplona en 1987 procedente del Castilla, pero una lesión y la competencia en ataque le impidieron debutar con Osasuna

Pepe Mel
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Pepe Mel, rodeado de niños en Tajonar en su etapa como jugador de OsasunaARCHIVO
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Javier IborraIñaki Lorda

Publicado el 03/11/2026 a las 05:00

El ingreso hospitalario de Pepe Mel tras sufrir un ictus ha devuelto a la actualidad la figura de uno de los entrenadores más reconocidos del fútbol español. Antes de sus ascensos con el Betis y de una larga trayectoria en los banquillos, el madrileño tuvo una breve y olvidada etapa en Osasuna, un paso que terminó sin llegar a disputar un solo partido oficial.

Mel fue presentado el 27 de julio de 1987 en Tajonar junto a otro futbolista madrileño, Pepín. Llegaba libre procedente del Castilla, con 24 años y el aval de haberse proclamado años antes máximo goleador de Segunda B. El delantero aseguró entonces que había rechazado ofertas de otros clubes para fichar por Osasuna y se mostró convencido de que podía hacerse un hueco en un equipo que acababa de consolidarse en Primera División.

La realidad fue muy distinta. Desde el primer momento se encontró con una fuerte competencia en ataque, con jugadores como Robinson, Enrique Martín o Goikoetxea, y una lesión en las primeras semanas de temporada complicó todavía más su situación. Aunque llegó a entrar en alguna convocatoria de Pedro Mari Zabalza, nunca debutó con la camiseta rojilla en competición oficial.

Su etapa en Pamplona apenas duró unos meses. En diciembre de aquel mismo año, el Castellón llamó a su puerta y el jugador decidió marcharse en busca de minutos. Lo hizo con la sensación de no haber tenido la oportunidad de demostrar su nivel.

"Me han tratado fenomenal, pero no me han dejado demostrar si valgo o no para Osasuna. Tengo un poco de frustración. Venía con todas las ilusiones del mundo, pero el técnico ha contado con otros jugadores", explicó entonces el futbolista antes de abandonar el club.

Zabalza, por su parte, destacó su comportamiento durante aquellos meses, aunque reconoció que no había encontrado un sitio en el equipo. Su salida tuvo además una consecuencia indirecta para el futuro rojillo, ya que abrió la puerta al ascenso al primer equipo de un joven José Ángel Ciganda, que empezaba a despuntar en el Promesas.

Lo que parecía un fracaso deportivo acabó siendo un simple contratiempo en una carrera mucho más larga. Tras dejar Pamplona, Mel relanzó su trayectoria en el Castellón, donde fue el máximo goleador de Segunda División en la temporada 1988-89 y participó en el ascenso del conjunto levantino. Aquella explosión le abrió después las puertas del Betis, el club con el que alcanzó la mayor notoriedad como jugador y al que años más tarde también devolvería a Primera como entrenador.

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