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Al parón con emoción

Victoria, 37 puntazos, a uno de Europa y con la permanencia casi lograda

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Fran Pérez

Publicado el 21/03/2026 a las 20:51

Que iba la cosa de clínic de Víctor Muñoz, el seleccionado por De la Fuente para el parón de selecciones, lección de ocasiones de todos los colores, gustos, posiciones y disparos (eso sí, abortados todos y cada uno de ellos por Paulo Gazzaniga) con velocidad, desborde, internada, verticalidad y todo un manual del velocista completo cuando apareció por allí uno que no daba pie con bola, que se tiraba en exceso, que lo poco que tenía lo fallaba clamorosamente y se llevó el MVP (Most Valuable Player le dicen con anglosajones). Pero siempre se ha dicho que, en esto del fútbol, el gol se paga. Y el que los marca va de jefe. ¡Ay barón, qué emoción!

Porque Ante Budimir es lo que tiene. Como comentábamos el amigo Pitxorronga y el que suscribe, puede estar haciendo un partido soez, grosero, malo de narices o como se menciona en el argot callejero "putapénico" que en cuanto le llega una lavadora, sea de la marca que sea, mete la cabeza y te anota un chicharro. Y levanta a la grada. Y pone justicia en el marcador y, alegría gorda, te sube los dígitos acumulados a los 37 en la jornada 29, con nueve por delante. ¡Ay barón, qué emoción!

Emoción con la que comenzó la tarde, con ese Osasuna a puñal, con el cuchillo entre los dientes y a ver de qué color tiene los ojos el meta rival. Azules, muy cuco él, que se encargó de dejarnos los nuestros bien abiertos tras despejar una y otra vez, casi hasta la nausea, las oportunidades rojillas. El pelirrojo de Víctor seguro que va a soñar con el meta argentino. Le saca tres en el primer tiempo de matrícula de honor. Por abajo, a la cepa donde pastan las vacas, esquinadas y que olía a gol. A nada que llega a estar acertado nos vamos al descanso con un chandrío gordo para los de Míchel. La cosa está que arde. ¡Ay barón, qué emoción!

Y en la segunda parte, con el Girona rehecho, con Ounahi (jugadorazo) retomando el mando en la sala de máquinas y estirándose a ver de qué color tiene los ojos Sergio Herrera. Aunque poco se le vio al de Miranda de Ebro, poco trabajo tuvo, pocas ocasiones concedieron unos Boyomo, Catena y compañía imperiales que tejieron un partido de nota alta. Aunque se bajaba el caudal ofensivo del primer tiempo, y la tensión rebajaba unos decibelios, pese a que se acercaba la parte final del partido. ¡Ay barón, qué emoción!

A diez minutos del final, contra un rival que había aguantado todo lo impensable, pertrechado en la límpida mirada de su cancerbero, llega un balón a unos metros de la frontal del área rojilla que se lleva Víctor Muñoz. Un sutil autopase y una cruzada del centro del campo a la izquierda del ataque, un pase raso de apertura a Kike Barja, siempre en su banda, caracoleo, media bicicleta, retrasado el balón y un centro que entra en el área silbando una melodía de Mozart. Y aparece la testa del Cisne, la cabeza del croata, para rozar lo justo y alojar el esférico en la portería contraria. Esta vez Gazzaniga no pudo hacer nada. ¡Ay barón, qué emoción!

Explosión en la grada, en el banquillo, en toda la tierra foral que veía cómo ni los seis minutos de prórroga decretados por el enésimo trencilla que pitaba nuestras manos pero no las suyas daba de prolongación. Con una salida a la contra que no aprovechó Raúl García de Haro para hacer su golito, merecido, pero cuyo mano a mano se lo abortó, quién si no, Gazzaniga. ¿Les quedaría una última a ellos para hacernos daño? ¡Ay barón, qué emoción!

No hubo emoción. Hubo pitido final, celebración rojilla, descanso ganado con 37 puntos y la permanencia a nada y menos. Hubo soflama de Budimir dando miel a los gerifaltes, que si Braulio para aquí, Cata para allá, La Famiglia, ya saben. Ojo, que mientras la pelotita siga entrando, todo miel sobre hojuelas y todo alegría, fiesta, diversión. Y que siga siendo así, que lo de sufrir, pese a que estamos acostumbrados, no mola mucho. Preferimos que la emoción se quede en el cine, sea para el conde, el duque o el barón...

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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