Opinión

El vértigo de empezar

Alessio Lisci, técnico de Osasuna, sigue la sesión del pasado viernes
AmpliarAmpliar
Alessio Lisci, técnico de Osasuna, sigue la sesión del pasado viernes
Alessio Lisci, técnico de Osasuna, sigue la sesión del pasado viernes

CerrarCerrar

Javier Belloso Ezcurra

Actualizado el 02/08/2025 a las 10:45

Empezar la temporada con un equipo nuevo se parece a impartir una asignatura nueva a un grupo de estudiantes desconocidos. No sabes quién es quién, cómo van a reaccionar, qué va a funcionar y qué no. Hay expresiones que con unos funcionan y a otros no les hacen ni cosquillas, y no sabes por qué. Incluso sabes que sabes, pero justo al empezar parece que todo se olvida. Y cuando te pierdes y no sabes qué viene a continuación, te quedas sin referencias. Nada te prepara para ese momento en que entras en el aula o va a empezar el primer partido.

Durante la preparación hay momentos en los que parece que nada encaja. Hay ideas que parecían válidas en tu cabeza, pero se deshacen cuando las intentas poner por escrito o llevar al campo. Entonces aparece la tentación de cambiarlo todo, el plan, los ejercicios, incluso los principios. Cuando esto pasa, lo mejor es no tomar decisiones, “dormir sobre ello” y “mañana será otro día”. Es bastante normal, casi inevitable como parte del proceso. Si lo miras con perspectiva, es una buena oportunidad para atreverse a cambiar de opinión.

Tanto el entrenador como el profesor tienen que entender el ambiente, captar señales y tener flexibilidad para adaptarse sin perder el norte. No se trata de imponer un sistema, sino de construir uno que funcione con la gente que tienes delante. Y eso requiere tiempo, paciencia y confianza. Si flaqueas, los alumnos lo notan. Y en el fútbol, donde la autoridad del entrenador depende de muchos factores externos, los jugadores lo perciben enseguida. Además, no hay margen para empezar perdiendo. Casi todo lo que haces es televisado, mientras que al menos en el aula, cierras la puerta y sólo tú y tus alumnos entran en juego.

Una de las principales diferencias es que, en clase, el profesor representa su trabajo directamente. En el campo, son los futbolistas los que lo hacen. El entrenador queda en segundo plano, dependiendo de lo que han entendido y ejecutan los jugadores elegidos. Siempre está navegando entre poner a los que mejor plasman sus ideas o adaptar éstas a los que quiere poner. Y lo bueno, como casi siempre, está en el equilibrio… aunque a veces ese equilibrio se parece más a esos platillos chinos que giran sin parar, intentando que ninguno se caiga, que a una decisión técnica. Además, en el fútbol hay un rival que se empeña en arruinar lo que propones. Y, por si fuera poco, hay mucha más gente opinando, aficionados, medios, directiva. Todos creen que tienen (tenemos) algo que decir, todos quieren influir.

El primer partido, como la primera clase, no define casi nada. Pero sí marca el tono. Es el momento de pasar a la acción y enfrentarse a la realidad. Ya no hay ensayos, ni pausas para corregir, ni botón de “deshacer”. Solo queda salir y jugar, o hablar y enseñar. Y en ambos mundos, no siempre brilla el que más sabe, sino el que mejor conecta. Porque al final, tanto en el fútbol como en la educación, lo que importa no es solo lo que traes preparado, sino lo que logras construir con los demás y cómo consigues que se sumen a tu idea sin que parezca que los estás empujando. Y si encima consigues que parezca fácil, entonces ya puedes ir pidiendo la renovación o al menos que te inviten a un café.

Javier Belloso Ezcurra es doctor en Matemáticas y Estadística. Exfubolista

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora