Aniversario

25 años del gran día de Trzeciak, el último del clan polaco de Osasuna

Este miércoles 4 de junio se cumplió un cuarto de siglo del gol del delantero polaco que dio a Osasuna un ascenso a Primera División

Momento en el que Trzeciak celebra su gol al Recreativo que le valió un ascenso a Osasuna
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Momento en el que Trzeciak celebra su gol al Recreativo que le valió un ascenso a Osasuna
Momento en el que Trzeciak celebra su gol al Recreativo que le valió un ascenso a Osasuna

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Iñaki LordaJavier Iborra

Actualizado el 05/06/2025 a las 20:40

Este 4 de junio se cumplieron 25 años de uno de los días más recordados en la historia reciente de Osasuna. Fue en 2000, cuando Miroslaw Trzeciak, delantero polaco fichado en el verano de 1998, marcó el gol decisivo que selló el ascenso de los rojillos a Primera División. Su tanto, el definitivo 2-1 en un abarrotado El Sadar frente al Recreativo, le valió la eternidad en la memoria colectiva del osasunismo.

Aquel gol no solo tuvo un valor deportivo incalculable, sino también simbólico. Fue el colofón para un linaje peculiar y entrañable en la historia del club: el de los polacos. Trzeciak cerraba así el círculo iniciado una década antes por Jan Urban, el primero de los delanteros del este que marcaron época en Pamplona.

Curiosamente, Jan Urban no fue la primera opción para Osasuna. El club navarro había tanteado a figuras como el ruso Igor Belanov o el también Krzysztof Warzycha, pero entre problemas económicos, exigencias deportivas y negociaciones rotas, el destino llevó a Fermín Ezcurra y Pedro Mari Zabalza a fijarse en el Górnik Zabrze y, más concretamente, en Urban, que había brillado frente al Real Madrid en la Copa de Europa.

Urban, fichado en 1989 tras una negociación con la federación polaca que incluyó incluso pagos en material deportivo, se convirtió en una leyenda rojilla. Fue el primer polaco en lucir la camiseta osasunista y allanó el camino para otros compatriotas como Kosecki, Ziober, Staniek y, años más tarde, Trzeciak.

TRZECIAK, UN HÉROE VETERANO

Trzeciak llegó a Osasuna como un refuerzo de lujo para un equipo de Segunda División. Internacional con Polonia y con experiencia en el Lech Poznań y el Maccabi Tel Aviv, su fichaje se cerró en el verano de 1998, cuando ya contaba con 30 años. En su primera temporada en El Sadar, su rendimiento fue notable: titular indiscutible y autor de 7 goles. En la segunda, bajaron sus números (solo tres dianas y 13 titularidades), pero llegó su gol decisivo, el del ascenso.

Después de Trzeciak, ningún otro polaco ha vestido la camiseta de Osasuna. Fue el último eslabón de una conexión peculiar, emotiva y eficaz entre Pamplona y Polonia.

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