Análisis
Sin Pablo Ibáñez, el que pierde es Osasuna


Publicado el 20/05/2025 a las 05:00
Este sábado en Vitoria, Pablo Ibáñez jugará su partido número 99 con Osasuna. Y salvo que haya una segunda etapa, o tercera según se mire porque Tajonar ya prescindió de él en su momento cuando militaba en la base, será la última vez que se enfunda esta camiseta.
En condiciones normales, estaba marcado para ir alcanzando más cifras redondas con el paso del tiempo. Es el prototipo tradicional. Dolió al osasunismo verle derramar lágrimas en el banquillo tras su último servicio en un Sadar que fue un clamor pidiéndole que se quedara. Difícil recordar la última vez que sucedía algo así.
Para la afición, el caso es inexplicable. Lógico. Y si alguien tenía dudas de si quiere seguir en Osasuna, ese pensamiento se le quitó de golpe al verle tan afectado primero y con la mirada perdida después. Muchas emociones para este osasunista de cuna autor de un gol que estará en los libros de historia rojillos de por vida.
Escuece que un futbolista de esta estirpe y nobleza tenga que marcharse del club. Osasuna va a perder a un valor que recuperó en su momento del fútbol navarro y del que luego se nutrió para potenciar su filial y más tarde su primer equipo.
Porque Pablo Ibáñez no ha sido un simple número en la plantilla. Su rendimiento ha quedado de sobra demostrado sea de titular cuando se le ha necesitado, como ha pasado ahora, o sea de suplente.
Cualquier aficionado que se tercie, todavía está a tiempo para acercarse a Tajonar estos días y ver la energía que pone en cada acción del entrenamiento. Por supuesto que su compleja situación contractual no le ha hecho torcer el gesto con nadie ni bajar el pistón.
El tiempo ha pasado y no ha habido acercamiento entre lo que considera una parte que debe pagar y lo que considera la otra que debe cobrar. Desde el club se dice que la distancia entre la última oferta y la contraoferta era insalvable, casi el doble. Desde el entorno del jugador, se ha optado por la vía del silencio. Ya nadie se movió.
Y así ha llegado el final de trayecto de un canterano no fácil de encontrar. Es un lujo prescindir de él. Esto no deja de ser una decepción.