Tribuna
Jano apadrina a Osasuna
Osasuna debía invocar a Jano esta temporada porque se enfrentaba al cambio de la era de Jagoba


Publicado el 21/11/2024 a las 05:00
Jano era una divinidad romana, sin parangón en el olimpo griego, que protegía a los hombres de los peligros asociados a los cambios. Era el dios de las dos caras: una miraba al pasado y otra al futuro. Era el dios de las transformaciones y de las transiciones. Sus estatuas se ubicaban en los umbrales de las puertas de las ciudades y de los templos. También en el comienzo de los caminos y en lugares simbólicos que marcaran el inicio de algo. Se le invocaba al principio de la mañana, al iniciar un viaje, al emprender un negocio o al contraer matrimonio. Se le consagraba el primer día de cada mes y a él se dedicó el primer mes del año, que sigue llevando su nombre.
Osasuna debía invocar a Jano esta temporada porque se enfrentaba al cambio de la era de Jagoba. Una oscura sombra de temor se abatía sobre el nuevo proyecto. Como el osasunismo está más acostumbrado al sufrimiento que al triunfo, tras una exitosa época se temía la llegada de una etapa de desolación.
En el casting de entrenadores fue elegido Vicente Moreno. Su perfil bajo no generó ilusión. Muchos recordábamos que Jagoba tampoco había generado expectativas emocionantes cuando llegó. La seriedad y moderación de Vicente en sus declaraciones no le identificaban como un entrenador con gancho. Sin embargo, una mirada a la historia permitía pensar que podía encajar con el espíritu de Osasuna, ya que hemos tenido entrenadores de expresión contenida (Zabalza) e incluso tristona (Lotina) que lograron grandes éxitos.
Lo que no faltó en el período estival fue la habitual magia de Braulio que, con su habilidad de experimentado tahúr, logró hacerse con un trío de ases. La triple B (Bretones, Bryan y Boyomo) se ajustaba a lo que la plantilla necesitaba y despertó esperanzas de superar el trance de la mudanza de entrenador. El inicio titubeante del equipo (¡qué miedo dio el primer tiempo contra el Leganés!) combinaba esporádicas ráfagas de buen juego, con costosos desajustes que implicaban derrotas fuera de casa y sufridas victorias en el Sadar, gracias a la energía extra de la grada. Una grada que empezó a ver brotes verdes con las genialidades de Bryan, con el paso adelante de Aimar y con los aciertos de los siempre solventes Herrera y Budimir.
Entre intermitencias en el juego y buenos resultados iba avanzando la temporada hasta que llegó el primer grande al Sadar. El equipo regaló una noche de las de antes (de las de antes de Jagoba contra los grandes) y se ganó por intensidad y por calidad al Barça de Flick, el cual venía asombrando y goleando desde principio de temporada… y que, tras su abultada derrota en el Sadar, ha seguido haciéndolo con otros grandes como el Real Madrid y el Bayern.
Los brotes verdes se convirtieron en un florido jardín. Porque el apoteósico triunfo ante el Barça no fue flor de un día. La injusta derrota con el Betis se compensó con una gran victoria en Anoeta. Lo que tanto le había costado a Arrasate, lo consiguió Vicente Moreno en su primera visita a los hermanos guipuzcoanos.
Cuando los aliados derrotaron en El Alamein a los nazis, Churchill dijo: “no es el final. Ni siquiera es el principio del final. Más bien es el final del principio”. Con ello Churchill anunciaba que quedaba mucho por hacer, pero que por primera vez la victoria se veía como posible. Las prestigiosas victorias ante Barça y Real Sociedad han significado el final del principio de la transición de Jagoba a Vicente. Habrá que esperar al final de la temporada para cerrar completamente la transición. Pero es indudable que ya se ha traspasado el umbral del dios bifronte y que podemos prescindir del Jano que mira hacia el pasado.
Podemos disfrutar del confortable presente (Osasuna ha firmado uno de los mejores inicios de temporada de su historia) y vislumbrar un futuro ilusionante. Vemos que la sociedad Budi-Bryan (“Phineas y Ferb”, para los más jóvenes, o “Dúo sacapuntos”, para los más veteranos) funciona. Que a esa sociedad se suma un Aimar Oroz más vertical, goleador y determinante. Que podemos deleitarnos con la aplastante fortaleza del tandem Torró-Moncayola, con la solidez de los centrales (la roca Boyomo y el káiser Catena), con el desparpajo de los clónicos Areso y Bretones, con el ingenio del rejuvenecido Rubén García y con la “loca” seguridad que nos ofrece Herrera en la portería.
Churchill también dijo que “cambiar no siempre equivale a mejorar, pero para mejorar hay que cambiar”. ¿Y si en Osasuna el cambio entrenador ha sido para mejorar la maravillosa era de Jagoba? Desvanecidas las dudas sobre el entrenador, es tiempo de olvidarnos del Jano Patulsio (el que mira al pasado) y de acogernos a Jano Clusivio (el que mira al futuro) quien, por el momento, está bendiciendo con juego y resultados el presente osasunista.
José Francisco Alenza García es Catedrático de Derecho Administrativo de la UPNA.