Racha impoluta y sábado de rojo ganador

Segunda vez que voy al estadio rojillo desde la carísima reforma y segunda victoria, además con el mismo resultado

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Fran Pérez

Actualizado el 21/09/2024 a las 21:57

Sábado, sabadete, camiseta roja y... Victoria de Osasuna. Vale, sí, no rima, pero es verdad. Y manteniendo una racha de dos victorias en las dos únicas visitas que el menda lerenda ha hecho al reformado estadio de El Sadar. La primera fue con el amigo Melendi a ver un Osasuna 2-1 Elche que terminó con remontada y el cruzado de Darko Brasanac roto. La segunda vez ha sido esta, contra los pío, pío, con el mismo final aunque sin remontar. Y sin lesión. Dos de dos. A este paso le digo al abuelillo Sabalza que me de un par de pases de esos vitalicios para que la permanencia esté asegurada...

Sábado de victoria y de rojo. Primero con el corazón, con mi Nena guapa, que me hizo los honores acompañándome a ver a los rojos. En una de esas fortunas tan inesperadas como infrecuentes que es que te toque algo en un sorteo. Yo, que de Fortunato no tengo más que la F del nombre, pues sí, salí agraciado y dos entradas que me tocaron. A punto estuve de venderlas para pagar las vacunas de la vacuna de la gripe...

El caso es que sábado de fútbol, de ir a El Sadar, de colocarnos a las barbas del speaker y ver, desde el rincón, el juego de los rojos. A ver, entre nosotros y ahora que ni nos oye ni nos lee nadie: no jugaron un moco. Sin paliativos. El penalti señalado por el VAR, que no lo entendían las dos señoras que se colocaron a mi diestra y que aplaudían al ritmo que marcaban los I*G, abrió un marcador que para entonces tenía que reflejar  franca ventaja para los de Carrión. Pero ellos no tienen a Sergio Herrera, y nosotros sí. Dos, casi tres goles cantados que evitó el cancerbero rojillo para cuando Ante Budimir desplegaba las alas en su primera celebración de la temporada, esta vez lanzando un penal sin aspavientos ni cosas raras. Ni lesiones.

Poco dura la alegría en la casa del pobre, y es que dos minutos después Moleiro establecía el empate en el luminoso tras cabecear más solo que la una, que rima con Osasuna, un centro de segunda jugada de córner de Sandro. Defensa más blanda que la comida de un geriátrico, tanta sopa y tanta tortilla francesa o purés y compotas. El caso es que con lo que nos cuesta marcar, con lo bueno que es Pendín en la estrategia de ataque, qué poco nos estiramos en los marcajes.

Descanso, Rojillo y Rojilla caracoleando en la esquina del córner, haciendo las delicias de los niños y de los no tan menores, vacilando con el balón y mientras tanto, con la pausa del VIP (¿habéis visto los precios de consumición del estadio? Tuve que pedir crédito para dos cafés de maquina aguachirris, dos botellines de agua descabezados del tapón, que me debieron de ver cara de pirata agresivo, y una bolsa de pipas: 12 lereles. Ahí es ná. Señor director, ¿un aumento de sueldo?). El caso es que mientras que el panorama se tornaba como les describo, a buen seguro que Vicentito andaría en el vestuario cantando las cuarenta para evitar que los rivales le vean tanto a Sergio y para que se alargara el equipo, que hay que ganar en casa y olvidar la penosa imagen de Vallecas.

Pues vaya arranque. En 15 minutos nos pudieron mojar la oreja en más de una ocasión. Gracias a Boyomo y a Sergio, así como a la mala definición de los canarios, no nos fuimos hundiendo poco a poco. Menos mal que eran ellos los que acusaban los mazazos de los goles. Y es que el equipo estaba dormido, se pegó el primer cuarto de hora de la reanudación pensando que estaban todavía en las duchas, como que la cosa no iba con ellos. Sin espabilar. Y tuvo que sacarnos del sueño malo para los de casa (y del bueno a los isleños) Aimar Oroz. Qué bueno que te quedaste...

Una jugada de Rubén García desde su perfil, cortando por el centro, terminó en una apertura rasa que dejó pasar Budimir y que cazó el Txori en la frontal. Entró en tierras de Cillessen y chutó con la zurda, raso, cruzado, anotando el 2-1 y sofocando lo que se adivinaba como un motín en Pamplona. Seamos sinceros, si no llega a ser por ese gol, a estas alturas se ha fundido la primera de las bombillas de las alarmas de la temporada. Pero esto es fútbol...

¿Seguro? Me extrañó la semana pasada en Tajonar, en el Promesas contra el Celta Fortuna, la frialdad de la grada. Y algo parecido ocurría en El Sadar. Quitando a los de siempre, esos Indar Gorri que se dejan garganta y pulmones, me dio la sensación de que el estadio estaba frío. Más diré, parece que a la gente le da corte gritar, animar, avisar... Lo que viene siendo acudir a ver a tu equipo y dejarte la voz. Un par de veces se me ocurrió gritar y la gente me miraba como si fuera un bicho raro. "Papi, ese señor gordito ha dicho un palabroto". Los niños me asesinaban con su mirada. Bendita inocencia, no os queda nada por sufrir...

El caso es que se ganó. Se alcanzan los 10 puntos, Martins ve sacando la chuleta que ando famélico y los 8 puntos esperados para Navidad ya los hemos superado. Ahora viene salida a Valencia, que le ha metido 2-0 al EuroGirona, aviso a navegantes, en una nueva oportunidad para lavar la imagen lejos de Pamplona, y después toca recibir al poderoso Barça. La tarea está medio hecha, todo lo que sea sumar antes del nuevo parón bienvenido sea. ¿Por qué no? Esta plantilla es capaz de todo...

Y después del fútbol, sábado completo de rojo victorioso. Las mellis derrotaron a sus oponentes a balonmano. Curioso, porque las chicas estaban con pocos cambios pero la falta de efectivos se suele superar cuando la calidad sale a raudales. Y no lo digo porque sean mis sobrinas, pero la tienen. Ahí queda patente ese 37-31 final al B de un poderoso del balonmano pamplonés. La guinda del sábado de rojo y victorioso, le pique a la que le pique, le escueza a quien le escueza. Eso sí, las chicas no vieron peligrar en ningún momento la victoria. Los nuestros, los de rojo, sí. Aunque al final el resultado fuera el que queremos, triunfo y a descansar.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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