Nerea Salinas vuelve a disfrutar después de su calvario
La delantera de Osasuna llegó al primer equipo en 2018 pero todo se fue al traste. Ha superado graves lesiones, una cesión y dos pasos por el filial, pero por fin ha vuelto


Publicado el 14/09/2024 a las 05:00
Detrás de sus inmensos ojos verdes hay demasiadas experiencias adversas, demasiado aprendizaje a la fuerza, demasiados obstáculos que superar. Pero la mirada de Nerea Salinas esconde ahora una luz especial. Después de cinco años en los que el fútbol le ha dado más la espalda que felicidad, la delantera rojilla vuelve a disfrutar. Tras debutar en el primer equipo de Osasuna en 2018, Salinas ha superado tres graves lesiones, una cesión y un paso de dos años por el filial. Once goles la pasada temporada le han dado el pasaporte a volver, por fin, donde siempre había soñado.
Después de mucho tiempo, el miércoles pasado jugó la Copa de la Reina con el primer equipo. y fue titular. ¿Cómo se sintió?
Buf... En 2019 me rompí el cruzado, el ligamento lateral y el menisco, la triada, justo cuando empezaba a jugar. Empecé el año siguiente medio regulero, me fui al Pradejón cedida y la semana siguiente me rompí la otra rodilla. También ese año me rompí el tobillo. No podía disfrutar el fútbol, hasta que el año pasado pude hacerlo. Cuando me llamó Mai (Garde) para decirme que iba a subir al primer equipo, pensé, es lo que llevo esperando cuatro años y por fin ha llegado.
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¿Le dio tiempo a pensar todo esto cuando volvió a jugar?
No, se me olvidó todo, me centré en el partido. Me hizo más ilusión cuando me dijeron que subía. El día del partido me centré en no ponerme nerviosa y en jugar.
Está en Osasuna desde 2016, cuando tenía 15 años. ¿Cómo fueron sus pasos hasta que se torció todo?
Siempre había disfrutado mucho del fútbol hasta entonces. Vine a Osasuna desde Oberena. Nunca me había lesionado. Pero llegó ese día, contra el Athletic. Salté de cabeza, me empujó una rival por detrás y al caer se me dobló la rodilla derecha.
¿Cuánto tiempo estuvo de baja?
Nueve meses. Pero también se aprende un montón. Estaba en 2º de Bachiller, tenía justo la graduación y me tuve que operar. Pensaba que tendría que ir con muletas, pero al final no las llevé, aunque fui coja, eso sí -sonríe-. Esa temporada me perdí todos los partidos que jugamos en El Sadar. La recuperación me pareció durísima. Tienes que ganar fuerza en el cuádriceps, porque la has perdido toda. Me acuerdo de que acababa todos las sesiones con la lágrima. Aprendes qué gente está contigo y quién no, ves que las del equipo se interesan un montón, es algo malo pero también bueno -se emociona-.
Después llegaron los años de estar en el filial y la cesión.
Al recuperarme, estuve un año en el B jugando, pero no acababa de entrar en el equipo y me cedieron al Pradejón que estaba en la misma categoría que el primer equipo. En la primera semana de entrenamientos, me rompí. Pensaba que era la misma lesión, pero era la tibia. Ahí ya dije, ya está, yo no vuelvo.
Era el año 2021. ¿Cuánto tiempo estuvo lesionada esta vez?
Seis meses. Me costó mucho entrar después en el Pradejón, un equipo nuevo, no conocía a nadie... Fue muy difícil. Fui al psicólogo porque no podía aguantar otra lesión.
¿Le ayudó?
Sí, no me apetecía nada ir a Pradejón, una hora de ida y otra de vuelta, estaba súper angustiada. Pero decidí intentarlo otra vez. Además en esta lesión me tuvieron que abrir una segunda vez porque se me infectó y todo se alargó más.
A su vuelta, pasa de nuevo al filial.
Sí, volví al B.
¿Cómo afecta que después de tres años, en vez de ir hacia adelante, va hacia atrás? Creería que nunca iba a llegar al primer equipo.
Sí, pensaba, pues hasta donde llegue. Tenía una obsesión que era volver adonde estaba antes. Quería volver a disfrutar del fútbol, porque no había vuelto a hacerlo. Mi motivación era jugar de nuevo. El primer año del B fue sin más, pero el año pasado ya fue mejor.
En una temporada de transición en el B, marcó once goles. No está mal.
Sí, sí -sonríe-. Lo importante era disfrutar jugando, porque es así cuando me salen bien las cosas.
¿Y cómo consiguió motivarse todos estos años, para no tirar la toalla?
Ya lo había conseguido y podía volverlo a hacer. Pero sobre todo, no buscar un objetivo, sino ir día a día. Más que una motivación, era liberarme y decir, si no puedo volver al primer equipo, no pasa nada. Y ahora no soy ni consciente de ello.
Nerea, ¡que ya está en el primer equipo!
Ya. Pero todavía no soy consciente. Todavía no me creo que he conseguido lo que llevaba cinco años intentando.
¿Qué se propone en este año, que es como empezar de nuevo?
Con calma, día a día. Es muy difícil, hay mucha competencia, y no quiero ponerme un objetivo ambicioso, quiero disfrutar de este año.
Han empezado muy bien, con una victoria en la primera jornada de liga y otra en la Copa de la Reina, a pesar de las salidas y las dudas.
A principio de temporada siempre hay dudas, pero tenemos un equipazo. Yo creo que este año lo van a conseguir.
¿Van? ¡Querrá decir vamos!
-Risas-. Ya digo que todavía no lo he asumido.
Cuéntenos algo más de usted, de su familia.
Mis padres son de Orísoain, un pueblo de la Valdorba, pero vivimos en Mendillorri. Tengo un hermano mellizo que juega en el Artajonés -Adrián Salinas-, llevamos jugando los dos desde los 5 años. Mi padre también jugó al fútbol.
¿A qué se dedica al margen del fútbol?
Estudié Administración pero lo dejé para hacer un grado superior. Ahora trabajo en una oficina a la vez que en el almacén. Estoy muy a gusto, en horario de 7 a 15 de lunes a viernes, que es lo que podemos compaginar con el fútbol. En el futuro quiero dedicarme a eso, a estar con los papeleos en una oficina.
¿Y cómo desconecta en su tiempo libre?
Me gusta estar con las amigas, desconectar un fin de semana que tengamos libre para ir por ahí. Ir al pueblo y dar un paseo con el perrico y estar los amigos en Orísoain.