Vicente Moreno: "Soy de campo. Tenía caballos y vacas en casa"
Vicente Moreno recuerda su infancia en Masanasa, muy ligada a la agricultura, y confiesa que apenas puede desconectar del fútbol en su día a día


Actualizado el 16/08/2024 a las 09:45
Hijo de familia de agricultores y sastres, Vicente Moreno confiesa que no desconecta del fútbol en ningún momento del día. Quizá el único oasis se produce a última hora cuando se sienta en el sofá junto a su mujer.
Las sesiones a puerta abierta permiten el contacto con el aficionado. ¿Qué le parece?
Por un lado creo que está bien porque así el aficionado te conoce bastante más. En esa burbuja del fútbol de la que hablaba antes pueden hacer un relato de ti, tanto deportivo como personal, gente que no te conoce. Incluso se pueden vertir informaciones sin saber si son verdad o no. El hecho de que la gente venga a los entrenamientos hace que vean cómo te desempeñas, cómo trabajas, cómo te diriges al jugador... Eso ayuda a que te puedan conocer más. Así al menos te juzgan por lo que ven y no por lo que escuchan de fuera. También nos abrimos a mucha gente que no vive del fútbol de forma profesional y les das la posibilidad de que vean qué estamos haciendo para que aprendan.
Pero también tiene un lado más negativo.
Tiene siempre esa dificultad de que damos mucha información que otros equipos no dan. Igual no debería de decirlo, pero yo también he mandado a ver entrenamientos abiertos para comprobar qué hacían o grabar alguna imagen. Tampoco creo que se gana o se pierde un partido por esto. Es algo instaurado aquí y nosotros lo vamos a respetar porque ya estaban acostumbrados. Nos estamos adaptando.
¿Ya le conocen por la calle?
Pamplona es una ciudad muy futbolera y Osasuna tiene un peso muy importante en lo social, por eso es difícil pasar desapercibido. Quizá al principio era más fácil, pero empiezas a salir en los medios de comunicación y ya la gente te relaciona. Esto es fútbol. Tenemos tal desgaste por salir en los medios... Es algo que no lo llevo muy bien. Convivo con esto, pero personalmente no necesito esto. Me gustaría pasar más desapercibido y ser una persona normal de a pie.
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¿Es consumidor de medios?
No tengo redes sociales, pero siempre te llega algo de información por algún familiar o compañero de trabajo, aunque trato de reducir todo eso que me llega. También hay que diferenciar las redes sociales de los medios de comunicación. No tienen nada que ver. En las redes entra todo y cualquiera puede escribir y lo que publique pasar a ser verdad... Aunque no lo sea.
¿Y prensa, radio, televisión...?
Intento no demasiado, pero en Internet alguna cosa te puede llegar o incluso tienes interés en alguna información y te encuentras por el camino con otra cosa. No estoy muy pendiente e intento que no me afecte. Es cierto que el propio rendimiento deportivo te va marcando porque no puedes contar algo que no es. O sí -risas-. Aunque aquí tengo la percepción de que sois muy de Osasuna y lo vivís, además de profesionalmente, de una forma arraigada. Lo véis con cariño y desde el enfado que puede tener cualquier aficionado cuando pierde su equipo y no está contento.
¿Puede desconectar del fútbol?
Debería decir que sí, quedaría muy bien, pero no. Es aconsejable hacerlo, pero no puedo. Vives el fútbol las 24 horas. Cada vez duermo menos y me despierto más por la noche. Me vienen las preocupaciones. Me gusta decir que le damos importancia a las cosas en función de cómo de importantes sean los problemas que tenemos. Por suerte a nivel personal, quitando alguna desgracia de pérdidas cercanas, no me puedo quejar. Así que parece que todos los problemas que tienes son profesionales, por eso le das mucha importancia.
¿Qué le ronda por la cabeza?
Son referencias siempre al fútbol y pienso en cómo gestionar y solucionar las cosas. Estás en casa, tu mujer te habla y ya se da cuenta de que no le estás escuchando. Sé que no es lo correcto. Quizá, por eso, deberíamos trabajar más con psicólogos para saber desconectar, pero es difícil. Dependes de un resultado tanto tú como todos los que te rodean.
Ya sean familiares o los propios jugadores.
Me preocupo mucho por ellos. Empatizo con el jugador porque sé que mis decisiones les va a afectar tanto en lo profesional como en lo personal, igual que a mí. Dependiendo de si juegan más o menos llegarán después a sus casas y les afectará. Me preocupo por su estado de ánimo, aunque ellos mismos ni se den cuenta.
Su cabeza no deja de maquinar pero ¿hay algún momento en el día más relajado?
Puede ser un tópico, pero me relaja el rato de la noche. Sobre las diez cuando ya no estás con el ordenador. Un rato en el sofá, con mi mujer... No sé si desconecto del todo porque me vienen chispazos del día siguiente. Es la locura del entrenador, que somos unos frikis.
¿Le ha dado tiempo a conocer Pamplona?
No mucho. Llegamos en pretemporada, pero tuve la desgracia del fallecimiento de mi madre y me marché rápido. Tenía pensado hacer algo con mi mujer, pero no pudo ser. Después ya entras en la vorágine del entrenamiento, partidos... En San Fermín me obligué un poco más a ver algún encierro, ir a los toros... Dar una vuelta. Me gustó y no conocía. Es una ciudad que me gusta porque es cómoda. Te da calidad de vida.
Háblenos de su pueblo, Masanasa.
Es un pueblo de poco más de 10.000 habitantes, que con el tiempo se ha convertido en un barrio de Valencia. Tengo la parada de tres a 50 metros de mi casa y estoy en el Ayuntamiento en diez minutos. Tenemos todas lsa ventajas de una gran ciudad, pero vives en un pueblo donde todos se conocen. Yo soy muy de mi pueblo, aunque llevo muchos años fuera de casa y te vas despegando. Me siento muy querido y me tratan bien.
Es de familia de agricultores.
Por la parte paterna eran agricultores, sí. Mis tíos y mi abuelo han tenido siempre campo de arroz y naranjas. Mi abuelo, de hecho, era guarda de la acequia de los riegos. Se regaban todos los campos de la comarca a través de varias acequias, cada una con su guarda, y después hacen un juicio en la localidad de Dos Aguas. Es algo histórico que se puede buscar por Internet. Eso pasaba de padres a hijos. Yo soy gente de campo. En casa había caballos y vacas. Hay muchos amigos míos que todavía se dedican al campo. A mi padre, sin embargo, no le gustaba mucho y estudió para ser electricista. Y de la parte materna mi abuelo era sastre. Se dedicaba a la confección de ropa. ¡Qué familia tan dispar!
Ahí, en Masanasa, dio sus primeras patadas al balón.
Además era tal cual a como se dice. Salías del colegio y tenías esa obsesión por estar en la calle. Recuerdo que había pocos coches, igual uno. Nos juntábamos quince o veinte chicos de calles cercanas para jugar un partido. Lo disfruté mucho y fue una infancia muy futbolera. Me pasaba la vida jugando en la calle porque antes no había posibilidad de jugar en equipos de futbol. Hasta las ocho años yo no pude y eso que empecé un poco antes porque se me daba bien y jugaba con niños de mayor edad.
¿Ya tenía el gusanillo de entrenador?
En ese momento no. Yo les digo a los futbolistas que cuando se empieza a jugar se quiere disfrutar. Juegas para divertirte. Y eso que el tema del entrenador me llegó pronto. En mi última etapa como jugador ya tenía todas las titulaciones. Recuerdo que, la temporada que el Xerez compitió en la Primera División, yo entrenaba a un equipo de Infantiles del club. Aprendí mucho de los niños.