Atlético 1-4 Osasuna
Exhibición de Osasuna en el Metropolitano con una goleada memorable
Los rojillos regalan a su afición una alegría derrotando a un bloque millonario contra todo pronóstico
Publicado el 19/05/2024 a las 22:14
El mejor Osasuna de la temporada emergió en un estadio tan sagrado como el Metropolitano, fortín de Champions que fue conquistado por primera vez y de qué manera. La bestia negra cayó a la lona por fin para romper una estadística que era espantosa. A este equipo le faltaba poner una pica en un escenario de envergadura y lo hizo con una incontestable goleada, de esas que siempre se recuerdan. Fue la tarde de los valientes para jugarle a todo un Atlético a pecho descubierto, sin ataduras de ningún tipo, y asumir ese riesgo con semejante valentía.
Agradable de ver y reconocible en su idea, Osasuna fue recolectando goles como recompensa a su ambición, esa versión inconformista que iba abriendo la herida de uno de los grandes de la Liga al que no le valió poner todo de su parte. Arrasate ganaba su primer pulso a un desesperado Simeone, que veía atónito desde la banda el juego desinhibido de los navarros fuera cual fuera el marcador. Fue la mejor reivindicación a una fase del año tibia para enterrar esa fatiga física y mental que azotaba.
La afición estaba necesitada de alegrías estas últimas jornadas entre malos partidos, altibajos y errores, y de repente se encontró con esa emoción de ver a su equipo en plenitud de facultades, dinámico, vistoso, fuerte y mentalizado, para derrotar a un bloque millonario contra todo pronóstico. Qué sería del fútbol sin esa capacidad de sorpresa de la que nunca se sabe.
A los jugadores se les vio disfrutar sueltos en libertad con esos ojos competitivos que secaban a un oponente siempre con las pinturas de guerra frescas aunque no se juegue nada. Porque el Atlético no había tirado el partido. Lo ganó más bien Osasuna, de ahí su enorme mérito. Hubo doblete de un estelar Raúl García de Haro en un día de nombres de propios como los de Jesús Areso, Lucas Torró, Iker Muñoz o Aimar Oroz, que exhibieron sus cualidades en un bloque sin fisuras. Los rojillos terminaron aumentando la renta en una última media hora de coser y cantar. En una palabra, esplendor.
CON PERSONALIDAD
Jagoba quiso repetir la fórmula de San Mamés plantando en el Metropolitano a los mismos once jugadores. Si aquella noche reciente en Bilbao el equipo se desplegaba con personalidad, este domingo volvió a exponerse esa osadía de inicio que tuvo su propagación hasta el final.
Osasuna no salía a especular ni a encerrarse atrás para frenar a su bestia negra. Las líneas estaban altas con esa mirada afilada para la presión y sin complejos para mover el balón en la búsqueda de espacios. El primer aviso llegaba con un remate de cabeza de Torró que generó incertidumbre.
Los rojillos estaban calientes para ir ganando disputas. Se jugaba a lo que querían ellos. También a balón parado nacía el gol que rompía el marcador antes de que se cumpliera la media hora. Rubén García colgó una falta y Catena ganó por alto la pelota rechazada por la defensa colchonera. El vuelo que cogió la prolongación era perfecto para que llegara a los dominios de Raúl García de Haro, hábil para no caer en el fuera de juego y ejecutar al primer toque a Oblak con el interior. Un buen movimiento del granadino y una mejor definición poniendo a prueba su velocidad de reacción.
Raúl era la referencia en el juego de esos balones en largo que se mandaban desde atrás, sobre todo del fino pie de Catena. Areso se dejaba ver continuamente en una banda donde Rubén García, freno de Lino como falso lateral en defensa, tenía que marcharse del campo demasiado pronto por lesión. Peña pasaba a la derecha y saltaba Aimar Oroz con ganas de fiesta.
El peligro del Atlético de Madrid fue in crescendo. Correa metía la quinta en su afán de ganar la espalda a la extraordinaria dupla que formaban Catena y Herrando. El madrileño estaba atento al corte en una de las primeras llegadas, lo mismo que en una jugada en el área anticipándose a un apagado Griezmann.
En esa progresión madrileña, Lino era su mejor arma desde el flanco izquierdo. Su desborde metía el miedo en el cuerpo. El camino al intermedio dejó tres ocasiones claras para los de Simeone. Eran momentos para resistir en un escenario siempre contemplado. Lino conectaba un gran disparo que escupía el palo de Herrera. A punto estuvo de llegar la igualada después en otra llegada que no resolvió Griezmann tras una subida del otro carrilero, Marcos Llorente. El siguiente susto lo apaga después Herrando, rapidísimo para rebañar el balón a Correa cuando se marchaba a por Herrera. El de Campanas exhibía músculo para sumar otra acción providencial a su colección de la temporada.
En ese final de locos, Osasuna salía de la cueva con una réplica que estuvo a nada de ser el 0-2. Aimar Oroz encontraba el pasillo para conducir y lanzar con potencia un disparo desde fuera del área que daba en el poste madrileño.
PROHIBIDO BOSTEZAR
Simeone cambió el dibujo. Saltó Morata por un central, Paulista. El partido tomó un vuelo más vivo si cabe. Era imposible aburrirse. Apretaba el Atlético en la reanudación con un par de zarpazos, pero Osasuna seguía con su revolución. Oblak realizaba una gran intervención a un buen disparo de Raúl a centro de Rubén Peña.
Areso entraba como un cuchillo por la derecha. Un centro suyo se le complicó a Azpilicueta, perdedor en el duelo con un Torró imperial. El balón le caía a Aimar Oroz para firmar el 0-2. El de Arazuri se estaba gustando encontrando pasillos para mover a su equipo y obtenía el premio de un gol que este año se le ha resistido.
Aguantar el chaparrón del Atlético era la misión a cumplir porque estaba quemando todas sus naves. Fue clave que la herida posterior cicatrizara bien. Osasuna encajaba el 1-2 enseguida, con una acción rápida de tiralíneas que culminó Morata a pase de Lino. El comienzo de la segunda parte había sido meteórico. El paraguas rojillo funcionaba. El Atlético fue apagándose con el toro que tenía delante. La última media hora fue de Osasuna, sujetado por ese triángulo Catena-Herrando-Iker Muñoz que tanta solidez aporta.
Torró, que está jugando más adelantado en esa fase de la temporada, seguía imponiendo su jerarquía en sus llegadas. Un testarazo tras el enésimo centro de Areso pegaba en el exterior del palo. El de Cascante parecía jugar con más pulmones. No tardó de nuevo en profundizar y llegar a la línea de fondo con tiempo suficiente para levantar la cabeza y ver la posición de su 9. Raúl había dado un paso hacia atrás en un movimiento inteligente y recogía la asistencia para fusilar a Oblak y colocar el 1-3.
Areso seguía desatado. Osasuna estaba siempre bien colocado sin perder sus ganas de darle buen trato a las posesiones y estirarse. El Atlético no podía dar más de sí pese a la entrada de su potente banquillo. Torró ponía rúbrica a una mágica tarde en el minuto 87. Pablo Ibáñez, tremenda labor la suya, picaba la pelota para el alicantino, que enganchó una volea perfecta para el 1-4. Se cerraba una goleada memorable que endulza este final de curso.
