La crónica
Batería baja
Osasuna se desvanece y suma un punto insípido
Actualizado el 14/05/2024 a las 22:45
La temporada está llegando a su fin y a Osasuna se le siguen escapando oportunidades de celebrar triunfos. Si no es por una razón, es por otra. El de este martes parecía encarrilado, como el de San Mamés, hasta que se produjo el apagón. El Mallorca no había comparecido e incluso se había librado de encajar un segundo gol que El Sadar veía posible por la inercia que se respiraba. Cambió el viento de repente. De la agitación al bloqueo mental que complicó el panorama. Las fuerzas comenzaron a fallar. No es la primera vez que ocurre últimamente. En El Sadar duele más. Un tiempo para cada uno. Empate y gracias, porque el partido pudo tener un desenlace peor. La afición sigue huérfana de alegrías. El equipo, huérfano de energía. La batería se ha consumido. Dio lástima ver al estadio sin despedir a sus jugadores. El ambiente quedó frío, lejos de lo que ha marcado este ciclo de Arrasate que está acabando.
MEJORES EN EL PRIMER TIEMPO
Hubo rotaciones esperadas comenzando por la portería con el regreso de Aitor Fernández. Entre los que volvían al tapete de El Sadar, estaba un Aimar Oroz con ese don para lubricar los ataques. Era clave su figura para mover a este Mallorca previsible en su propuesta de acomodarse en su parcela con sus cinco defensas, rascar y medir esas salidas al ataque con el diente afilado de Larin.
A Osasuna le tocó de inicio asumir ese gobierno, un reto siempre complejo pero del que salió airoso por la velocidad que imprimió en las posesiones. Se intentó esa elaboración productiva más que pasiva con pases sin riesgo entre los defensas. Un equipo sí iba a por el partido y encontraba los espacios.
Aimar quería asociarse con Raúl, el primero en poner a prueba a Rajkovic con un disparo, y Rubén García y Arnaiz generar chispazos desde las bandas. Al Mallorca de Aguirre y ese gen competitivo del que nunca se puede dudar no se podía menospreciar. Osasuna le contuvo bien.
Una llegada se convirtió en un susto serio caminando al cuarto de hora. Fue obra de dos ex. Lato centró desde el perfil izquierdo y Nacho Vidal, aplaudido en su Sadar con todo merecimiento, enganchó una bonita volea que hizo lucirse a Aitor Fernández. Darder cazó el rechace, que pegó en Catena. En lo que restaba de primera parte, apenas llegaron los baleares. Larin quería recibir de espaldas, pero siempre tenía pegado a un Herrando fortísimo. Aguirre no paraba de protestar desde la banda esas acciones.
El caso es que Moncayola fue quien abrió la lata enseguida. El gol nació de una falta lateral que despejó de cabeza Nastasic. El de Garínoain estaba atento para embolsar el balón desde la frontal y meterlo por un pasillo vacío ajustado al palo. Su gran golpeo tenía premio, su primer gol en una temporada en la que ha ido a más.
Con esa inercia de la confianza, siguió dejándose ver en esas llegadas al área ayudándose de su potencia. Después de una bonita triangulación, Aimar le servía la pelota pero no podía enganchar del todo bien el remate.
El Mallorca quería incomodar, pero su juego se hacía plomizo. Osasuna quería agitar el ambiente, más apagado que de costumbre por lo poco que había en juego y el día del partido. Rubén Peña arrancaba hacia adelante, lo mismo que su tocayo García. Faltaba acertar en el último pase o movimiento con Raúl, con la guardia alta.
Aguirre estaba enfadado. Al menos con el árbitro, a quien protestó entrando en el campo cuando se había llegado al descanso. Tuvo que mover el banquillo con la entrada de otro delantero y seguramente mandar un aviso a sus jugadores para que dieran por fin ese pase hacia adelante.
CAMBIA LA DINÁMICA
Salieron con otro aire los bermellones. Herrando se erigía en un bastión de altos vuelos, aplicando sus condiciones físicas tan imponentes y siempre con nobleza. En la parcela ancha mandaba Iker Muñoz, valiente en las disputas para provocar amarillas, tácticamente en su sitio y buen pasador. Era otro de los destacados. El joven mediocentro estuvo a punto de hacer el 2-0 con una volea que empalmaba con mucha clase. Rajkovic estaba atento para hacer la parada.
Osasuna perseguía el gol de la tranquilidad. Lo intentaba esta vez Moncayola con otro disparo exterior, lo mismo que Peña tras una conducción en velocidad. Y hasta ahí. Se fundieron los plomos. Escaseaba la gasolina con tanto tiempo por delante.
A balón parado, el Mallorca encontraba un tesoro. Osasuna estaba incrustado unos minutos sin poder salir. Avisó Gio con un tiro que repelió de puños Aitor, preludio del empate. Darder establecía la igualada al recoger un rechace. Su tiro iba mal, pero tocó en la trayectoria en Peña. Aitor hizo la estatua sin capacidad de movimiento.
El gol hizo daño y apagó a ese Osasuna tan combativo de antes. Mojica, que escuchó pitos, y Moi Gómez eran los primeros cambios de Arrasate. Los rojillos estaban sin concierto. El Mallorca se iba a desbocado a por más goles. Era otro escenario. Lato remataba con el exterior y Aitor metió sus manos. Nacho Vidal perdonaba con todo a favor en el rebote una acción siempre difícil por el tiempo escaso de reacción. El Sadar se le resistía a un jugador que lógicamente no suele estar cerca del gol y que aún disfrutaría de otra ocasión antes de la ovación del estadio cuando fue sustituido.
Osasuna no pudo reponerse. Era un juego de impotencia, con algún balón final que se mandó al área a la desesperada que no generó nada reseñable. Debutó Svensson, que dejó detalles y al que dan ganas de verle más en unos tiempos donde falta energía.
