Athletic 2-2 Osasuna

Final amargo

A un buen Osasuna se le escapó el triunfo en el 95

Lucas Torró se lamenta durante el partido contra el Athletic Club
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Lucas Torró se lamenta durante el partido contra el Athletic Club
Lucas Torró se lamenta durante el partido contra el Athletic Club

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Fernando Ciordia

Actualizado el 11/05/2024 a las 23:54

A Osasuna se le escurrió de las manos un triunfo en San Mamés que ya acariciaba. Hubiera sido una merecida recompensa al mejor partido de esta fase tibia de la temporada que parecía conducir a ninguna parte. Bilbao era el escenario ideal para demostrar que este equipo estaba vivo, más allá de su plaga de bajas. Así fue con una fuerte personalidad, si se obvia esa fatídica acción con la que se cerraba la noche. Un balón colgado sin aparente peligro acababa en accidente. Sergio Herrera no lo blocaba con todo su favor y chocaba con la espalda de Catena, agachado para molestar lo menos posible. La tranquilidad de pensar que el trabajo estaba hecho dio paso al pánico de repente. La pelota se quedó suelta para Villalibre, que marcaba el 2-2 en el minuto 95 para desgracia osasunista.

Era el borrón a un choque de altura marcado por el compromiso de los jugadores de Arrasate como denominador común. En el partido de los fallos, otro de Mojica había generado anteriormente el 1-2 de Iñaki Williams. Por no hablar del que cometió Del Cerro en el VAR, sin avisar a Sánchez Martínez de un pisotón clarísimo en la segunda parte de Yuri a Rubén García en el área. Hubiera sido además la segunda amarilla para el lateral izquierdo vasco.

SUFRIENDO A NICO DE SALIDA

Fue una pena para los intereses de Osasuna no haber obtenido mayor cosecha en una plaza que ve perder a su equipo desde agosto. Los navarros se habían repuesto a las inclemencias del inicio. El Athletic torturó de salida como era de esperar. Ese ritmo frenético ponía contra las cuerdas a los rojillos, buenos sufridores siempre en San Mamés. Nico Williams abanderaba la revolución para encarar desde el perfil izquierdo en un duelo bravo con Areso que luego intercambió los papeles.

En ese cara a cara, a pecho descubierto, Rubén García se queda solo a campo abierto para haber aprovechado mejor el regalo que le dio Berenguer en un pase hacia su defensa. El valenciano, en una noche que coloreó de rosa, quiso cambiarse la pelota de pie para darle la bandeja a Raúl, pero Lekue se cruzó a tiempo.

Iñaki Williams replicaba con un gol que no subía el marcador al estar en posición incorrecta. Su hermano insistía para seguir desequilibrando y disparar después a Herrera. Berenguer, que estaba de falso 9, no atinó en un rechace posterior.

El ritmo le convenía más al Athletic hasta que Osasuna le bajó las pulsaciones. Los de Arrasate comenzaron a asomarse por los laterales y estaban bien armados con la madurez de Iker Muñoz en el eje, la presencia en mucho terreno de Pablo Ibáñez o la contención de un Lucas Torró que jugaba en una posición más adelantada. Las bajas obligaban a plantear una estrategia reactiva por dentro.

Cruzando ya la media hora de juego, Areso ponía un buen centro a Ibáñez que remataba fuera. La siguiente era más clara, la perdonó Rubén García a servicio de Peña sin atacar la pelota por alto. El de Xátiva volvería a tropezar, pero en su propia área, terreno sagrado. Nico hizo una maniobra y metió el pase a Berenguer, que aprovechó en la línea de fondo la desconexión de su para dar el pase de la muerte a Muniain. Marcó y celebró el chantreano, pero el VAR llamó a filas. Había un fuera de juego previo.

Osasuna sentía alivio y enseguida felicidad. San Mamés asistía al gol de Raúl García, pero no el gran homenajeado sino el delantero rojillo que tanta hambre tenía por celebrar un momento así. Torró tocó de cabeza hacia la posición de Mojica, que voleó con muchísimo veneno. El ariete metió el pie lo suficiente en un toque hábil de buen delantero y vio cómo la trayectoria cambiaba lo suficiente para llegar al rincón perfecto. El granadino completó una de sus mejores actuaciones, no ya por el gol.

Osasuna enmudecía San Mamés, que ya estaba viendo a un rival controlador. El compromiso de los hombres de Jagoba era cada vez mayor entre ayudas y concentración alta.

RUBÉN GARCÍA HACE EL SEGUNDO

Berenguer se quedaba en la caseta en el descanso y saltaba un delantero referencia como Villalibre. El camino se despejaba. Un pelotazo en largo de Areso buscando el cortocircuito en la zaga rojiblanca acababa en los pies de Rubén García, que se sacaba la espinita de la primera mitad. Su control en carrera fue exquisito, con un bote pronto que le hizo ganar el pasillo central. El Athletic llegaba tarde. La indecisión de Ander Herrera abría el camino. Rubén sacó su mejor punta de velocidad y fusiló a Unai Simón con solvencia.

Osasuna pasó a replegarse, pero se metió en problemas por iniciativa propia. Mojica cometió un error infantil en un balón claro para iniciar desde atrás. La pérdida golpeó en el pie de Ander Herrera con la mala fortuna de que el balón caía en poder de Iñaki Williams, que sin pensárselo dos veces lanzó un disparo impresionante por la escuadra. Nada que hacer para Sergio.

Había mucho partido por delante. Un pletórico Rubén García reclamaba después un penalti de Yuri por un pisotón en el área. Las imágenes delataron el error arbitral. El Athletic daba una zancada hacia adelante. Raúl García, el navarro, dejaba su sello en su oportunismo nada más salir.

Aimar Oroz era el primer cambio que ordenaba Arrasate desde el palco. Daba el aire necesario al partido. Pausa, imaginación y triangulaciones en el último tercio. Osasuna se serenaba, buena noticia. A falta de un cuarto de hora, se ejecutaba un triple cambio. Arnaiz, Juan Cruz y Jorge Moreno, un defensa del Promesas que debutaba en semejante escenario. Saltaba de lateral por un Areso tocado.

La calma era aparente. El tiempo añadido trajo el disgusto. Sergio Herrera había estado seguro en toda la noche, incluido una reciente parada a cabezazo de Villalibre. Y en la acción menos compleja de ejecutar, sacó su lado más humano. A cualquier portero le puede suceder. Al ir a atajar por arriba, la pelota golpeó en Catena sin querer y quedó en bandeja para el delantero rojiblanco. Un golpe de mala fortuna que no debería tapar la buena imagen que dio Osasuna en San Mamés en un momento de escasos estímulos en la temporada.

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