La crónica
Voltereta y caída
Dos golazos del Rayo condenaron la gestión del 0-1


Actualizado el 20/04/2024 a las 20:21
Dos misiles tumbaron a Osasuna en Vallecas en cinco minutos fatídicos. Los rojillos venían ofreciendo síntomas peligrosos en una segunda parte en la que se echaron hacia atrás hasta que cayeron noqueados por sendos zapatazos de Chavarría e Isi que rompieron las redes de Herrera. La victoria se esfumó cuando se vislumbraba de cerca la pancarta de meta. Escoció la voltereta de un Rayo con más alma y con más en juego al que se le dio una vida extra. Los papeles habían estado intercambiados previamente. Fue un Osasuna de dos versiones que acabó con el sopapo de la resolución. La que había agradado tanto por su forma de encarar el partido, presionar a su rival, competir cada duelo y profundizar con electricidad. Y la triste negativa, la que dejó a un lado esa guardia firme y abrió el camino de las arenas movedizas sin tanto control ni energía como había sucedido antes.
El Rayo de Iñigo Pérez cobraba el oxígeno que no había alcanzado en una primera parte de gobierno navarro que dejaba la lectura optimista de tomarse muy en serio este encuentro con los deberes hechos de la temporada. Por eso dolió ese cambio tan radical, méritos aparte del rival, porque sobre el tapete se habían manifestado las fortalezas futbolísticas y mentales de este digno Osasuna que no se dejaba llevar.
Los rojillos fueron menguando después hasta quedarse en la nada. Especularon demasiado con la renta obtenida que dejaron en un plano secundario lo más importante que ya habían sido capaces de demostrar. El Rayo se apropiaba de esa personalidad para venirse arriba y encontró su triunfo con dos sensacionales lanzamientos con la pierna izquierda que significaron un justo castigo para ese conservadurismo, condicionado porque cada vez quedaba menos gasolina en el tanque. Demasiados jugadores fundidos. La tarde se había hecho larguísima.
COMIENZO PROMETEDOR
El día 1 sin Budimir abría la oportunidad a Raúl García de Haro en el barrio madrileño. El ariete participó en el 0-1 en una bonita combinación con Moi Gómez, que vive su mejor momento del curso y que asumió el mando de una primera parte prometedora.
Osasuna era feliz con su agitación. Arrasate había tirado de experiencia en las bandas con dos futbolistas dinámicos y participativos. Rubén García volvió a exhibir la chispa con la que está terminando el curso. Un desplazamiento en largo de Herrando lo recogió con un control exquisito que limpió a su par para quedarse frente a frente con Dimitrievski, aunque sin el espacio suficiente para apuntillar. Rubén Peña, en el costado izquierdo, fue un martillo con su verticalidad y omnipresencia.
Iker Muñoz también amenazaba desde fuera del área, lo mismo que el de Xátiva nuevamente. Era un equipo sólido y veloz a partes iguales. Atrás, se baja del tren en marcha un David García que volvió a sufrir una lesión muscular, la que le tendrá apartado de nuevo varias semanas. Catena saltaba entre aplausos de los aficionados vallecanos, que no veían finos a los suyos, solo capaces de disparos exteriores y a cuentagotas.
Nadie que ocupaba una butaca en la grada tuvo que extrañarse cuando vio que Osasuna se adelantaba en el marcador. Ese empuje bien entendido daba rédito. Moi Gómez se entendía con Raúl con una doble pared que libró a la defensa rayista con criterio, presencia y habilidad. El gol tuvo su suspense. El alicantino terminó la acción con un disparo que dio en el palo antes de cruzar la raya. El efecto que cogió la pelota fue diabólico. Una curva que parecía controlada con un mando de videojuego con un final feliz, como si de billar o de golf se tratara.
LAS FUERZAS NO LLEGAN
El Rayo saltaba con otra actitud tras el descanso. Iñigo Pérez había puesto los pilas a sus jugadores. Osasuna se dejó embaucar por ese plan de que no pasara nada. Las secuencias de ataque eran más aisladas. Moi seguía caliente, pero no era suficiente. Las llegadas al área madrileña se dejaron de contar, excepción hecha de un disparo desviado de Pablo Ibáñez, que ya había atravesado el ansiado puente de la renovación automática.
Arrasate quería rearmar el centro del campo con la entrada de Moncayola y Torró, después también con la del debutante Asier Osambela. Nada menos que Falcao y Raúl de Tomás eran el plan B de ataque del Rayo. Osasuna había perdido metros en el campo. Las fuerzas no alcanzaban.
Chavarría enganchó una impresionante volea tras un córner que pasó por un bosque de piernas. El siguiente obús salía de la bota de Isi, que se incrustó por el carril central al ganar un saque de banda y ver espacio por delante a su disposición. Otro zurdazo de fuera, otro golazo. Ambos fueron imposibles para Herrera. No hubo réplica posible. Solo resignación. Los tres puntos le hubieran dado picante a la tabla.
RAYO VALLECANO: Dimitrievski; Balliu, Lejeune, Mumin, Chavarría; Valentín (Ciss), Unai López (Falcao); Isi, Trejo (Crespo), De Frutos (Bebé); y Camello (Raúl de Tomás).
OSASUNA: Sergio Herrera; Areso, David García (Catena), Herrando, Juan Cruz (Mojica); Pablo Ibáñez (Moncayola), Iker Muñoz (Torró), Moi Gómez (Osambela); Rubén Peña, Raúl García de Haro y Rubén García.
GOLES: 0-1 (min.28): Moi Gómez. 1-1 (min.79): Chavarria. 2-1 (min.84): Isi.