Anécdota
Osasuna, en la raíz de la gabarra
Hace 100 años, el Acero de Olabeaga bilbaíno estrenaba la tradición de surcar la ría que reflotó el Athletic después en 1983. Aquel equipo había ganado una final también en Sevilla. Y fue contra los rojillos


Publicado el 09/04/2024 a las 05:00
"Perdió Osasuna en Sevilla y sin embargo todo el mundo sigue convencido de su superioridad. Perdió con el equipo considerado como el más débil y esa pérdida adquirió caracteres de catástrofe”. De esta forma comenzaba la crónica Diario de Navarra en su número del 6 de mayo de 1924, hace casi un siglo, para hacer referencia a uno de los primeros hitos de un club fundado tres años y medio antes en el Café Kutz.
Acostumbrados a jugar contra rivales cercanos, los navarros se habían desplazado hasta el sur. El motivo era la disputa de la final del Campeonato de España de Serie B, un nivel inferior a la máxima categoría, que generó muchísima expectación en Pamplona (“la noticia al conocerse causó la decepción que se puede suponer en todo el que siente un poco de amor a la tierra que le vio nacer”) y en Bilbao. El rival era el Acero del barrio de Olabeaga y allí se fue el título.
¿Qué pasó? Osasuna no pudo evitar la derrota (2-1) y en la capital vizcaína se celebró una fiesta de grandes dimensiones que hizo estrenar la gabarra. Era el nacimiento de la tradición que el Athletic tomó heredada en los años 80 y que ahora acaba de reflotar tras haber ganado la Copa.
“Bilbao tributó al Acero un grandioso recibimiento en el que no faltó un detalle original ideado por el caballero deportista Manu Sota”, cuentan las crónicas locales de la época. Todo el equipo fue embarcado en una gabarra iluminada con antorchas y que, arrastrado por un remolcador, hizo su paseo triunfal. Un cántico se popularizó en esa época, para ser rescatado por la junta directiva del Athletic en 1983 y relanzar su gabarra para celebrar los títulos.
Las gabarras son embarcaciones de transporte sin motor arrastradas por un remolcador. Servían para llevar mineral en una época de ebullición industrial. Aquella idea triunfó y hoy reverdece. ¿Qué hubiera pasado si Osasuna habría ganado la final?
UN EQUIPO QUE LO DIO TODO SIN APOYOS
Los rojillos lograban el derecho de jugarla tras haber sido campeones de la fase territorial. La Federación Navarra todavía no existía y el equipo, en pleno crecimiento, estaba adscrito a la Guipuzcoana. En las eliminatorias contra otros campeones, ganaron al Atlético Club de Sevilla y al Tarrasa. Fue algo para recordar. Contra estos últimos, hubo duelo de desempate en campo neutral, Atotxa.
El conjunto rojillo se sintió desprotegido para jugar aquella final a tanta distancia. “Mientras el club de Olabeaga cuidaba a sus jugadores y los ponía en las mejores condiciones para obtener de ellos un resultado favorable, los jugadores de Osasuna se verían obligados a luchar en condiciones desastrosas. Un día y otro en partidos durísimos agotan las energías mayores. Y para final, el abandono incalificable en que la Federación Guipuzcoana ha tenido a Osasuna. Así se ha dado este resultado”, contaba este periódico sobre las causas de aquella derrota el 4 de mayo de 1924.
“Los jugadores han llegado al partido final completamente agotados y con la depresión natural producida por un viaje en tercera de dos días”. Las críticas eran feroces: “Si hubieran cumplido con su deber y no hubieran abandonado a Pamplona, el campeón de Guipúzcoa hubiera hecho el viaje a Sevilla en condiciones que hubieran garantizado el éxito: un técnico y un médico acompañando al equipo hubieran bastado. Osasuna no tiene dinero”.
Este diario le dedicó una de sus ochos páginas al partido por el impacto que había generado el acontecimiento. No era habitual darle este tratamiento a los rojillos, que formaron aquella tarde con Areta en portería; Pepito y Zozaya en defensa; Ochoa, Goñi y Pacho en el centro del campo; y Muguiro, Guru, Urquizu, Burgaleta y Eraso en la delantera. Guru marcó el gol. Era el 1-1. El partido no tuvo sentido llevarlo a Sevilla entre dos clubes cercanos. Se jugó con un asfixiante calor, motivo por el que se retrasó el comienzo. Fallaron las fuerzas.
Osasuna rozaba su primer gran trofeo. El Acero, entidad que todavía existe y que compite en categoría regional, se llevaba la gloria. Y un recibimiento en Bilbao que fue el germen de lo que el jueves se verá un siglo después en la misma ría.