Adiós de Arrasate

El día en el que nadie sonreía

Emoción contenida, silencios y tristeza en una comparecencia en la que los directivos estuvieron en primera fila y los técnicos en segundo plano

Garro, Muniain, Piquer, Pérez de Zabalza y Burguete, en El Sadar
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Garro, Muniain, Piquer, Pérez de Zabalza y Burguete, en El Sadar
Garro, Muniain, Piquer, Pérez de Zabalza y Burguete, en El Sadar

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Fernando CiordiaMaría Vallejo

Actualizado el 27/03/2024 a las 18:04

La tarde era fría en Pamplona, pero nada comparado con la temperatura gélida que reinaba en El Sadar en los minutos previos a la rueda de prensa más esperada de los últimos años. Un mensaje del club a los medios de comunicación a primera hora de la tarde congregaba a dos decenas de periodistas y otros tantos reporteros gráficos en el estadio. El runrún era claro: pesimismo con la continuidad del técnico.

El primero en llegar al lugar fue Bittor Alkiza, que aparcaba su vehículo a las 17:20. El segundo entrenador aguardó unos minutos a que Jagoba apareciera para acudir juntos a la sala de prensa, acompañados por su representante Mikel Abete. Los tres caminaron a paso lento hacia la puerta de vestuarios. Unos metros por detrás, sin apenas interacción con los técnicos, les seguía el directivo César Muniain. Pocas palabras, un saludo y para dentro. Un minuto después, hacía acto de aparición Luis Sabalza, acompañado de su pareja. Muy serio y cabizbajo el presidente. Silencio.

Fue un día de caras largas en Osasuna. Lo había sido por la mañana en Tajonar, cuando el técnico había transmitido a sus ayudantes y los jugadores que no seguía. Y lo fue durante toda la comparecencia. Jagoba tenía los ojos rojos, pero Braulio casi no levantaba la voz y Luis Sabalza estaba emocionado. Antes de saber qué iba a ocurrir, en el ambiente ya se veía que no iba a haber una buena noticia. Ni cordialidad, ni sonrisas.

Cerca de las 18 horas, cuando estaba fijada la comparecencia de Jagoba, fueron llegando todos los componentes del cuerpo técnico de Arrasate, que permanecieron en segundo plano, como siempre, dentro del perfil discreto de los Bittor Alkiza, Richard Sanzol, Sergi Pérez y compañía. Todos querían estar con él en el día de una decisión de vital importancia. Los directivos ocuparon la primera fila.

Fue difícil encontrar un momento que aliviara la tensión. Braulio, muy afectado, trató de bromear hablando del “whatsapp con cuatro amigos” que ya no continuará hablando de fútbol al marcharse el míster. “Ahora hablaremos de otras cosas”, señalaba el director deportivo, más amigo que compañero de Jagoba. “Braulio ha estado hasta última hora al mediodía insistiéndome”, decía el de Berriatua. El gallego dejó atisbar una pequeña sonrisa algo forzada. No era día para estar contentos. Sabalza escuchaba con la mirada perdida, como si no estuviera presente.

Jagoba mantuvo la compostura dentro de su emoción, pero no pudo evitar estar al borde del llanto cuando mencionaba a su familia. Era una de las intervenciones que más expectación ha levantado en los últimos tiempos en el club, si no la mayor, y la sala de prensa estaba a rebosar.

“Nos vemos en la necesidad de encontrar un sustituto para Jagoba. No había plan B, sólo había plan A. No hemos pensado en Mourinho, por decir uno”, señalaba Sabalza en tono humorístico, aunque pocas ganas había de reír.

Conforme transcurría el tiempo, Jagoba parecía liberarse de un peso que le ha agobiado estos últimos meses. Incluso interactuó ya más relajado con los periodistas. Su primera sonrisa amplia llegó cuando le comentaron: “Ya no te preguntaremos más por la renovación”. Aseguraba que cuando vuelva a Pamplona y Mutilva será con una sonrisa.

EL BERTSO QUE NO CANTÓ

Pero hubo más momentos para la voz entrecortada, como cuando recordó como se lo había contado a sus hijos. “La hija mayor se hacía a la idea, el mediano no sabía nada -se emocionó especialmente en ese instante-, el pequeño no se entera mucho”. Incluso al rememorar el momento en el que lo transmitió a Cata y Braulio tuvo que sacar la lengua para aguantar las ganas de llorar.

Jagoba habló en castellano en la rueda de prensa, pero abrió su intervención en euskera, su lengua habitual y que ha defendido a gala siempre. Hasta el final fue fiel a sí mismo. Lo único que le faltó es recitar un bertso, esas pequeñas canciones improvisadas en euskera que más de una vez ha entonado el técnico en ocasiones especiales. No se lanzó, pero aseguró que hubiera incluido tres palabras en él: agradecimiento, felicidad y sentimiento rojillo.

Cuando terminó el técnico, el directivo José Andrés Burguete incitó a sus compañeros a aplaudir a Jagoba “¿Nos levantamos?”, les dijo haciendo un gesto con la mano, aunque sólo se quedó él de pie. Tampoco en el adiós se vieron apenas sonrisas y se quedó una sensación fría, como la tarde pamplonesa.

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