Afición
Tres atenciones en la grada visitante por golpes en la cristalera tras el gol de Budimir en el Reale Arena
Esa protección de seguridad de unos siete metros de altura se puso hace un año para evitar el lanzamiento de objetos hacia la parte baja


Publicado el 11/02/2024 a las 05:00
La afición de Osasuna desplazada al Reale Arena se llevó una gran alegría tras el gol de Ante Budimir y una parte vivió después un buen susto porque algunos de ellos se golpearon con la cristalera situada delante en plena celebración. Tanto es así que tres seguidores tuvieron que ser atendidos por efectivos de la Cruz Roja en la misma grada por heridas de carácter leve.
Esa protección de seguridad de unos siete metros de altura se puso hace un año para evitar el lanzamiento de objetos hacia la parte baja, ya que las aficiones visitantes generaban problemas a la zona familiar situada debajo. Algunos rojillos también mostraron su malestar por problemas de visibilidad desde esa parte del estadio.
Carnaval de rojo en el Reale Arena
La tranquilidad que se vivió en las calles de San Sebastián en los prolegómenos del partido contrastó por completo con el estallido de alegría de la marea roja en las gradas del Reale Arena. Dosis de orgullo y de felicidad para el osasunismo. La despedida a los jugadores convirtió Anoeta en una especie de Sadar improvisado. Una conexión especial en una jornada intensa.
La ciudad vecina amaneció con el anuncio por parte de las comparsas de suspender sus desfiles de Carnaval ante el aviso amarillo por rachas de viento de hasta 100 km/h. La borrasca ‘Karlotta’ fue haciendo acto de presencia con el paso de las horas. Lluvia intermitente, por momentos fuerte, y un vendaval que tumbaba los paraguas. En este contexto, el ambiente durante la mañana fue impropio de un derbi con escenas alejadas de las tradicionales calles atestadas de aficionados de ambos equipos. Hubo presencia de seguidores pero reinó la calma absoluta y también el clima sano entre el rojo y el txuri urdin.
CLIMA FRÍO Y DE HERMANDAD
Los más previsores trataron de dejar el coche en el parking de Illumbe para desplazarse al centro de la ciudad en autobús. La agencia Gorriak On Tour, como es habitual, desplazó autobuses a San Sebastián en uno de los viajes marcados de la temporada. La estampa no mejoró mucho ya en el Casco Viejo. Varios grupos de seguidores esperaban con tranquilidad la hora del partido mientras disfrutaban de variopintos disfraces que tiñeron las arterias de la capital guipuzcoana de colorido. Pocas bufandas al viento y menos cánticos en una previa ciertamente descafeinada.
“¿Dónde está la afición de Osasuna?”, se preguntaban los curiosos que callejeaban en busca de más seguidores. La Real Sociedad envió 600 entradas para ocupar la zona visitante, que el club navarro sorteó ante la alta demanda de sus socios y simpatizantes. Sin embargo, la presencia de aficionados fue un goteo en las calles y, cuando irrumpía la lluvia, los bares servían de refugio momentáneo.
DEL APOYO A SADIQ AL GOL
El carnaval también hizo acto de presencia con fuerza en los prolegómentos del partidos. Incluso la mascota -que simula el escudo de la Real Sociedad- estaba tuneada para la ocasión a modo de pirata. Tras el calentamiento de ambos equipos, alrededor de cien personas tomaron el terreno de juego para completar una coreografía que hizo las delicias del graderío.
Los cánticos comenzaron entonces con fuerza. Primero, de la grada osasunista para que la afición local tomara el testigo. La mancha roja se situó encima de uno de los córners pero también se vieron camisetas y bufandas osasunistas mezcladas. Hubo apoyo a Osasuna desde el calentamiento. lo agradecieron los jugadores. Pese a estar en el anillo superior y separados por una cristalera se notó el aliento.
El único momento tenso se vivió cuando Osasuna no devolvió el balón tras el penalti que pidió André Silva. Abucheos.
Y el Reale Arena pasó de arropar a Sadiq tras sus ocasiones falladas en Mallorca, a escuchar otro grito de guerra. El rugido absoluto llegó en el minuto 49. “¡Budi, Budi!”, coreraron los rojillos. El cisne de Ozimica miro hacia esa zona pletórico y con esa celebración característica con los brazos abiertos. Era el momento de Osasuna.
CELEBRACIÓN POR TODO LO ALTO
El sufrimiento posterior puso a prueba los corazones rojillos, pero el muro de los de Arrasate siguió firme. Era día de celebración fuera de casa cuatro meses después. Jugadores y afición soltaron la tensión acumulada para fundirse en el clásico “Somos un equipo’, que precedió al ‘Riau Riau’ como broche.
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