Entrevista

Rubén Peña: "Nunca me propuse ser futbolista"

Es curiosa su trayectoria. Con 17 años seguía jugando con sus amigos y hasta los 21 no salió de Ávila, donde creía que había tocado techo en Tercera. Luego fue ascendiendo como un cohete, a la velocidad que lo hace en la banda de El Sadar

Rubén Peña, al término del entrenamiento de ayer en Tajonar. Es su primera temporada en Osasuna
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Rubén Peña, al término del entrenamiento de ayer en Tajonar. Es su primera temporada en Osasuna
Rubén Peña, al término del entrenamiento de ayer en Tajonar. Es su primera temporada en Osasuna

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Fernando Ciordia

Actualizado el 19/05/2023 a las 07:48

Octubre de 2019. Osasuna es un cañón en su regreso a Primera. Es la octava jornada y remonta a todo un Villarreal. Esa noche, un rival siente un flechazo que le marca. El destino le llevará a vestir rojo. Es Rubén Peña (Ávila, 1991), un futbolista que ante el micrófono se muestra con la misma frescura y naturalidad que en el verde. Siempre de cara.

¿Qué tal se encuentra?

Muy bien, con muchos ánimos y con la pena de esa final que no pudimos ganar. Hubiera sido un broche genial. Ya no solo el título, también era ir a la Europa League. Ahora estamos preparados para lo que venga.

¿Les hace ilusión ir a la Conference?

Lo vamos a intentar al máximo. El calendario es difícil, pero hemos demostrado que podemos. Estamos preparados. Tenemos confianza. Por esfuerzo no va a ser.

¿Qué se le quedará grabado de la final?

A mi familia le digo que no le damos valor. Te quedas mal, pero hay miles de jugadores que no llegarán. No hubiera imaginado perder y quedarte con esa sensación de haber ganado. ¿Por qué? Por cómo nos hemos sentido respaldados, antes y después. Caes y la gente está ahí. La afición dio una exhibición.

Ya tenía experiencia de jugar finales con el Villarreal. ¿Con Osasuna fue distinto?

Me preguntaban compañeros. Estuve en dos, la Europa League y la Supercopa. Se vive con la misma ilusión, pero con esta afición tienes otra sensación. No solo es estar en las cosas bonitas y animar porque te la estás jugando. Aquí, el día a día es jugar finales. En pretemporada hubo amistosos con las gradas de Tajonar llenas. Aquí están siempre. Es algo que impresiona. Voy al colegio y veo camisetas de Osasuna. Vengo de Ávila y ahí te enseñan a ser del Barcelona, del Atlético o del Real Madrid. Aquí somos de Osasuna y no tenemos segundo equipo. Con eso gana el fútbol. Ese sentimiento por Osasuna no se tiene que perder. Los jugadores nos sentimos privilegiados por venir a un club con una afición así. Hay pocos clubes que lo puedan decir. Yo soy de Osasuna y me da igual todo lo demás.

¿Vinicius les tocó mucho las narices?

No me gustó la falta de respeto hacia la afición. Le sobra decir lo qué es el Real Madrid y señalarse el escudo o el Mundialito. Por mucho que es el Real Madrid, Osasuna también lo es. Los jugadores representamos a unos clubes. Tú defiendes al tuyo y hasta ahí. Seguro que irá aprendiendo con el tiempo.

Hábleme de El Sadar.

Puedes tener un mal día, pero rápido te enchufas. Te contagian. En el calentamiento vas notando el ambiente y cómo van apareciendo y animando. Rindes más así.

¿Cumple o supera sus expectativas el club?

Hace unos años no estuve lejos de firmar por Osasuna, desde el Leganés, pero ya lo tenía todo hecho con el Eibar. De los años posteriores tengo un partido que me marcó con en el Villarreal. Íbamos ganando 0-1 con gol de Pau Torres y nos dieron la vuelta con goles de Roncaglia y del Chimy. Me quedé con esa energía que les daban desde la grada, cómo nos sometían cuando estaban cerca de nuestra área. Te llegas a sentir asfixiado. El final también se me quedó grabado. Siempre tenía esa espina. Fue un flechazo. Pensé: “Me gustaría jugar algún día en Osasuna”. Luego se tendrían que dar muchas cosas, pero ocurrió con el tiempo. Se dio la situación de Villarreal y quería ser importante.

¿Cómo fue el cambio?

Quería sentirme valorado. Tenía dos o tres opciones. Hablé con mi mujer y la familia. Estaba de bajón por el tema de minutos y perdiendo ese futbolista que tenía dentro. Sabía que si Osasuna me empujaba, sería el Rubén Peña de los primeros años de Villarreal y del Eibar. ¿Estaba en un buen club? Sí. ¿Sentía lo que hacía? A lo mejor, no tanto. Veía el juego de Osasuna y yo juego por banda… Soy vertical. Era lo más parecido a mis mejores años con Mendilibar. Me viene bien el estilo y cómo empuja la afición. Necesitaba eso que hace que te saque todo lo que tienes dentro. Aquí estaba todo.

¿Le daba muchas vueltas?

Era lo que más miedo me daba y me preguntaba: “¿Por qué ya no tengo ese hormigueo antes de los partidos?”. Había perdido esa esencia. Me estaba volviendo loco por dentro. Me echaba la culpa. Sabía que cuando tomé la decisión de venir a Osasuna, se daría todo para recuperar mi mejor versión. Que el fútbol me llenara otra vez. Ser feliz.

Rubén Peña se marcha de Camavinga en la final de Copa de Sevilla
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Rubén Peña se marcha de Camavinga en la final de Copa de SevillaEFE
Rubén Peña se marcha de Camavinga en la final de Copa de Sevilla

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Algún aficionado le vio en la Estafeta con su familia antes de que su fichaje fuera oficial.

Intentamos ir un poco camuflados pero... (risas). Vine para estar seguro de la toma de decisión. Le dije a mi mujer: “Llámame loco, pero me siento un observado”. Y Silvia: “Venga, anda, ya estás obsesionado”. Eres consciente y lo notas. Braulio me mandó un mensaje para decirme que se estaba comentando que me habían visto. Le dije que había venido a conocer la ciudad. Soy padre de familia y había que mirar colegios. Fue la prueba de qué es Osasuna. Navarra es Osasuna, nadie más. ¡Fue una cazada! (risas)

Entró en el vestuario y…

Salvo a algún chaval del filial, les conocía a todos de haber jugado contra ellos. Había respeto profesional. Iban a ser mis compañeros y me había informado. Llegas y llamas a todos por su nombre, sabes cuál es su estilo de juego y cómo darles el balón.

Al jugador de fuera se le acoge bien.

Es un vestuario que es la leche. Es normal que la base sea de Navarra, salen muchos jugadores de la cantera. Pero a partir de ahí, se necesitan jugadores de fuera que se adapten rápido y tengan la idea de Osasuna.

Braulio le definió así: un jugador de la calle.

Tal cual, yo me siento así. No he estado en ninguna cantera. Con 17 años jugaba con mis amigos. Nunca me propuse ser futbolista. La vida me ha llevado a ello. No sé por qué. Tendré algo innato. Llegué del equipo del barrio de Ávila al Real Ávila de Tercera. Lo afrontaba como un navarro que llega a Osasuna. Estaba representando a mi ciudad. No quería salir. Jugué de los 18 a los 21 años. Hasta que los compañeros me dijeron: “Sal, tienes todo para ser profesional”. Les llamaba locos. En dos años me presenté en Segunda. Llevo ocho temporadas en Primera.

No es una trayectoria al uso.

Muchas veces los padres decimos: “Mi hijo va a ser futbolista”. Yo era lo contrario. Los niños tienen que disfrutar del fútbol. He disfrutado. Mis padres tenían una finca y me hacía el camino en bici a un pueblo de 300 habitantes. Me ponía solo a pegar tiros. Eso era siempre, hasta los 20 años. Había un parón en Tercera y jugaba con mis amigos los torneos 24 horas de los pueblos. Hay gente que ha estado en canteras y no han podido vivirlo. Tienen sus contratos. Yo no. He vivido normal, sin pensar en ser futbolista. Jugaba a fútbol 7 y me ponía hasta de portero.

¿Y no tenía ese sueño?

Yo lo veía imposible. En Ávila no daba para más. Jugaba en la regional juvenil. Era delantero y marcaba 38 goles en 22 jornadas. Me creía bueno, sí. Pero el nivel era el que era. Disfrutaba, hacía un par de goles y se los dedicaba a la que es mi mujer ahora, y a la noche a tomar algo. Entrenábamos dos días. Lo típico. Dos pases, dos tiros, partido y se acabó. Es verdad que en mi casa ha gustado siempre el fútbol. Soy observador. Me encanta. Con los años, lo he ido entendiendo mejor. Doy las gracias a todos los que me han ayudado. Si se meten pájaros en la cabeza, puedes equivocarte. Eso no lo he tenido.

¿Le pagaban algo en Tercera?

Algo, pero para invitar al Burger King. No miraba ni el dinero. Queremos ganar con 15 años unas cantidades desorbitadas y luego qué. Quizá lo mejor será ganar de poco en poco e ir sintiéndote importante para crecer. Como dejes de disfrutar, estás muerto. Es esencial disfrutar. Somos privilegiados.

¿Qué le gusta hacer en Pamplona?

Soy muy familiar. Ocupo el tiempo con los niños. Me gusta la gastronomía. Nos gusta salir a comer, cenar o tomar algo. También estar en casa y descansar. Son años que lo tienes que hacer. Ya tendré tiempo para hacer lo que quiera. Debemos cuidar detalles.

¿La gente le reconoce?

Sí, sí. Cada vez que voy al colegio hay que días que tardo en salir, pero para mí eso es una maravilla, hacer felices a los niños por un simple autógrafo o una foto.

Se suele hablar de la burbuja del futbolista.

Para mí, eso es espectacular. Ojalá lo hubiera vivido en mi infancia en Ávila. Poder flipar un poco padre e hijo con un jugador de Primera. Veía a un profesional y me quedaba observando sin decir nada. Ahora soy yo el jugador. Poder hacer felices a los niños es de las mejores cosas de esta profesión. Con un simple gesto, lo que sea.

Ávila no es cuna de futbolistas.

Soy el décimo en la historia. Allí me conocen más. He vivido esos años intensos hasta los 21. Todo el mundo puede decir que ha jugado o vivido alguna experiencia con Rubén Peña. Espero que buena (risas).

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