Entrevista

Ruben Peña desvela qué sucedió con su lesión en el cuádriceps

El abulense afirma: "La gente no se hará a la idea de cómo ha sido mi recuperación"

El futbolista abulense, junto a Abde, en Tajonar
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El futbolista abulense, junto a Abde, en Tajonar
El futbolista abulense, junto a Abde, en Tajonar

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Fernando Ciordia

Publicado el 19/05/2023 a las 07:46

¿Cómo ha ido discurriendo la temporada?

Empecé jugando y después del Villamarín tenía unas molestias. Eso pasó porque venía fuera de forma. Puede ser mi culpa. Es una realidad. El cambio de club, los parones, la lesión del año pasado de clavícula… Me faltaba ritmo. No hace falta que hablemos del ritmo de entrenamientos que hay aquí (risas). El cambio hizo mella. Luego, Nacho estaba bien y hablamos con el míster de ir despacio. Acabé jugando, pero llegó el Mundial. ¿Qué se le va a ser a hacer?

El 5 de enero cae lesionado en el cuádriceps en el partido de Copa en Tarragona.

Habíamos hablado que iba a estar unas cinco-seis semanas de baja y finalmente se convirtieron en tres meses.

¿Qué pasó?

Fue un momento difícil, más de lo que la gente pueda pensar. Una lucha conmigo constantemente, con pensamientos negativos. A la vez, intentaba sacar lo mejor de mí, que en el día a día no se me notase con los compañeros. Sé que tenía que aportar mucho por lo que había en juego. Nos precipitamos por querer llegar antes de lo debido. Las sensaciones eran buenas, a raíz de la tercera semana. Vimos que no llegaba a ir convocado para la Copa contra el Sevilla y luego estaba el siguiente en casa contra el Atlético de Madrid. Esa tarde de la noche de Copa hicimos un entrenamiento aquí y yo noté algo. En ese momento, cambió toda mi recuperación. Yo decía que no me había gustado lo que había notado, que había podido hacer algo de más. No se le dio la importancia que tenía. ¿Qué pasaba? Desde entonces, se estaba agrandando la rotura. Día a día. Sin que lo supiera. Yo estaba intentando entrenar, hacer todo lo que me decían y con mala sensación. Daba un paseo con mis hijos y los perros y algo me pellizcaba hasta andando.

No era nada normal lo que ocurría.

El que llevaba mi lesión no le daba la importancia que tenían mis palabras. Hasta que llegó un día, no sé si llevaba siete semanas, que pedí que se me hicieran pruebas. Se vio que tenía sangre. Tuvieron que quitarla, incluso dos veces. Se vio que tenía una rotura más grande que al principio.

¿Qué hizo entonces?

Di un cambio radical con el médico del club, Andrés, con Pablo el readaptador, con los fisios… Con gente externa como Jose Vilariño, que nos ha echado una mano en todo para ser un complemento. A partir de ahí, comencé a dar pasos avanzados y firmes. Lo que podía hacer sido cuatro meses perfectamente se convirtieron en tres.

Se trataba de una lesión importante que en esas fechas por cierto no trascendió.

Me transmitieron que cada pellizco y pinchazo que notaba era que la rotura se hacían más grande. Se estaban rompiendo las fibras. Tenía una buena rotura y estaba haciendo readaptación en el campo.

Se le ve afectado por lo que pasó.

Es una experiencia más. En los momentos difíciles es donde se ve a la gente de verdad. Tuve el respaldo de todos los compañeros, de Andrés el médico, una gran persona por cómo llevarlo, los readaptadores, los fisios... Quiero recalar el trabajo de Asier. Ha estado día y tarde conmigo. Conocí a Jose Vilariño, que ha hecho un trabajo brutal. He estado con cinco o seis personas cercanas a mí. Era lo que necesitaba. La gente no se podrá hacer una idea de cómo ha sido esta recuperación. He llegado a casa días a las diez y media u once de la noche sin ver a los niños. Yo solo quería recuperarme.

Hasta que llega un día en que ve la luz.

Pero esa luz estaba nublada. Te dicen que son cinco o seis semanas máximo. Empiezo a ver la luz y han pasado ocho. Piensas que ya tendrías que estar jugando. ¿Cómo asimilas eso? Quería borrar de mi cabeza lo que se había hecho mal y pensé: “No ha pasado nada antes, esto es el día 1”. Empecé a ir al gimnasio y trabajar fuerte. Me he quedado más fino. Quería ponerle remedio con estos pequeños detalles importantes para estar bien. Desde que he vuelto, me estoy encontrando mejor que en mis años anteriores. Estamos viendo un Rubén Peña que viene de tres meses lesionado y un periodo de adaptación. Se puede decir que son casi cuatro. Porque ese parón se nota. Mi estado físico es cada vez mejor. Iré a más. Me conozco. Tengo muchas ganas de seguir avanzando la temporada y de ponerme manos a la obra para la siguiente y seguir lo que he empezado.

¿Tiene la sensación de que se le queda corta su primera campaña en Osasuna?

Es jodido. Somos personas. Notaba que se preguntaba: “¿Qué pasa con Rubén Peña?”. Los jugadores no estamos ausentes. Son momentos delicados y necesitas respaldo. Puedo decir bien alto que soy un afortunado. Lo que me han demostrado los compañeros o Jagoba es espectacular.

¿Qué ha aprendido de todo esto?

La que más me ha aguantado ha sido mi mujer. Llegas a casa y estás cabizbajo. Hay momentos de querer llorar y pensar por qué a mí. Te sientes como todo te pasa a ti y te das con el látigo. Con la rotura de clavícula de antes… Me venía todo lo que no me había venido antes. Hoy en día el ritmo es fundamental para ser futbolista, aparte de entender el juego o tener el toque de balón. Cada vez somos más atletas. Eso te lleva al límite. Si no estás, te come cualquiera. El rival, el compañero que venga de abajo… Lo mejor es que en este tiempo he vuelto a crecer y madurar. Luego te pones a pensar. Mira la lesión de Darko y cómo lo está afrontando. Tuvo dos horas malas y su cabeza lo aceptó. Cambió el chip y míralo. Pero en la vida hay peores palos que nuestras lesiones. Desafortunado es el que no llega a fin de mes o tiene una desgracia familiar.

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