Final de Copa
La visibilidad de La Cartuja, en las antípodas de El Sadar
El estadio de La Cartuja, concebido para organizar pruebas de atletismo, presenta dos claras diferencias sobre el recinto rojillo. La distancia de la grada al terreno de juego es bastante mayor y la inclinación ofrece más lejanía al ser más abierta


Actualizado el 17/04/2023 a las 08:12
No hay como visitar otros estadios para comprobar la singularidad de El Sadar. La cercanía con el terreno de juego ha sido siempre una marca distintiva para apoyar al equipo y presionar a los jugadores rivales. Ese sello se ha conseguido mantener con la última reforma. La grada está pegada al verde y la verticalidad permite en el plano visual estar conectado a lo que sucede.
La visibilidad más allá de la altura y ubicación permite vivir los partidos de una forma diferente en comparación a otros recintos. La Cartuja se encuentra en las antípodas. Los miles de aficionados de Osasuna que se van a desplazar (puede haber más de 23.000) serán testigos de la segunda final de la historia con las emociones flor de piel, pero tendrán que seguir el partido en otro contexto al que están acostumbrados.
Unos 14.500 aficionados rojillos se sentarán en el fondo sur del estadio sevillano, que fue concebido para el Mundial de Atletismo de 1999 y para una futura candidatura de unos Juegos Olímpicos que no se hizo. Todos estarán bastante más alejados que en El Sadar, donde la distancia de la primera fila de asientos al punto más cercano del campo es de unos 6 metros prácticamente en todo el perímetro. La Cartuja no tiene nada que ver. Haciendo una medición con Google Earth, este tramo alcanza los 41 metros (94 al centro del campo). En la grada lateral, donde habrá al menos 8.500 rojillos, el punto del primer asiento sobre la raya de banda es de 28 metros (61 al centro del campo).




El aspecto recuerda al antiguo Anoeta, escenario conocido por la viajera afición rojilla, pero hay más incomodidades. La Federación Española saca a la venta las localidades de visibilidad reducida. Son asientos pensados para seguir la práctica de unas pruebas de atletismo determinadas y no lo que suceda en un campo de fútbol que luego se adaptó.
MENOS VÉRTIGO
La verticalidad es otra clara diferencia. La Cartuja es un recinto mucho más abierto, aparte de mayores dimensiones. De hecho, el trazo desde la cubierta de cada fondo tiene 269 metros por los 175 de El Sadar. Entra en juego la inclinación aparte de la pista de atletismo. El coliseo rojillo presenta unos 40 grados y es uno de los mayores en este sentido en Europa. Los arquitectos y constructores de la reforma respetaron esa sensación de cercanía en la grada nueva. Por ahí, no vendrá el vértigo en Sevilla.
