Ambiente
El graderío también se vació
La asistencia bajó en 5.342 espectadores, pero la afición se dejó notar


Publicado el 07/03/2023 a las 06:00
Las nueve de la noche del primer lunes de marzo, el subidón de la Copa del Rey todavía en el cuerpo y sin apreturas clasificatorias. Poco donde agarrarse y muchas excusas para quedarse en casa. Incluso el partido se pudo ver en abierto. Para más inri, el rival, el Celta de Vigo, tampoco servía como un gran aliciente para bajar a El Sadar. Aun así, hasta 17.684 espectadores se congregaron en el feudo navarro. No fueron los 23.026 del pasado miércoles frente al Athletic de Bilbao, pero fue una entrada aceptable si se analizan los aspectos anteriores.
Se vieron butacas vacías, en concreto 5.342 más que en las históricas semifinales, pero el ambiente no defraudó. Graderío Sur, esta vez sin tifo ni bengalas, fue el director de orquesta. Habitual Vals de Astráin y primeras protestas nada más comenzar el encuentro por un pequeño rifirrafe entre Abde y Hugo Mallo. El marroquí encandiló al pabellón con sus regates y encendió también al público al ser objeto de numerosas faltas.
Osasuna, con su juego de posesión, también ayudó a que se generara un ambiente bonito. Un dominio casi total del esférico durante la primera parte con tramos de hasta el 70%. El Celta de Vigo, que venía de anotar tres al Valladolid y marcar en sus últimos cinco compromisos, se quedó empequeñecido. El ogro celeste, de la mano de Iago Aspas o Gabri Veiga, disminuyó su tamaño y fiereza de forma considerable en El Sadar. Parecía una noche propicia para asomarse a Europa y colocarse con 36 puntos, pero faltaba el gol.
Ni siquiera hubo que festejar ningún tanto en el Lactugol del descanso. Disparos sin fuerza, muy lejos de ver portería. La segunda mitad siguió por los mismos derroteros. El Celta movió ficha con los cambios y pronto supo que Aitor Fernández iba de negro, como homenaje a Iribar. Hasta entonces no se había acercado al área rojilla. Momentos de dudas y donde podían temblar las piernas por el esfuerzo físico en la Copa. Ahí estuvo el graderío, ese jugador que siempre es titular en casa. Los cánticos llenaron el tanque de gasolina de los protagonistas. Hubo gol, sí. Se festejó, también. Pero se anuló por un cortocircuito del VAR. Fue un lunes agridulce en todos los sentidos.

