Patxi Puñal, bodas de plata en El Sadar
"Fue un orgullo terrible defender a Osasuna", valora el capitán por excelencia en el 25 aniversario de su estreno


Publicado el 14/10/2022 a las 06:00
7 de octubre de 1997. Un canterano llamado Patxi Puñal jugaba por primera vez de titular en Osasuna y se estrenaba en El Sadar. Ya había roto el hielo en junio participando unos minutos en Eibar. Era un partido de Copa contra el Sporting de Gijón. Cinco días más tarde, el 12 de octubre, el ‘34’ rojillo debutó en Liga, en Segunda, disputando 6 minutos contra el Ourense. Tercer partido en el contador particular. Cuatro, cinco, seis... y así hasta llegar a 531 encuentros defendiendo el escudo de Osasuna, el jugador que más veces lo ha hecho. Se cumplen 25 años de aquella aparición. El origen de la leyenda. Bodas de plata pintadas de rojo. Puñal es Osasuna y Osasuna es Puñal.
A sus 47 años, vive a gran velocidad. Su teléfono echa humo. Padres, agentes, compañeros de trabajo y jugadores, al otro lado. Desde julio del año pasado vive intensamente su faceta de director técnico de Tajonar. “Cómo ha cambiado esto, es una alfombra”. Camina por el estadio en el que tanto tiempo ha pasado. Primero en la grada siendo un niño, cuando acudía con su padre desde que tenía 5 años; después en el campo, convertido en estandarte y con un último partido de doloroso recuerdo; ahora, como empleado y socio.
El trayecto natural del canterano. Se siente “querido y valorado” por el osasunismo. “Cuando me retiré no me creía que había pasado tantas tardes aquí”, comenta en el inicio de la charla con este periódico. Puñal entra en el túnel del tiempo.
¿Qué recuerda de los inicios?
Me vienen muchos recuerdos y todos buenos. Mis inicios en aquellos momentos los tengo muy bien guardados. Los comienzos son los que más tengo grabados a fuego. Recuerdo aquellos nervios del comienzo, tenías que enfrentarte ante jugadores que veías en la televisión. Tenías que demostrar que estabas a la altura y los nervios eran tremendos. Cuando pasaron los años casi echaba de menos aquellos nervios.
¿Y eso?
Siempre digo que en mi carrera ha habido un proceso. Primero tuve que demostrar a la gente y a mí mismo que podía con la categoría, era un examen diario. Luego hubo una época en la que sabía que iba a estar bien. Esa seguridad de manejar tu entorno. Aunque te haya sentado mal la cena, tengas catarro o haya pasado una mala noche sabía que lo iba a hacer bien. Luego echaba de menos esos nervios y costaba recuperar, ponerme en forma... Pasé tres fases.
¿Cuál fue su momento más feliz en El Sadar?
No me quedo con un momento. Sí recuerdo mucho que cuando en diciembre (2013) decidí retirarme, me marcó cada salida al campo, cuando cantaba la gente el ‘No podrán parar’ y cuando sonaba el himno de Osasuna al entrar al estadio. Dices: “No lo voy a escuchar más... Esto se acaba (se emociona).
¿Cómo recuerda el debut?
Hay mucha gente que empieza, que debuta, pero luego hay un porcentaje de tener acierto y suerte. Yo había debutado en Eibar, luego jugué contra el Sporting en la Copa. Recuerdo una entrada que le hice a Cheryshev a última hora... Luego volvió a jugar en Copa contra el Racing y marqué casi desde el centro del campo. Era mi primer gol. Ahí se desencadenó todo. Recuerdo que fui a cenar a casa de unos amigos míos y pedimos unas pizzas. No dejaba de sonar el teléfono. Me llamaba José María García. Yo jugaba en el filial y me preguntaba por las botas. Alucinó con que me las comprara yo, pero es que jugaba en Segunda B. Empezó el ruido y tuve más relevancia.
Tuvo que salir a Leganés.
No conseguía jugar en el primer equipo, era joven, tenía 23 años. No había participado apenas. Necesitaba jugar. Fui con toda mi pereza a Leganés, sabía que tenía que hacerme un camino y por eso fui. Venía de estar en casa de mis padres, en el pueblo (Huarte), donde nos conocíamos todos, y fui a Madrid a vivir solo y a sacarme las castañas del fuego. Te juntas con gente que está como tú, te abres. Los problemas los resuelves tú y eso te hace madurar.
¿Qué supuso jugar en El Sadar y en Osasuna?
Para mí fue un orgullo terrible. Con 5 o 6 años venía a El Sadar a ver los partidos de Osasuna con mi padre. No solo eso. Me encantaba el ambiente del fútbol. También íbamos a Tajonar. Iba con tiempo para verles calentar, además en Tajonar me podía acercar hasta un metro. Escuchabas el golpeo del balón y sentías ese olor a hierba. Me gustaba casi más que el partido. Haber vivido todo eso y después conseguir estar ahí para mí era un sueño que ni te planteas.
Ese sentimiento de pertenencia.
Cuando uno va fuera, como yo en Leganés, uno es profesional y lo da todo. Pero no tiene comparación defender a tu gente, tu familia, tus vecinos, tus amigos, que están en la grada disfrutando en directo.


"Casi hay más representantes que jugadores"
Supera el año como director técnico de Tajonar. ¿Cómo le va?
La estructura actual de Tajonar no tiene nada que ver con la de antes. He llegado a liderar varios procesos. Antes no se abordaban muchos aspectos, es un mundo apasionante. Estoy encantado porque además hay un gran grupo de trabajo, con gente joven y con ganas. Están entregados y motivados. Lo hacemos con todo el cariño, pasión y dedicación. Queremos darles lo mejor a los canteranos.
Se le ve entregado.
Si nos ponemos, nos comprometemos. Yo tenía claro que en el momento que entrase aquí, no había término medio. Estuve años alejado de la opinión pública porque me apetecía tomar ese descanso y tenía claro que si entraba era para estar. Aquí las medias tintas no sirven.
Ponga ejemplos de sus funciones.
Lidero la captación, optimización del talento y los procesos de trabajo. Hay que estar encima para ver la evolución, qué promocionamos, por qué están mal, relación con padres y representantes, necesidades de ellos, clubes y las selecciones. Estoy a mil cosas, es un abanico muy amplio. Luego hemos hecho viajes y ponencias tanto con la Liga como con el club.
Que los canteranos decidan estar en Osasuna.
El objetivo es que cada uno tenga el mejor escenario posible para evolucionar. Y que reciban la mejor formación posible. Igual un juvenil te pregunta por su salto al Promesas, pero consideramos que su mejor contexto es otro. Para eso estamos. Hay muchos clubes encima del fútbol navarro, no solo Osasuna. Está el Athletic, la Real, Villarreal, Madrid, Atlético... Nosotros con dinero no podemos competir entonces tenemos que intentar ser los mejores en cuanto a formación, en ese trato personalizado a todos los niveles. Que sientan que como en casa no van a estar en ningún lado.
¿Qué le ha llamado la atención?
Cómo ha cambiado el fútbol. No solo la forma de enseñar, que está todo más reglado y es una maravilla. A los metodológos les digo que tienen mucha suerte. Antes pegabas en la puerta de Camacho, te presentabas y te decían que volvieras cuando tuvieras 400 partidos en Primera. Hasta entonces ni me llames.
Los tiempos han cambiado.
En todo. Se adelantan mucho los procesos. Casi hay más representantes que jugadores. Es una pasada. No solo los agentes, los padres tenemos una gran disposición a mandar desde que son muy pequeños. A título personal, tengo el ordenador lleno de ofrecimientos de chavales de 12-14 años que los traen de cualquier sitio para que pruebe unos días. Y si les digo que los traigan mañana no me dicen que tiene examen. Me dicen: “Ahí lo tienes”.
Como pura mercancía.
Pues sí. Debemos tener los pies en el suelo. El fútbol es importante, hay que buscar la evolución pero sin perder de vista el criterio. Llegan muy pocos y hay muchas más cosas en la vida. No puedes hipotecar la vida familiar por esto. Si la cosa va bien ya habrá tiempo de pensar en otras cosas, no cuando tiene 10 años. Vamos a caminar y luego ya volaremos.
Aimar Oroz ha sido la última gran irrupción.
Estamos todos encantados. Hay que valorar lo que ha sido el tránsito de Aimar Oroz. Parece que ha llegado del Promesas al primer equipo y ya está. No. Ha hecho dos pretemporadas con el primer equipo, no conseguía entrar y hay que tener la tranquilidad que ha demostrado con su entorno. Ese saber estar, esa paciencia. No sé si antes Aimar estaba preparado para jugar en el primer equipo, lo que está claro es que ahora sí. A veces se precipitan esos procesos.
Arrasate ha insistido en que quiere que lleguen para quedarse.
No se trata de salir y echarlo a los leones. El club ha sabido tener esa tranquilidad. Y el chico y su entorno lo mismo. Todo lo que circula alrededor de un jugador es vital. No se le da a veces la importancia que tiene, incluidos representantes, padres y familias.
¿Cómo ve a Osasuna?
Lo veo muy bien, pero el fútbol tiene estas cosas. Es pasión y emoción, si no aquí vendrían 3.000. Ahora parece que vamos a la Champions, luego que no, después que sí... Ha sido así toda la vida. Se está viviendo una etapa sensacional, con estabilidad en lo institucional y deportivo. El equipo es el fiel reflejo. Con Jagoba se ha encontrado esa comunión con la afición que en otros tiempos no tan lejanos ha faltado. La mayoría de veces cuando los socios venimos a ver el partido nos identificamos. Eso es la esencia de esto.