Análisis
Osasuna, de pantera rosa a caracol
Tras completar un gran primer acto, los navarros desaparecieron


Publicado el 09/05/2022 a las 06:00
Todavía hoy es difícil de explicar y comprender el cambio que dio Osasuna tras el descanso. Es cierto que el Espanyol sacó a dos de sus mejores jugadores, Melendo y Raúl de Tomás, pero los navarros se diluyeron como un azucarillo después de completar una de las mejores primeras partes de la temporada.
La sorpresa saltó una hora antes del partido. No por el equipo, que también, sino por las ausencias. Lucas Torró y el Chimy Ávila, indiscutibles para Arrasate, se quedaban en el banquillo. Por contra entraba Ramalho, en el once inicial -y con minutos- más de tres meses después. Kike Barja y Javi Martínez también eran otros nombres propios.
La apuesta no pudo salir mejor. Osasuna, otra vez de fucsia, fue un auténtico vendaval en el primer acto. Los navarros parecían una pantera -rosa- ante un inoperante Espanyol. Monopolizaron la posesión y crearon peligro, sobre todo, por la banda izquierda. Los datos evidenciaban al técnico Vicente Moreno, al que pidieron su dimisión en un clima enrarecido. Las primeras estadísticas eran flagrantes. 72% de posesión para el cuadro de Jagoba Arrasate. Se llegó al 83% en el tramo del minuto 25-30. Fue la mejor versión del equipo con la defensa adelantada, robo en cambio rival y en zonas de peligro y acumular jugadores en el área rival. Solo faltaba traducirlo en lo importante del fútbol, el gol.
El premio llegó en el 42. Robo de Javi Martínez, pase en profundidad de Budimir y remate de primeras de Kike Barja. Una acción sencilla en la pizarra, pero ejecutada de forma excepcional. Cornellá era un clamor en contra de su equipo y apuntaban directamente al banquillo. La realización, al más puro estilo inglés con planos subliminales, enfocaba a Raúl de Tomás. El máximo goleador perico, con 15 dianas, estaba sentado con una actitud un tanto pasota.
CAMBIO DE ROLES
Los gritos de la afición local para que el técnico Vicente Moreno sacara a su killer dieron sus frutos. El madrileño salió tras el descanso junto a su compañero Melendo. A corto plazo, el cambio de cromos no dio sus frutos y Osasuna siguió a lo suyo. En las botas de Budimir pudo estar el 0-2 y quien sabe si la sentencia.
Era el minuto 54 y ahí se produjo la desconexión, el apagón de fusibles, el cambio de pantera rosa a caracol. De ser veloces en las contras y llegar antes que el rival, a ser uno de los animales más lentos del planeta. De sobrepasar el 80% de posesión a no llegar al 30%.
El Espanyol se transformó. Dejaron atrás el miedo y comenzaron a intimidar. Los catalanes coleccionaron un sinfín de llegadas con ocasiones claras. De Tomás, Puado... Arrasate trató de frenar la hemorragia con la entrada del capitán Oier por Javi Martínez. Hormigón al centro del campo ante la ausencia del pulpo Lucas Torró.
El estellés tapó las fisuras y dotó de carácter al equipo, pero no fue suficiente. Lo evidente cayó por su propio peso y, de esta forma, Melamed puso las tablas de forma justa. A Osasuna le costaba robar, proponer y controlar el partido. La pendiente todavía se hizo más pronunciada. Arrasate dio entrada a Torró y el Chimy. Después a Nacho Vidal y Rubén García. Teóricos titulares para sostener al equipo.
Pudo ser peor, pero también mejor. Los navarros, que no habían pasado del centro del campo, volvieron a dar dos zarpazos de pantera en el tiempo de descuento. Ya en el 95, el Chimy Ávila envió un violento zurdazo al poste, previa parada con las yemas de Diego López. En el córner, Budimir cabeceó por encima del travesaño.
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