Osasuna

Un Sadar sin igual

La fiesta ambiental terminó con el estadio entonando el riau-riau a limpio decibelio

Graderío Sur celebra el gol que marcó el Chimy Ávila en la segunda parte
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Graderío Sur celebra el gol que marcó el Chimy Ávila en la segunda parte
Graderío Sur celebra el gol que marcó el Chimy Ávila en la segunda parte

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Fernando Ciordia

Publicado el 06/03/2022 a las 06:00

No es que fueran minutos de agobio, porque Osasuna se mantenía firme ante los impulsos del Villarreal, pero la grada quiso poner el colofón ambiental a una espléndida tarde de fútbol. Había que defender con uñas y dientes el 1-0. Arrasate introducía hormigón armado en el campo. Los jugadores se dejaban el alma. Y la afición puso de lo suyo. Fue uno de los momentos más emocionantes del partido. El Sadar entonó el Riau-Riau en estos últimos instantes.

Impulsado por Graderío Sur, pero secundado por el resto de las tribunas, fue realmente sonoro. Bufandas estiradas y gargantas a prueba de voces. No fue el único cántico sanferminero. Hubo más. El Sadar tenía ganas de una celebración tan redonda. Era la tercera victoria de la temporada en Pamplona. Son pocas, pero no empañan la gran temporada del equipo. Quedan más fechas para mejorar los números de local. Había ganas de ver un Osasuna así. Valiente en ataque y que supo minimizar las grandes virtudes de todo un Villarreal. Acabar con la portería a cero era un reto mayúsculo. Solo se concedió un lanzamiento a portería. Lo salvó Sergio Herrera con una gran intervención en la primera parte. Nada más.

La tarde en El Sadar dejó la mejor atmósfera. Era el día sin restricciones de aforo, pero ni de lejos se rozó el lleno. Hubo 18.659 espectadores, lo que representaron cerca del 80%. La grada estuvo igualmente con su equipo. No paró en ningún momento el bullicio. La guinda del pastel, la canción que funde a jugadores y aficionados con el partido acabado. “Somos un equipo, valiente y luchador...”. Sigue la mística. Larga vida.

¿SE PODÍA EL BOCADILLO?

Fue una pregunta incesante en las horas previas del partido. Los seguidores rojillos se preguntaban si estaba permitido la entrada de comida. Al ser a las dos de la tarde, era lógico el planteamiento y más cuando no había limitaciones de público y en la hostelería se puede, también en la que rodea al estadio. La incógnita flotó en el aire. ¿Se podía o no?

Hubo aficionados que entraron con bocadillo. La seguridad no fue intervencionista. Además, los bares de dentro de El Sadar no solo vendieron bebida. También comida. Cuestión de normalidad. No Osasuna sino otras instancias gubernamentales deberían concretarlo mejor. Demasiadas contradicciones en esta pandemia.

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