Ambiente
En Vallecas se respira aroma de fútbol de antaño
Lejos del prestigioso paseo de la Castellana, aquí son de la calle Payaso Fofó. Y están orgullosos de ello.


Publicado el 13/02/2022 a las 06:00
La vida pirata es la vida mejor. Es el himno universal que distingue a los Bukaneros, la afición del Rayo. En Vallecas se respira un fútbol diferente desde que sales de la parada de metro Portazgo. Distintivos del club madrileño te acompañan hasta la calle. La bocana de metro está situada a escasos metros del estadio. Un barrio obrero donde los ciudadanos son de la franja. Lejos del prestigioso paseo de la Castellana, aquí son de la calle Payaso Fofó. Y están orgullosos de ello.
El estadio de Vallecas fue construido en 1976, hace 45 años, y tiene una similitud con el antiguo Sadar. Fachada de ladrillos y aroma a equipo de barrio. Es cierto que la instalación necesita de una renovación casi total. Asientos fijados al hormigón, descoloridos y donde es necesaria la colocación de una almohadilla para hacer de mullido. Las cabinas de prensa, casi individuales, tienen una tabla a modo de mesa. Son gente obrera, sí, pero se han ganado por méritos propios estar en la elite del fútbol nacional y no se merecen estas condiciones. Los aseos se caen a pedazos o son módulos de obra prefabricados. “Cuánto mejor os ha quedado El Sadar”, felicitan a los seguidores rojillos los locales.
HERMANDAD TOTAL
Desde las horas previas al partido, se respira un ambiente de rivalidad total pero sana. No hay problema por lucir la bufanda de Osasuna en el barrio de Vallecas. Te saludan y te desean suerte. Cánticos orquestados en los aledaños que se trasladan también dentro del campo. Se anima de pie, los Bukaneros -ausentes este sábado durante gran parte del partido- inician la animación y el resto del estadio responde al unísono. Lo mismo que ocurre con Graderío Sur en El Sadar.
En Vallecas la modestia la muestran hasta los futbolistas. Llegan con sus vehículos particulares y aparcan -donde haya sitio- cerca del estadio. Cogen su neceser y pertenencias y se adentran por la puerta de vestuarios. Se cruzan con la afición y no dudan en pararse para tomarse una foto o firmar un autógrafo. Lo primero son los seguidores, parte fundamental y distintivo del Rayo Vallecano. Las banderas de Colombia dan una pista de que El Tigre Falcao defiende la franja. Un internacional de 36 años que ha bajado al barro antes de colgar las botas. Un obrero del fútbol.
En Vallecas, además de fútbol, también se respeta la memoria de los socios antiguos. Por un fondo salen las jugadores de la boca de vestuarios y, en el otro, hay una gran lona para recordar a los fallecidos por coronavirus: “Siempre en nuestro recuerdo”.
El viaje al barrio madrileño es un desplazamiento que está señalado en rojo para la afición osasunista. Gusta por las señas de identidad que comparten ambos clubes. Porque, si no hay grada visitante, se pueden comprar entradas sueltas y camuflar el rojo de Osasuna con el de la franja rojiblanca. Este sábado los tres puntos volaron a Pamplona y la comunión entre aficionados fue total. Ambas parroquias rezaron por volverse a ver las caras la próxima temporada.


