Leyenda de Osasuna

Actualizado el 11/12/2021 a las 21:15
No habrá nadie en la historia centenaria del club que haya presenciado tantos partidos en directo de Osasuna ni tantos entrenamientos. Jesús Riaño ha formado parte de la vida rojilla durante el último medio siglo, compartiendo vivencias con generaciones de aficionados, jugadores y compañeros de profesión que han ido pasando. Un hombre pasional en su oficio, de sol a sol activo, que con ese estilo que le pertenece se iba ganando el cariño de todos.
Desde el primer partido que cubrió, un Badalona-Osasuna en 1964 cuando era estudiante, hasta los últimos de ahora con el equipo perdiendo gas. Entre medio, miles de crónicas, alineaciones y anotaciones en clave rojilla, siendo durante tantos años los ojos de los lectores cuando no se televisaban los partidos y referencia por sus informaciones exclusivas y opiniones. Un volcán comunicativo. En Diario de Navarra y en Navarrasport.
TESTIGO DE TODO
Una fecha se le quedó grabada, el 2-3 de la Copa de la UEFA 1991-92 cuando Osasuna conquistó Stuttgart. En la tribuna de prensa del Neckarstadion estaba para mandar sus crónicas y ser testigo de un momento único. La rapidez y agilidad eran suyas. Se adaptaba a teclear en cualquier calle si le echaban del campo.
También están los ascensos a Segunda, el de Murcia, el 0-4 del Bernabéu o aquella final de Copa de sábado festivo infatigable. Todo lo vio para contarlo. Fiel a su peculiar manera, era un libro interminable de anécdotas y recuerdos con tantas experiencias vividas alrededor de Osasuna. Era periodista además por lo que callaba. Se conocía al detalle esas intrahistorias verticales nunca contadas que hacían entender el universo rojillo.
Ezcurra y Zabalza eran su presidente y entrenador de cabecera. Pero si con alguien mantenía una relación especial era con Martín, un icono como jugador y entrenador de quien escribió sus milagros y al que se acercaba en la red de Tajonar para conseguir el once del domingo.
El primer nombre de periodista que se aprendía el entrenador que llegaba era el de Jesús, siempre generando esa energía positiva para ganarse su complicidad. Raro habrá sido el jugador que en estas décadas no le haya conocido. Le tocaba hacer también el papel de malo con las puntuaciones o informaciones comprometidas que tenía que publicar, pero al final siempre dejaba la sensación de contribuir a un ambiente propicio para la buena marcha del club. Esto es algo de lo que se han contagiado todos los medios que siguen a Osasuna. Con su raza, remaba a favor.
En estos cerca de 50 años, demostraba ser una persona que se adaptaba al progreso tecnológico y a la evolución del fútbol. Nunca perdía la emoción de ver ganar a Osasuna en cualquier categoría. En el barro de la Tercera en aquellos tiempos en los que viajaba dentro del autobús del equipo o en el cielo de Europa cuando llegaron los chárter. Nada le hacía más ilusión que a Osasuna le tocara en la Champions el Hamburgo. Y tocó.


EL DÍA A DÍA DE TAJONAR
Perseverante y vocacional, no había una satisfacción mayor que la de publicar una información, perfectamente verificada, antes que los demás (“no tengo fuentes, tengo manantiales”). De ellos, se ganaba la simpatía con esa ironía tan propia. Por Tajonar, antes por la Vuelta del Castillo, ha compartido mañanas con sus colegas mientras sentaba cátedra con el retrovisor preparado por si saltaba la noticia que otros no veían. Se dejaba aconsejar. Un comentario futbolístico al lado suyo en la cabina de El Sadar que vio inaugurar iba directo a su libreta de letras ilegibles.
Decenas de informadores que han ido cubriendo entrenamientos y ruedas de prensa. Veteranos y becarios. A todos les dejaba marcada su presencia con la voz en alto y sonrisa pícara, con ese control de la situación. Era el que iniciaba las preguntas (a veces no había pensado y soltaba un “bueno ¿qué?”) y nunca bajaba la guardia en los corrillos o en el parking de los jugadores.
Ahí quedan las bromas con Brzic, Martín, Lotina, Aguirre, Ziganda, Mendilibar, Urban y Arrasate, a quien hizo sus últimas cuestiones al final de la temporada pasada por vía telemática. El teléfono del director deportivo de turno lucía en rojo en su agenda. Cualquier pista le llevaba a la otra. Fuera el momento del día que fuera. En el periódico, nadie se olvida de su vitalidad.
El “obvio” con el que respondía lo heredó de Sammy Lee. Y hablando de británicos. De Robinson, un torbellino como él, recordaba en su adiós aquellos postpartidos en los que compartían cañas. Hubo un tiempo en el que tenía acceso a las grandes estrellas. Atrevimiento le sobraba. En su perfil de whatsapp, figuraba una foto charlando con Johan Cruyff, al que admiraba. Hoy estarán viendo juntos el Osasuna-Barcelona.