Eterno JR
El día a día de Jesús Riaño en la redacción del Diario era un sin parar, siempre con ese toque único que tenía él


Actualizado el 11/12/2021 a las 23:43
Siempre pensé que funcionaba con energía nuclear, que había algún truco por algún lado que no éramos capaces de detectar. Porque era inagotable, vivía en, para y por el periodismo deportivo, por Osasuna. Hasta que esta noche nos han avisado que la vida de Jesús Riaño, JR, se ha apagado. Sabíamos que llevaba un tiempo justo de salud, pero cuando pasaba cerca de su casa miraba por los alrededores y confiaba en poder encontrármelo por la calle para hablar un rato. Despedirnos en definitiva. Pero no. La noticia nos ha dejado a todos los de deportes un poso de tristeza. Porque, unos más, otros menos; unos de una forma y otros de otra, hemos vivido mucho al lado de JR. Y saber que ya no lo vas a ver más, a vacilarle, a ziriquearle, entristece. Es jodido no poder despedirse de alguien con quien has compartido tantos años de redacción. Pero de otro lado prefiero quedarme con el recuerdo del Riaño en forma, porque era un animal periodístico. Osasuna, el Diario, - al final Navarra Sport- eran su vida en sentido literal. Es que se podía hacer una serie con la vida de Jesús.
Desde que en 1992 entré en Deportes del periódico hasta que prohibieron fumar en la redacción, todas las tardes empezaban igual. Abría la puerta de cristal y al fondo se veía el hongo atómico, la humareda de su puro, y el tacatacataca de sus manos aporreando el teclado de fondo.
-¿Qué pasa pequeño / qué pasa limeño?
Era el saludo en sus dos variantes mientras aporreaba inmisericorde el teclado, sin levantar la vista de la pantalla, a la vez que de la oreja derecha colgaba el auricular por el que estaba escuchando la rueda de prensa de Martín.
-Qué humareda Jesús, algún día moriremos por culpa del p... puro.
-Calla tía Luisa, que es una p.... faria, no es un p... puro. A ver si me traéis algún p... puro alguna vez ñe ñe (ñe ñe es la onomatopeya de esa risa tan suya). Y cuando le traías uno de una boda era feliz.
Y seguía escribiendo. Jesús, Adriana Ollo y Fernando Pérez Ollo eran siempre los primeros en llegar. Él se sentaba y empezaba a teclear a toda pastilla en el ordenador. Hubo un tiempo en el que conservaba aún al lado una máquina de escribir en cuyo frontal había una pegatina de rezaba: El Sadar, ese campo maldito. Jesús era mecánico. Primero se pasaba la rueda de prensa del día en Tajonar, donde había echado la mañana. Y cuando estaba finiquitada, empezaba a darle al teléfono sin parar. Porque si algo hacía Riaño era sacar noticias. En eso era imbatible.
He pasado en la mesa de al lado de Jesús más de 20 años tarde a tarde. Nunca le vi bajar los brazos ante un fichaje o una noticia. Nunca. Podría contar cien mil batallas, hacer un post eterno.
Riaño era el rey del mentira-verdad para sacar algo, y lo sacaba siempre.
Riaño era su café con sacarina después de haberse metido un Cadenas en el Chaves antes de bajar al periódico.
Riaño era, cayera quien cayera, Radiogaceta de los deportes a las 8, justo cuando se tomaba su segundo café o un vaso de agua y se fumaba un cigarro. Estaba al día de todo.
Riaño eran las previas que empezaban a cocinarse los miércoles. Era el hombre el hombre del archivo infinito, porque fotocopiaba todo. Era rey del gerundio. "No seas zorra Luisa, que está sin corregir".
Riaño era una capacidad de producir páginas en un partido que flipabas en colorines. Crónica, entrenadores, vestuarios y picotas. Él mismo con su mecanismo. Un año y otro y otro. En casa, fuera, en Europa, en descenso... En todo.
Riaño era enredonico, te entraba al trapo, tenía su retranca, su humor particular.
Riaño era artista porque era capaz de combinar la experiencia y picardía del perro viejo, el olfato para saber qué tecla tocar, y la regla básica: para sacar hay que estar. Un día, otro, y otro, y llamar y preguntar e inisistir... Y con eso retroalimentaba su pasión. Oigan, Jesús vivía el periódico, la redacción, los partidos, la vida. Lo vivía de verdad, hasta las últimas consecuencias. Eso, las generaciones actuales no saben ni lo que es en la mayoría de los casos. La gasolina vital de Jesús tenía medio millón de octanos que la de la chavalería de ahora, que ni sufre ni padece.
Riaño era su chicle, que vivía en el lado derecho del primer cajón; sus andares, sus desplazamientos en los partidos de fuera; sus comidas. Riaño era estar a la ultima en grabadoras, radios, móviles y demás. Riaño era la tribu, con Perolo, Zúñiga, Ferminjota, Cervantes...
Riaño era la llamada diaria de las 20.30 hablando por lo bajini con su mujer, la Tere.
-Que ya voy, que ya voy... ¿Qué hay hoy de cena?
Y cómo todos oíamos la respuesta porque por un oído hablaba por teléfono mientras por el otro oía radiogaceta a 100.000 de volumen.
-Cabrones, que sois unos cabrones.
Riaño era el difícil y complicado, el peleó horrores pero sin suerte; eran sus latiguillos en la redacción, sus coñas, su ironía, su esconder el día de su cumple, el hoy quién se paga una caña antes del partido en el Amanecer...
Jesús ha sido una vida inagotable y apasionante de Periodismo hasta sus últimos días. Verle durante todos los estos años vibrar, vivirlo, disfrutar ha sido una lección de Periodismo y de vida impagable. Riaño no le ha pasado desapercibido a nadie que pasara a su lado.
Buen viaje a la eternidad Jesús, donde al fin podrás descansar. O les darás tanto la vara que te dejarán dentro de unos días empezar con Aeternum Sport.
-San Pedro, ¿qué pasa limeño?
Hasta siempre y pórtate bien por allí.