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El Forofillo

Ni puntada ni hilo

El nuevo césped híbrido se queda, como su predecesor, sin ver ganar a los rojillos

Ampliar El Forofillo en tiempos del coronavirus
El Forofillo en tiempos del coronavirusJAVIER IBORRA
Actualizado el 30/11/2021 a las 08:19
Que si somos la vanguardia, que si fíjate los mimos que damos al verde, que lo hacemos polifuncional de esos con natural al 95 por ciento, como si de un queso de Arbizu se tratara, y un cinco por ciento restante de modernidad e hilo de pespunte, oigan. Y eso llueva, nieve o haga calor.
El Sadar, donde se han derramado más de veintipico millones de leuros ricos, se está convirtiendo en un feudo cinco estrellas con jacuzzi y toda la pesca. Tras la remodelación (parecido a lo que hacen los cubrefachadas, pero a lo loco y con bien de grúas magníficas y vídeos de autobombo) ha venido la zona noble con a doblón el metro cuadrado y, para seguir en plan VIP, llega el verde híbrido. Mucha campanilla, mucha lucecita para provocar ataques epilépticos, mucho cosido a lo Bernabéu, La Cerámica o Anfield pero poco punto. De ganar, ni hablamos...
Jornada 15. 20 puntos. El bueno de Sergio Herrera, que salta al campo con las largas puestas y tiene esa mirada perdida tan típica de porteros que han estrellado en más de una ocasión la testa contra un poste, reconocía que es un buen bagaje, que ese puntaje a estas alturas era para aplaudir. Claro que sí chavalote. Lo mismo del "cuando no se puede ganar, a no perder". Y es que esto del fútbol, ya se sabe, once contra once... O no.
Jagoba, sabedor de la importancia de ganar y alejar fantasmas tras tanto encuentro sin vencer, sacaba a doce jugadores (diez más el chico que se ha comido a Cote). Con Oier y Budimir titulares y Rubén García y Barja en las bandas. Y el equipo saltó enchufado, para ponerse delante en el marcador desde los once metros tras una conejada de Fidel sobre Nacho Vidal en una jugada en la que Budimir había estrellado en el larguero el cuero. Desde el punto fatídico no falló. Y luego, La Pitusa...
Del césped con lámparas de calor (que aquí el invierno es muy jodío y con lo que cuesta la luz, que se note que somos un club rico), un tapete al que se le ha cambiado el drenaje y que, para completar el all in one, se le sumó el híbrido sintético. Puntadas de hilos, absorbibles y más naturales que los yogures, cada x centímetros y a profundidad de placa tectónica. Con mezcla, que la proporción es del 5 por ciento frente al 95 de hierba que se mantiene más tiempo y queda lucidita y verde clorofila molón. ¿Y?
Y seguimos sin ganar en El Sadar. Hace poco me sonreía escuchando una promoción de una radio en su emisora local, que venía a decir el narrador de un encuentro de Osasuna algo del pelo de que El Sadar vuelve a ser un fortín. En estos casos se dice el pecado, no el pecador. Pero claro que me sonreía. Y casi que me escojonaba, porque la cosa va adquiriendo números de descenso. Una victoria en Pamplona, manda bemoles...
Pitusa sin híbridos. Arrancada de galgo y llegada de burro. Fidel se enmendaba tras el penalti regalado y regalaba otro motivo de sonrojo a la zaga rojilla, incapaz en la estrategia defensiva y superada dos de cada tres veces. La tercera la fallan los atacantes, no era mérito propio, ojo. Y es que en otro córner nos empataban. Y lo mejor de todo es que aún pudieron marcar más, si no es por Sergio Herrera arreglando desaguisados de Unai García, con el Pelocho en el banquillo...
Y arriba, Ferrari incluido, incapaces de generar nada. Con un centro del campo desbordado donde el apaño de Oier no tapa la dependencia de Torró, ancla, brújula y timón del equipo. Mucha baja y poco daño para el descanso. Pero se pudo sufrir más en el segundo tiempo. Que se lo digan al palo derecho de la meta de Herrera.
Otro córner, otra segunda jugada, otro centro. Y Lucas Boyé la estrella en el palo. Mientras tanto, arriba, poca cosa. Tiritos de un Barja voluntarioso y pelea de Kike García, tan fallón como de costumbre. Ni con los cambios, ni con el Chimy, ni esa que tuvo Kike en el área pequeña, estrellada contra un rival con cuatro metros y medio de portería. Nada de nada.
Cuando no se puede ganar, a no perder. Vale, lo medio compro. Como el césped híbrido. Serán generaciones venideras las que lo juzguen, de la misma manera que la labor de la directiva instalada en el poder. Eso sí es anclaje, y no lo de Lucas Torró. Pero bueno, no sigo que con la misma me despierto el día menos pensado con una cabeza equina en la cama. 
Todo bien, todo bonito, todos contentos. El arranque que auguraba una temporada divertida se está convirtiendo en un tedioso paseo por tierra de nadie, por esa zona de desheredados en la que se suma un punto cada mucho y en la que la bolsa del comienzo nos permite estar sin estrecheces. Ojo, de momento. Que la cosa sigue y esto no para. A afilar las agujas, a enhebrar los hilos y esperemos sacar una puntada del Ciudad de Valencia de Levante. Puntada de tres o, en su defecto, de uno. Que a Sergio Herrera le gustan...
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!
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