Análisis
Equipos de autor: la figura de Arrasate en Osasuna
Las dificultades del Getafe y del Granada sin Bordalás ni Diego Martínez ponen en valor el impacto de un ideólogo como Jagoba en Pamplona


Actualizado el 20/09/2021 a las 08:34
En el fútbol, hay entrenadores que consiguen la difícil misión de construir un bloque que nace de su cabeza y al que hace evolucionar siempre manteniendo una idea. Son los llamados equipos de autor. El binomio Arrasate-Osasuna es un claro ejemplo de ello.
Ha llegado un momento en que forma parte de la normalidad del paisaje. La vida cotidiana discurre con él mientras caen los segundos del reloj sin síntomas de marchitarse. Sin embargo, siempre debe valorarse ese enorme plus que da contar con un entrenador con tanto impacto en el rendimiento del equipo, un hecho que le sigue permitiendo aglutinar el apoyo unánime. Desde dentro y desde el entorno.
Su idea germinó en 2018. De ahí ha ido moldeando un proyecto, siempre de la mano en una única dirección con Braulio y Cata, que ha ido echando raíces con retoques, sin perder la esencia ni la fuerza de su columna vertebral. El trabajo en los despachos es frutífero. Hay jugadores que en estos años no han podido con la exigencia. Se ha entendido su salida. Y los que han ido llegando se han subido a un tren en marcha para encajar en el modelo. Llámese Darko, Torró o Kike García, el último exponente. Si Jagoba tuviera una máquina para crear un delantero, saldría el manchego tal y como se está mostrando.
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Los que vienen de Segunda no cabe duda de que han progresado hasta dar un nivel máximo de rendimiento. Llámese Aridane, Nacho Vidal, Rubén García o Sergio Herrera. Siempre bajo el manto de una filosofía aglutinadora. Si en la coctelera metes el corazón que no deja de latir de Oier y Torres, el desarrollo ascendente de Kike Barja y el imparable crecimiento de David García y Moncayola, dos futbolistas por los que se ha hecho un gran esfuerzo por retenerlos, se explica que se haya conseguido una estabilidad en Primera.
Una victoria tan solvente como la de Mendizorroza contra un rival en teoría de parecido pelaje, en la práctica no, explica esta evolución. Arrasate no acusa el desgaste del tiempo. La afición sigue teniéndole en un pedestal porque valora ese estilo reconocible, vengan o no vengan los resultados. Por ahora siguen. Osasuna no comenzaba tan bien desde aquella campaña 2005-06 de ensueño con Javier Aguirre a los mandos.
En este caso ha iniciado su cuarto año con un grupo más o menos selecto de jugadores. Cromos conocidos, pero nada quemados. Es una línea continuista. Fiable por la potencia física de sus futbolistas y atractiva cuando el equipo se ha colado entre los cinco rematadores del campeonato.
Uno de sus retos será el de cuidar la gestión de un vestuario de 27 efectivos. Siempre ha tenido mano izquierda para esto y habrá momentos para más protagonistas seguro. Ahí esperan el Chimy, Budimir y compañía.
El hambre permanece intacto. Las imágenes de un vídeo del club al terminar el partido de Vitoria dan fe. Fue en el vestuario, ese lugar tan sagrado. Una celebración espontánea. El capitán reconociendo en voz alta el mérito de sus compañeros en una estampa de felicitaciones y abrazos, con el director deportivo exultante ante la cámara, puro compromiso.
Valorar a un equipo de autor se hace más necesario cuando otros proyectos parecen agrietarse al marcharse sus ideólogos. El Getafe sin Bordalás se desnaturaliza sobre lo que era. Lo mismo que el Granada sin Diego Martínez. La mano del entrenador también se ha notado estos años en otros proyectos como el de Imanol Alguacil en la Real o Paco López en el Levante. Ni que decir tiene el caso de Simeone en el Atlético de Madrid, seguramente el equipo que más le marca su cabeza técnica junto al Osasuna de Arrasate.
Que aficionados, jugadores, dirigentes y medios de comunicación defiendan la misma idea durante tanto tiempo no habrá ocurrido muchas veces en la historia del club. “Aquí tengo el ecosistema perfecto”, valoraba hace unos días en una entrevista cuando era preguntado por si tiene metas mayores. No exhibe más ambiciones personales que las de vivir grandes tardes en El Sadar, que estará lleno más pronto que tarde, y fortalecer esa estabilidad en la máxima categoría. Tampoco es vanidoso ni pasa facturas en ruedas de prensa. Se empeña en evolucionar, también en el sistema de juego que modificó como salida al túnel de los trece partidos sin ganar del año pasado. Ese 4-1-4-1.
Por Osasuna han pasado entrenadores plenamente profesionales que acabaron entre críticas, Rafa Benítez, Javi Gracia o Diego Martínez. Luego no les fue mal en otras plazas. Arrasate ha conseguido que lo emocional se imponga a lo racional, la identidad de Osasuna. En otros clubes posiblemente no podría sacar tanto partido por este clima favorable y con el que encajó desde el primer día. Nadie se imagina ahora un Osasuna sin Arrasate. Tampoco un Arrasate sin Osasuna. Que perdure.