"Yo nací en el córner de San Juan"

Juanjo (87 años), hijo de un histórico conserje, rememora sus vivencias ahora que se ha constatado la ubicación exacta

Juanjo Caurtero: "Yo nací en el córner del San Juan"
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Juanjo Caurtero: "Yo nací en el córner del San Juan"Jesús Caso
Juanjo Caurtero: "Yo nací en el córner del San Juan"

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Fernando Ciordia

Actualizado el 14/04/2021 a las 06:00

Leyó en el periódico la noticia del hallazgo digital de conocer con concreción dónde estaba el campo de San Juan. Eso le despertó la ilusión de tiempos pasados que perduran en su memoria. “Nací en esa casa junto al córner de San Juan”, traslada en una carta enviada al periodista con una imagen de la vivienda anexa al que fue 45 años el coliseo de Osasuna.

Sus recuerdos abarcan más que los mapas que ahora se pueden comparar entre dos fechas. Son los del hijo del que fuera conserje casi cuatro décadas. Juanjo nació en 1934 y creció allí. Era Casa Marcotegui, en el número de 12 de la antigua carretera de Barañáin, hoy avenida con ese nombre.

Su familia fue testigo de media vida de Osasuna. Señalando con su bastón frente al colegio San Cernin ubica fácilmente dónde estaban los chalés que rodeaban al campo. “Ese córner lo he marcado muchas veces, se medía en pulgadas”, rememora el hijo de Vicente Cuartero (1897-1977) y Jerónima Goñi (1898-1973), dedicado en profesión a la ebanistería. “Yo estaba siempre en el campo, era feliz. Ponía también las redes y los banderines”.

Pocos años después del nacimiento de San Juan en 1922, su padre entró de conserje para comenzar una vida tan ligada a Osasuna. Había trabajado en el Gayarre y en el cine Olimpia. La misión era encargarse de todos los trabajos para el equipo. Así hasta 1965. “Mi madre lavaba la ropa, mis hermanas barrían las tribunas y con mi padre cortábamos la hierba. Le ayudaba también a marcar el campo. Lo hacíamos con cal, con unas escobas que hacía con cordeles, como si fueran brochas. Se compraba la cal viva. En unos depósitos se echaba agua y se fundía”.

Yo nací en el córner de San Juan

Tres de los cinco hermanos nacieron en ese hogar, en pie hasta finales de los 70 ante la imparable urbanización de las afueras de la ciudad. Su padre fue muy querido por decenas de jugadores y directivos que habían pasado por allí. Hasta se le hizo un partido de homenaje cuando se jubiló.

“Hubo una época que el campo era nuestra finca. En los años de la guerra no jugaba nadie ni aparecía nadie de Osasuna. En la esquina de la avenida Bayona nos dejaron tener una huerta”, recuerda de su infancia. También tenían animales. Había que subsistir.

“Estas camisas y estos pantalones los hizo mi madre. Fue la encargada durante años. Mis hermanas también, que eran modistas. Son con botones en el pecho. Cuando les daba el balón se les clavaba el botón. Las hacían en tela blanca y las teñían en rojo”, evoca mostrando una imagen de la época del equipo rojillo.

MEDIDAS EN PULGADAS CONVERTIDAS A METROS

Tantos años marcando el campo, se conocía las medidas al dedillo. Tenían origen en Inglaterra, donde nació el fútbol. El hijo del conserje de San Juan enseña al periodista un plano de todo tipo de distancias reglamentarias. “Eran medidas convertidas de las pulgadas inglesas. Era lo que decía el libro que nos daba la federación. El punto de penalti estaba a 10,97 y no a 11 metros. Luego redondearon. Además, los palos de las porterías eran cuadrados, de 15 por 15”.

El acondicionamiento del terreno no era tan sencillo como ahora. Había que tirar de guadaña. “Se acababa la Liga en mayo. Se resembraba y se dejaba crecer el verano. Hasta el final de agosto. Se cortaba así. Venían los empleados del ayuntamiento de los jardines y cortaban. Y a seguir jugando”.

Juanjo recuerda que las lombrices dificultaban las tareas. “Hacían un bolo de tierra. Si se secaba, casi ni se podía jugar. El balón botaba mal. Para eso se pasaba un molón de piedra. No era totalmente redondo. Subía un hombre de la Rochapea con una pareja de bueyes, le costaría por lo menos una hora. Era José Arana. Se pasaba toda la tarde con el molón para alisar. Después hubo otro molón más pequeño y redondo. Lo llevaba un mulo. Y con el tétanos, ya no podían venir los animales y se hizo con una apisonadora. El campo se quedaba entonces mucho mejor”.

Como jugadores rememora “sobre todo” a Vergara. También nombra a “Bienzobas, Castillo, Iturralde y Catachú”, mostrando una foto de los cinco delanteros “de lujo”, y a “Bidegain, Gorraiz, una pareja muy popular” y más adelante “a Marañón, los Glaría…”. “Yo llevo a Osasuna muy adentro”, expresa Juanjo, que sigue los partidos de ahora a través de la televisión.

De entrenadores, le queda el recuerdo de “Urrizalqui, Urdíroz, Bienzobas, Amadeo Labarta y Albéniz”. Como persona clave en aquellos tiempos, destaca la labor del secretario Oficialdegui.

Hubo grandes partidos. “Si tengo que elegir uno me quedo con el Osasuna-España Industrial del ascenso (1953). El día anterior se quemó la tribuna de preferencia. Tuvieron que hacer unas gradas de mala manera. Vino la Pamplonesa, Osasuna dio una vuelta por el campo y el capitán era Fandós. El entrenador del España Industrial era Miguel Gual, que luego vino aquí”, repasa el hijo del conserje.

Preguntado sobre el episodio del incendio, desmiente un rumor que estaba presente entonces. “Se decía que se quemó de forma intencionada para que se hiciera una nueva por el ascenso. Se quemó por culpa de un vecino. Cortaba cosas de sus árboles y lo echaba allá. No fue intencionado”.

CAFÉ Y COÑAC PARA LOS JUGADORES

La tribuna de gol, la más cercana a la avenida Bayona, era la más bulliciosa de San Juan. “Se le llamaba la leonera. Había un aficionado que era terrible. Era el capitán, el señor Gómara. Un día le tiró el reloj al árbitro. Tenía su localidad encima justo por donde pasaban los jugadores también. El que más gritaba. El reloj se le hizo pedazos. Al día siguiente el lunes vino a buscarlo... Había partidos con polémica, como ahora, también en la caseta. Se decía de todo”.

A cada equipo antes de los partidos se le daba una jarra de café preparada por su madre y una botella de coñac, “de Tres Cepas”. “Se hizo una salica de prensa y se puso un pequeño mueble. Allí se dejaba el coñac que se sobraba de los equipos y anís”. Por el café cobraba 11 pesetas y en el descanso iba a la taquilla a por otras 22, por servicios prestados. La atendía Baldomero Franco.

Yo nací en el córner de San Juan

El San Juan tenía una tremenda actividad. Si no jugaba Osasuna ese domingo, era el juvenil, el Iruña, club que fundó precisamente su hermano Vicente en el año 39, u Oberena. En esos partidos, siendo joven, Juanjo se ocupaba de “todo”, “casetas, balones…”. Le producía orgullo ser primer espada.

El campo sufrió algunas transformaciones después de tantos años. Se amplió el graderío sur con una fachada novedosa. “Nos cogieron un pedacito del patio y se quedó la casa más pegada. Era una mole de graderío”.

Como anécdota, cuenta que durante la segunda guerra mundial, hubo dos pelotones de alemanes e italianos que pasaron por el campo. “Es una grada había un seto. Lo rompieron el seto y se metieron a jugar a fútbol. Campaban por ahí y cualquiera les decía nada”.

LOS SOCIOS QUIEREN QUE SE IDENTIFIQUE EL CÓRNER

El córner de San Juan ha cobrado vida en las últimas semanas. Una nueva herramienta digital creada por Tracasa Instrumental que compara mapas entre dos fechas ha abierto la máquina del tiempo. Es posible localizar con exactitud dónde estuvo el templo rojillo durante 45 años en la ciudad.

Un socio de Osasuna, Eduardo Trincado, ha impulsado esta inmersión en el pasado. Pide que el club y el Ayuntamiento constaten físicamente el recuerdo de alguna forma ya que coincide con una zona ajardinada. La iniciativa ha sido secundada en las redes sociales. Las instituciones están por la labor. De momento son intenciones. ¿Habrá hechos?

La picaresca de cómo elegir el balón de juego
Su padre Vicente no aparece en los libros de historia de Osasuna. Jugadores y técnicos se han llevado la fama, pero no hay que olvidar aquellas personas que con un trabajo oscuro han contribuido en estos 100 años al desarrollo de la institución.

Curiosa era la picaresca con los balones de los partidos. “Mi padre me ponía dos en una red para llevarlos al colegio de árbitros. Uno nuevo y otro con el que ya se había jugado un partido. Estaba en calle Mayor, en la industrial Ferretera, y su presidente era Ezcurra. Se les ponía un precinto en una correa con el peso y la medida. Entre 420 y 440 gramos, y 70 centímetros. Cuando salía de la escuela, los cogía”.

“El domingo a la mañana antes del partido hacía la trampa. Se ponía o más duro o más blando soltando aire. Según estaba el campo o el equipo rival. Si venía el Madrid o el Barcelona, duro. Antes del partido se levantaba el precinto y le llevábamos al árbitro. Si no iba bien, se mandaba a la huerta y se sacaba el otro”.

Aún quedaba otra bala en la cartuchera. “Por otro lado, teníamos cinco balones viejos metidos en agua, en la fila de la ducha, para que cogieran peso. Si no iban aquellos, sacábamos el mojado. Eso eran trampas, pero lo hacían todos ¿eh?”.

LOS TACOS ARTESANOS

El conserje hacía de todo. También arreglaba las botas y montaba los tacos. “Yo iba a la calle Arrieta a la fábrica de zapatos López y cogíamos recortes de suelas. Con unos sacabocados redondos mi padre hacía arandelas con un martillo. Las amontonaba, la más grandes abajo, las clavaba y las recortaba con una cuchilla. Así. Eran bonitos”.

Yo nací en el córner de San Juan

Multas, charcos y una valla contra el Athletic
El hijo del conserje de San Juan es un libro abierto de anécdotas e historias relacionadas con Osasuna. Su memoria con 87 años es fotográfica. Del córner del que ahora se habla, recuerda un partido contra el Athletic a comienzos a los años 50. “Pauet, un extremo izquierdo alicantino, marcó en esa portería. Se había hecho la primera fase de graderío sur y la valla de cemento se rompió en una avalancha de la celebración. Cayeron todos al campo. Osasuna ganó el partido”.

Otra de las estrategias tenía que ver con el agua. “El campo se regaba por la noche, ya que estaba restringida el agua. Se quería encharcarlo, pero drenaba. Cuando llegaba la hora del partido ya se habían quitado los charcos. Al menos se intentaba. El señor Gómara, el capitán de tribuna de gol, venía a regar. ¡Qué forofo era! En invierno se embarraba más”. Cuando se le pregunta si se pasaba frío, Juanjo es tajante. “¿Frío? ¡Qué narices! ¡Pero si éramos Osasuna!”.

Con Baltasar Albéniz de entrenador, se instauraron las multas a los jugadores por llegar tarde a los entrenamientos. “El dinero lo guardaba mi padre. De vez en cuando hacían una comida, pero a veces servía de prima por si llevaban dos o tres partidos sin ganar. El club andaba rascado. Cogían el dinero de ahí y luego lo devolvían”.

Juanjo tiene un especial recuerdo del escudo que estaba en la fachada del campo, donde las taquillas, hasta la construcción del nuevo graderío sur. Era de forma triangular y con un balón de fondo, como el que aparece en estas páginas. “Mi padre tenía unos gemelos del escudo y llevaba uno en la solapa”. Recuerdos siempre ligados a Osasuna.

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