100. El homenaje redondo de Arrasate
A pesar de la delicada situación deportiva, goza de la confianza plena del vestuario, directiva y dirección deportiva


Actualizado el 28/12/2020 a las 11:36
Jagoba Arrasate tratará de celebrar con victoria su partido número 100 en Osasuna. El destino ha propiciado que este hito tan señalada sea también en una fecha especial, el próximo día 31 en El Sadar frente al Alavés. El mejor regalo, sin duda, sería un triunfo para despedir un intenso año deportivo que ha ido claramente de más a menos. Este homenaje llegará en el peor momento clasificatorio del equipo, en penúltima posición y a tres puntos de la permanencia. Un hecho desconocido desde que el técnico de Berriatua se sentó en el banquillo navarro en verano de 2018. Sin embargo, hace escasos días recibió la mejor noticia posible que puede tener un entrenador en esta tesitura. La junta directiva y la dirección deportiva dieron su total confianza en la continuidad del proyecto. De hecho, el presidente Luis Sabalza consultó con toda su directiva y la respuesta fue unánime. “Hasta 2022 seguirá con nosotros si él quiere. No es momento de tner ninguna duda, sino de dar estabilidad al proyecto”, resaltó en rueda de prensa el máximo mandatario rojillo. La palmada necesaria en la espalda para confiar en la labor de un puesto con tan poca memoria en el fútbol.
Arrasate llegó a Pamplona después de tres brillantes temporadas en Soria. El Numancia, que había tocado con los dedos el ascenso a Primera, quiso atarlo pero su ciclo había terminado. El conjunto navarro, sin técnico tras la destitución de Diego Martínez, hizo la habitual ronda de conversaciones con entrenadores de la talla de José Luis Oltra o Francisco. Sin embargo los caminos de Arrasate y Osasuna estaban destinados a entenderse. De este modo, el de Berriatua eligió El Sadar a ojos cerrados. “Conocemos Osasuna, conocemos Tajonar, conocemos la sociedad navarra”, afirmó en su presentación. Se marcó el reto de “recobrar la ilusión de la afición, esa conexión con El Sadar”, algo que dos años después lo ha conseguido de forma notable.
Su inicio fue dubitativo con solo un punto en las tres primeras jornadas. La segunda eliminatoria de la Copa del Rey, frente al Reus, fue un dardo envenenado, con la consiguiente eliminación. Pero se tocó fondo en Tarragona, una ciudad que dos años antes se había conquistado camino a Primera. El equipo era decimoquinto, a uno del descenso y a once del líder, un intratable Málaga.
EL COMIENZO DE UN ESTILO
El cambio de chip comenzó una semana después frente al Sporting de Gijón en El Sadar. Una victoria que fue el inicio de un camino apoteósico como local, en el que se fraguó el ascenso con récord de puntos en Segunda, 87, y triunfos en Pamplona. Osasuna ya tenía su sello de equipo vertical, con presión alta y que cautivaba a propios y ajenos.
Las dudas sobre si ese estilo se podía imprimir también en Primera se disiparon rápido con el triunfo inaugural en Leganés y, sobre todo, el empate en casa frente al Barcelona. Ese partido sirvió para demostrar que Osasuna estaba de vuelta y era competitivo, no como la catastrófica última experiencia en la elite. El trabajo del cuerpo técnico fue premiado en noviembre de 2019 con la ampliación de contrato hasta 2022. “El club no ha tocado techo”, afirmó por aquel entonces. Era un tiempo donde El Sadar disfrutaba del equipo y, el equipo, disfrutaba de un estadio que había vuelto a ser un fortín de resultados y ambiente. El objetivo de la permanencia se selló con varias jornadas de antelación e, incluso, el sueño de jugar en Europa parecía posible. No se consiguió, pero sí asaltar el Camp Nou en la penúltima fecha liguera y ante un Barcelona que apuraba sus opciones del título liguero. Osasuna fue el verdugo y llevó la alegría a Madrid. En el coloso estadio azulgrana el jagobismo alcanzó su máxima expresión. Los rojillos terminaron en décima posición con la friolera de 52 puntos, 16 más que el descenso.
COMPLICACIONES
La tercera temporada de Arrasate al frente de Osasuna tenía la dificultad añadida de mantener el nivel competitivo del equipo sin jugar esa baza de factor sorpresa como un club recién ascendido. Los rivales ya conocían el estilo vertical de una escuadra que ha ido mudando su sistema ante los contratiempos en forma de lesión. Unos diez jugadores han pasado por la enfermería (Aridane, Darko, Calleri, Roberto Torres, Adrián) o siguen todavía de baja (Lucas Torró, Chimy, Jony). Esa es una de las claves de bajón en el rendimiento deportivo y, por ende, de resultados. Factores externos como la mala suerte, la consecución de partidos ante rivales más poderosos o decisiones arbitrarias adversas han terminado de relegar al equipo a los puestos bajos de la clasificación. La crisis deportiva es un hecho, ya que Osasuna no gana en la competición doméstica desde el Centenario el 24 de octubre. Desde entonces ha disputado ocho partidos con un pobre bagaje de dos puntos de 24 posibles. El mayor bache de la era Arrasate en cuanto a resultados, pero también sensaciones.
La caída libre propició las primeras apariciones públicas de los pesos pesados del vestuario. “Estamos donde estamos porque quizá nos lo merezcamos”, afirmó con rotundidad Roberto Torres ante el Betis (0-2). Una semana después el capitán cogió el testigo. “Debemos mejorar cosas y hay que hacerlo ya”, dijo tras la debacle en Pucela (3-2). Autocrítica, pero también unidad como quiso reflejar Nacho Vidal ante el Villarreal (1-3). “Somos nosotros los que tenemos que mejorar y sacar esto. Es momento de estar más unidos que nunca”.
El último encuentro ante el Elche ya dejó visos para la esperanza al recuperar esas señas de identidad que han sido la base del éxito estos años. En tres días llega el Alavés a un Sadar desierto, que seguro que también ha influido en la caraja del equipo, pero es una oportunidad de oro para volver a la senda del triunfo y despedir el año quizá fuera de los puestos de descenso. También sería el mejor regalo para Jagoba Arrasate en su centenario particular.