Opinión

Los árbitros y mucho más

Fernando Ciordia.
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Fernando Ciordia

Actualizado el 21/12/2020 a las 06:00

Osasuna seguirá cerrando la clasificación histórica de penaltis a favor cuando acabe la temporada. De eso no hay duda. Es como si fuera una forma de vida. Lamentablemente. Parecía que la llegada del VAR podría minimizar esos errores que se le pueden escapar de su visión al árbitro. El rojo parece nublarse. La temporada pasada no le fue mal en este sentido. Ahora tiene todo en contra. Lleva cinco jornadas sufriendo desaciertos del colegiado de campo o del que está en una sala con toda la tecnología a su disposición. La lista llama la atención. La zancadilla a Jony el día del Huesca, el gol de Messi que no debió subir al marcador, el agarrón a Enric Gallego contra el Betis, la mano del defensa vallisoletano Bruno y, el más reciente, el fuerte tirón de la camiseta de Albiol a Calleri.

Pizarro Gómez, Mateu Lahoz, Hernández Hernández, Cordero Vega y Figueroa Vázquez han sido estos últimos árbitros con Díaz de Mera, González Fuertes, Mateu Lahoz, Alberola Rojas y Melero López en el VAR. Cada partido pasa algo. Arrasate y Braulio se han encendido. No han podido aguantar. Sobre todo el director deportivo. Podrían haber sido otros resultados de no ser por esos fallos. ¿Para qué está el VAR? Se preguntan indignados. No hay equipo en la Liga que no raje. Osasuna también llama a la puerta. Tiene muchos motivos para pegar el golpetazo en la mesa. Que se oiga. Bien hecho.

Hasta ahí todo bien. Pero hay mucho más. En una situación tan delicada de un equipo al que cuesta reconocer, poner el foco solo en los árbitros es engañarse. Braulio insistió por activa y por pasiva en esa entrevista que concedió a una radio nacional que hacen autocrítica. Admitió tropiezos en la planificación de la plantilla (sin decir cuáles) y tácticos en los planteamientos de Arrasate (también generalizando).

Hablar del infortunio de las lesiones hay que ponerlo en cuarentena. Es un mal que está afectando a todos los equipos. A Osasuna, es verdad, les ha tocado a jugadores importantes, pero en las dos anteriores temporadas este bloque ya había demostrado con creces que no echaba a nadie de menos cuando alguien estaba en la enfermería.

Se ha entrado en una peligrosa espiral. Juegue contra quien juegue, el equipo muestra esa cara plana. Demasiado juego directo sobre sus dos puntas. No es alegre en la presión. Aparenta no tener el motor de otros años. Sin eso, y la grada vacía, es difícil ponerle calor a los partidos. ¡Cuántos fallos tenían los rivales que se enfrentaban a Osasuna! Había alguien que se los provocaba, claro.

No suena el rock and roll de Arrasate. El técnico está probando todo. El último cambio, el de la portería. Su equipo ha dejado de ser fiable en defensa, atraviesa problemas para distribuir el juego en el centro del campo, carece de chispa en las bandas y sus delanteros no pueden generar ocasiones de gol. Se necesita una reacción urgente para esquivar más problemas. Comenzando por una limpieza mental. El calendario aprieta ahora. Osasuna debe engancharse a la Liga. Si lo hace, nadie se acordará de los árbitros ni las lesiones. Mimbres hay.

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