El segundo gol

Calleri: no solo fue el gol

Calleri, que repitió titularidad, anotó su primer tanto liguero en 2020 tras un partido de mucha brega y lucha. Corrió 10 kilómetros

Jonathan Calleri pugna por el balón con el defensor Aidoo.
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Jonathan Calleri pugna por el balón con el defensor Aidoo.José Carlos Cordovilla
Jonathan Calleri pugna por el balón con el defensor Aidoo.

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Borja Bernarte

Publicado el 05/10/2020 a las 07:44

La fortuita lesión del Chimy Ávila propició la fulminante llegada de Jonathan Calleri, aunque ya estaba en la lista de la dirección deportiva la temporada pasada. El argentino llegó a Osasuna con la sombra alargada de su compatriota sobre el ambiente y una pobre estadística goleadora. De inicio, la afición no mostró mucha ilusión en su fichaje. “Tengo hambre de ganar y de salir de la mala temporada anterior”, afirmó en su presentación. Lo cierto es que un gol en 27 partidos ligueros con el Espanyol no eran unos números para estar satisfecho.


Su incursión en el equipo no se hizo esperar y, tras completar una única sesión junto a sus nuevos compañeros, viajó a Getafe. Jugó el último cuarto de hora. Una semana después estrenó titularidad en El Sadar, formando la dupla ofensiva junto a Adrián López. En 75 minutos demostró sus ganas en la presión y su pelea innegociable. Ganó por alto una acción que supuso el 1-0 de Roberto Torres, a pesar de la derrota final. Pero ayer fue su gran día, en su tercera participación.


Arrasate dio un vuelco al equipo titular y juntó al argentino con Enric Gallego en punta. Dos nueves de referencia, con altura y corpulencia. La apuesta podía ser catalogada de arriesgada, pero salió bien. A pesar de no haber coincidido en este inicio liguero, los dos arietes se entendieron bien. Uno intentaba ganar las acciones por alto y el otro trataba de ir a las caídas. De esta forma se fabricaron entre ambos varias ocasiones. No fue extraño, tampoco, verles caer a banda o ir intensos en esa primera línea de presión. Hubo mucho diálogo entre los dos.


La primera de Calleri llegó al inicio del segundo acto, tras pelear con la defensa gallega y rematar desde el suelo cruzado. Fuera. En la segunda no se lo pensó y su zapatazo obligó a estirarse al meta Iván Villar. Paradón. La tercera se fue por centímetros, después de un impecable cabezazo a centro de Oier. El balón rozó el larguero. Y en la cuarta, la menos académica, el esférico terminó dentro de la portería. Calleri metió la cabeza para girar la trayectoria de un mal disparo de Roncaglia. No fue un tanto de bella factura, pero sí permitió a Osasuna encarar con tranquilidad el último tramo.


“Necesitaba romper la racha. Llegué a Osasuna renovado y con hambre de quedarme. Por suerte pude hacer gol y poner mi granito de arena”, explicaba un sonriente atacante argentino al final. “Todavía me tengo que poner a punto porque en Osasuna es importante presionar mucho y el físico importa. Eso hace que tengamos que estar bien. Tengo ahora 15 días para ponerme a punto. Daré todo por Osasuna porque me han recibido bien”, concluyó.

 

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