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Betis 3-0 Osasuna

Mal partido de Osasuna en Sevilla, sin tensión competitiva ni poder de reacción

El Betis le puso mayor picante contra un equipo más contemplativo que de costumbre y sin mordiente en ataque

Darko Brasanac y Feddal, en el partido de este miércoles.
Darko Brasanac y Feddal, en el partido de este miércoles.
Efe
Actualizada 09/07/2020 a las 07:22

Nadie recordará este partido por algo especial. A Osasuna le vino de repente esa especie de bajón que aparece después de las emociones del examen aprobado con nota. Tras conquistar esta permanencia tan anticipada, la racha se frenó en seco en la calurosa tarde-noche del Villamarín sin poder mantener el nivel competitivo exhibido en las dos últimas jornadas.


Se mostraron los de Arrasate agotados de mente y de piernas, sin esa frescura que durante la temporada ha sido capaz de derribar gigantes más poderosos en cuanto a presupuestos. Viendo lo de ayer, hay una lectura positiva que trasciende más allá del propio accidente y es el mérito que ha tenido esta plantilla en salvar la categoría con su modelo de juego. Y en concreto, estar por ejemplo por delante en la tabla de su rival de ayer, que le triplica en dinero.


Fue la demostración de que a un equipo limitado de recursos no le sobra nada. En cuanto la cabeza se desconecta de ese alto nivel de tensión comienzan los problemas. Y aquí hasta puede ser justificable porque no se trata de una cuestión de actitud, sino más bien de que llegados a este punto, el jugador de forma inconsciente no puede rendir en su techo de acción si no vive en ese estado de alarma que le hace sacar lo mejor.


Si a eso se le suma que la carga de partidos en tan corto espacio de tiempo va pesando en la mochila y que había ausencias significativas, puede entenderse que salga un petardazo como el de ayer. Hay que ponerle contexto a la sucedido. Porque en Sevilla, Osasuna no compareció. Fue superado de inicio a fin por un Betis siempre superior no ya en su fútbol por la calidad que tiene, y que le ha costado millones, sino también en su voluntad por ir al área y el entusiasmo en las disputas.


El 1-0 del minuto 3 fue la foto del partido. El equipo verdiblanco había sacado un córner en corto y Guido Rodríguez conectó un soberbio testarazo sin ninguna sombra roja a su alrededor. Se quedó pasmada la línea defensiva, una señal de la falta de concentración en un envite sin mucha trascendencia aunque el objetivo marcado sea ahora quedar lo más arriba.


Los despistes estuvieron a la orden del día. Pedraza, un lateral izquierdo, vivió una jornada feliz por su costado. Ya había lanzado a Herrera minutos antes de que encontrara en el 24 un pasillo con la colaboración de Osasuna. Inició desde su campo y sin que nadie le hiciera cosquillas a su encuentro, se adentró en la zona peligrosa. Tras tocar Fekir y amagar Iglesias, le llegó la pelota para el 2-0.


Los rojillos no ofrecían argumentos para pensar en algo positivo. Solo un disparo de Arnaiz que pegó en un defensa se coló en el haber de aproximaciones. Sin referencia ofensiva por las bajas, el jugador cedido por el Leganés actuó en punta en una alineación que presentó hasta siete cambios. Osasuna no fue el deseado. No tuvo colmillo en la presión ni alegría en sus intentos imposibles de jugar vertical. Las imprecisiones pesaban mucho. Hubo 9 faltas y 5 amarillas. O lo que es lo mismo, un descontrol en la contención del rival.


Arrasate quiso darle un cambio al escenario en el descanso. Apostó por el nervio de Oier y la zancada de Estupiñán, y pasó a formar con defensa de tres centrales. Lato, por cierto era uno de ellos. La mejoría fue leve. El Betis seguía llegando fácil, rápido, y encontrando espacios por medio de un Fekir sobresaliente que disfrutó de dos ocasiones que desbarató Sergio Herrera, la segunda con un disparo de falta sin ángulo. Los rojillos seguían mal. Iglesias tuvo el tercero y hasta el minuto 82 no se produjo el primer disparo con peligro, el que lanzó Roncaglia.


En este periodo final, el partido perdió lo poco que le quedaba. Osasuna buscó ese gol que le maquillara, pero acabó pagando la pérdida de contundencia como bloque que le ha dado galones durante el año. Hubo intercambio de golpes. Intento de chilena de Vidal, ocasión de Loren y Tello a punto de colarse el balón en propia puerta. Cuando el partido moría, llegó el 3-0. Otra acción en la que este contemplativo Osasuna pagó la desmotivación. Tras un balón en largo, Loren cedió a Aleñá, que definió con gran calidad en carrera.

 

 


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