Adiós a un icono de Osasuna
La última carrera de Robinson
Falleció este martes a los 61 años y ya es leyenda rojilla


Actualizado el 29/04/2020 a las 11:23
Eran las nueve y media de la mañana de ayer cuando la cuenta oficial de twitter de Michael Robinson anunciaba una noticia que conmocionó al osasunismo, al mundo del deporte y a la sociedad en general. “Con tremenda tristeza os comunicamos el fallecimiento de Michael. Nos deja un gran vacío, pero también innumerables recuerdos llenos del mismo amor que le habéis demostrado. Os estaremos eternamente agradecidos por haber hecho a este hombre TAN FELIZ, nunca caminó solo. Gracias”.
A los 61 años, se apagaba el acento inconfundible de este inglés que tuvo el don de contagiar con su marcado carisma en los campos de fútbol cuando se enfundaba la camiseta de Osasuna y en los micrófonos cuando desarrolló una carrera como comunicador durante tres décadas que atrapó la atención de todos.
Las innumerables muestras de ánimo que recibió de todo tipo de instituciones y personalidades reflejaron la huella que deja un hombre que nunca perdió su flema inglesa y particular forma de contar las cosas, ni siquiera cuando le diagnosticaron el cáncer.
Fue en octubre de 2018 cuando conoció, y posteriormente reveló, un melanoma con metástasis avanzada. “Voy perdiendo 2-0 pero tengo a Messi calentando en la banda y va a entrar a jugar”, manifestaba con un aplomo y humor asombroso en referencia al oncólogo que iba a tratar de salvarle la vida. El apoyo nunca le ha faltado.
Robinson ha seguido durante este tiempo como comentarista de radio en La Ventana y Acento Robinson en la Ser, y de televisión en Movistar Plus en los partidos de Liga y de la Champions y dirigiendo el prestigioso programa Informe Robinson para contar historias humanas que trascienden el panorama deportivo.
El destino parecía estar escrito con su aparición más reciente, coincidiendo con el último partido y evento deportivo de importancia que se ha jugado antes del confinamiento. Fue el Liverpool-Atlético de Madrid del 11 de marzo y en un templo, Anfield, donde años antes alcanzó la gloria como futbolista antes de recalar en Osasuna.
Ese día ya no estaba en las mejores condiciones, pero al menos pudo escuchar el emocionante “You’ll never walk alone” (nunca caminarás solo), el himno del Liverpool y de su pelea contra la enfermedad al aludirlo con frecuencia en las redes. Días después le comunicaron en una revisión que el cáncer le estaba ganando el pulso.
UN 9 A LA ANTIGUA
Michael Robinson nació el 12 de julio de 1958 en Leicester. Pasaría su infancia en Blackpool, la ciudad costera donde se mudó su familia. Casado con Christine, tuvo dos hijos, Liam y Aimee.
Delantero centro nato de la vieja escuela, vistió otras seis camisetas antes de llegar a Osasuna. Tras jugar en el Preston desde los 17 años y después en el Manchester City (1979-1980), se destapó en el Brighton donde fue un gran goleador (37 goles en 113 encuentros).
Su carrera dio un giro. En verano de 1983, el Liverpool pagó por él 200.000 libras para convertirse en una referencia en el equipo rojo de la ciudad de los Beatles. Tuvo que pelear por el puesto con dos mitos como Ian Rush y Kenny Dalglish. El primer año fue inolvidable con el triplete (Liga, Copa de Europa y Copa). Jugó 42 partidos y marcó 12 goles. En la histórica final de Roma salió en la prórroga.
Robinson perdió gas en el siguiente y dejó a los reds para militar en el Queens Park Rangers desde diciembre de 1984. Su madre le dio la nacionalidad irlandesa. Con Eire jugó en 24 ocasiones.
El pase a Osasuna lo cambió todo en su vida. Llegó a una ciudad donde pronto se convirtió en ídolo por su ambición. Se quedó atrapado por un país del que siempre recibió el cariño que se fue ganando. Era escuchado, popular y querido.
Zabalza, director del hotel. Es recordado el momento cuando llegó a Pamplona. “Pedro Mari Zabalza me recibió, muy elegante, me dijo que era el director del hotel y me señaló con los dedos que a las 11 mañana a entrenar. A la mañana siguiente vino un compañero que sabía cinco palabras de inglés, me presentó a mis compañeros... De repente veo al director del hotel en chándal. Era también el entrenador”.
Tras el primer día en Tajonar. “Volví y me preguntó mi mujer que cómo lo veía. Descendemos seguro. Eso no lo salvaba ni Spiderman, no hacía falta que llegase un delantero del Liverpool. Y le dije ¿Qué tal Osasuna? y me dijo “Osasuna no existe, es el equipo de Pamplona”. Ah, ¡Hemingway!”, repasó con humor Robinson en su día.
Debutó en San Mamés. Su flema también salió a relucir tras jugar por primera vez de rojillo. Le dijo a su padre: “Fíjate qué malos somos que antes del partido rezamos” (Osasuna históricamente reza el Padre Nuestro).
Ofrenda en Javier. Como es tradicional antes de iniciar la Liga, Osasuna visitó “la ermita de San Javier”. Se situó en primera fila y cuando llegó el momento de adorar al santo, el anglicano, sin comprender la liturgia, intentó llevarse la estatuilla , le sacó brillo y finalmente optó por abrazar y dar dos besos al sacerdote.