

Actualizado el 21/05/2018 a las 08:53
El viento del que venía hablando Diego Martínez durante toda la temporada estaba soplando a favor. Qué delicia. Dos victorias consecutivas y mil rojillos en Los Pajaritos después de una formidable jornada festiva por las calles de esta tranquila ciudad que ayer alteraba su orden con mucha deportividad.
Partido de los habituales de fuera de casa. Blindaje defensivo y sin conceder peligro. A esperar acontecimientos arriba. Pues ha llegado ese chispazo a balón parado dentro de ese aire que pegaba por Soria por la espalda. Por cierto un cabezazo impecable de Quique, al que por fin hemos visto sonreír. La afición ha echado mano de la clasificación virtual en esos momentos, en los que el equipo ha sido por fin ha estado más entonado. Osasuna era quinto a las puertas de recibir a un descendido a Segunda B en El Sadar. Un paisaje despejado, sin nubarrones, primaveral como estos días.
Pero claro, lo que tienen las ráfagas de viento es que a veces cambian de dirección, son difíciles de controlar. Una lesión en la rodilla de Sergio Herrera con quince minutos por jugar ha acelerado el corazón de los osasunistas. El mazazo ha sido soberano, en especial para ese millar de incondicionales. En el minuto 90, Manu Herrera solo ha podido ver el vuelo del balón e Higinio ha saltado por encima de todos para marcar el empate. Todos los goles siempre vienen por un error, pero éste ha escocido más. Del viento nunca se puede vivir. Cambia tanto de dirección que a veces te derriba como te ha empujado antes para marcar. Osasuna no ha merecido más hoy en Soria. Y aun y todo está vivo. Dos jornadas quedan. Y a luchar contra viento y marea no. No hay enemigos ahí fuera. A luchar contra el Lorca y el Valladolid, y a esperar acontecimientos.