Eurocopa 2024
Emoción, abrazos y champán en Yamaguchi
2.000 personas se lo pasaron en grande en la plaza pamplonesa

Actualizado el 15/07/2024 a las 16:16
Cuando el eco de las celebraciones por el título empezaba a perder fuerza en la plaza Yamaguchi, un estruendo apenas a un kilómetro de distancia anunciaba el comienzo de los últimos fuegos artificiales de las fiestas de San Fermín. Hasta en eso la noche fue perfecta. Una prórroga, unos penaltis, habrían alargado la final y los escenarios se habrían solapado. Pero las cerca de 2.000 personas, según fuentes de la Policía Foral, que acudieron a presenciar la final de la Eurocopa entre España e Inglaterra no se perdieron nada. Ni los fuegos, ni el Pobre de Mí, ni por supuesto, ver a la selección dirigida por Luis de la Fuente ganar a lo grande.
El uniforme masivo no podía ser otro, el blanco y rojo de la fiesta pamplonesa. Pero también se vieron camisetas de equipos de fútbol y de otras selecciones, como Colombia y Argentina, que horas después disputaban la otra gran final del fútbol, la Copa América. Vendedores hicieron su pequeño agosto el 14 de julio vendiendo banderines de España que ondearon en algunos momentos de la final. Y, por supuesto, se dejaron notar varios grupos de ingleses con su bandera de la Union Jack.
Pero eran una inmensa minoría. Se vio antes de empezar. Con la plaza ya llena, se escucharon los himnos y hubo abucheos para el inglés. En cambio, el español se coreó con la plaza en pie casi al unísono con el famoso “lo, lo, lo, lo”. Desde hacía muchos minutos, decenas de filas de espectadores muy jóvenes, tanto chicos como chicas, se apresuraron a coger sitio sentándose en el suelo. A distancia, se alineó el resto del público de pie en un orden no prescrito pero que permitió a todo el mundo ver el partido, aunque la pantalla gigante no era tan gigante.
Volcados con Nico
Quien sí es gigante es Nico Williams. Cada vez que el pamplonés tocaba el balón, la hinchada se volcaba con él. Su juego y su personalidad enganchan.
La entrega fue total, con protestas airadas ante las faltas de los ingleses o aplausos enfervorecidos a las acciones defensivas españolas de la primera parte, a falta de claras ocasiones de gol.
“Yo soy español, español”, coreó un grupo de jóvenes, aunque su cántico no fue muy seguido. La gente estaba centrada en la pantalla y en disfrutar del partidazo.
La primera gran ovación acompañada de risas se la llevó Dan i Carvajal al ironizar con las quejas de Saka haciendo como que lloraba. También hubo aplausos a la tarjeta amarilla de Kane o un gran despeje de Cucurella.
Todos los ojos estaban pegados a la pantalla y a los comentarios de Juan Carlos Rivero, Mario Suárez y Vero Boquete en la retransmisión de La 1. Fue llamativo ver cómo casi nadie miraba al móvil, comía o bebía. Apenas hablaban entre ellos. España les estaba hechizando. Y todavía quedaba lo mejor.
Y lo mejor se llama Nico y se apellida Williams. El navarro levantó la igualdad del partido con un golazo que desató la locura. Tenía que ser él.
Los primeros gritos de “España, España” se produjeron tras la segunda gran ocasión de Nico y precedieron a un apagón de apenas 15 segundos en el que se fue la imagen de la pantalla. Nervios y silbidos que no fueron a mayores.
Mucho mayores fueron los nervios cuando marcó Palmer para Inglaterra. Un aficionado emergió de entre la muchedumbre de las primeras filas y se puso de pie para celebrar el gol. Le cayó algún que otro vaso de plástico y él se giró aún más eufórico.
Su felicidad duró lo que tardó esta gran selección en poner las cosas en su sitio. Oyarzabal, uno de los jugadores que simboliza lo que esta selección sin divos, de perfil sencillo, elevaba a niveles de éxtasis el ambiente en Yamaguchi. Ahora sí, la plaza se volvió loca. Todavía había que sufrir con ese balón que sacaron milagrosamente Simón y Olmo, pero finalmente la frase de Juan Carlos Rivero retumbó por la capital navarra: “Un chaval de Pamplona, sus padres de Ghana cruzaron el desierto...” y la plaza cayó rendida y emocionada.
La noche era perfecta. Quedaba mucho por celebrar en otros escenarios, los fuegos, el Pobre de Mí, pero el DJ pamplonés Álex Muguiro, que había amenizado toda la velada, se empeñó en que nadie se moviera de allí y apostó fuerte con los grandes hits sanfermineros, como Será por qué te amo, Cuando zarpa el amor y, por supuesto, la Potra Salvaje. Porque España ha galopado como nadie y se merece esta Eurocopa.