Fútbol regional
Iván Jiménez, árbitro navarro que sufrió una angina de pecho: “El reloj me avisó de que detuviera mi actividad. Tenía 220 pulsaciones”
El árbitro de 21 años se desvaneció durante las pruebas físicas de ascenso a Tercera División. Los síntomas parecían de infarto, pero fue una angina de pecho. Su historia no tiene desperdicio


Actualizado el 23/09/2021 a las 10:59
Entra al campo de fútbol del Burladés. Un escalofrío le recorre su cuerpo. Se apoya en la valla metálica que delimita el terreno de juego. Mira al horizonte y recuerda todo lo que ha cambiado su vida desde que arbitró en ese lugar la pasada temporada hasta que regresó el pasado 11 de septiembre. La historia de Iván Jiménez Rebolé (Pamplona, 1999) no tiene desperdicio.
19 de mayo de 2021. Pruebas físicas de ascenso a Tercera División en el estadio Larrabide. ¿Qué sucede?
Estábamos en mitad de una de las pruebas y noté un dolor muy fuerte en el pecho. Me iba al brazo izquierdo. Tengo estudios sanitarios y, en el momento, paré para pedir ayuda a mis compañeros. Sabía que me estaba pasando algo grave. Pensaba que era un infarto. Por suerte había una ambulancia cerca por una prueba de atletismo que se estaba celebrando a la vez en Larrabide. Me valoraron y me trasladaron. Ahí empezó toda la aventura.
Siga.
No sabían lo que me pasaba. Me metieron en la UCI y me hicieron un montón de pruebas, entre ellas, la consulta con un cardiólogo. Se asustaron porque era muy joven. Habían pasado dos horas y mi familia estaba muy asustada porque no sabían nada. Tenía mucho dolor. Me fastidiaba haberme perdido una prueba de ascenso a Tercera División, pero era consciente de todo lo que me estaba pasando. Sabía que era un infarto o algo parecido. Pasé noche y media en la UCI y, después, tres días en planta. Quería quitarme los cables y volver a Larrabide.
¿Cuál fue el diagnóstico?
Por suerte, descartaron el infarto y cualquier tipo de enfermedad coronaria. Eso me tranquilizó, pero tenía una angina de pecho. Pregunté si podía volver a hacer deporte. Más chequeos, cardiólogos y pruebas de esfuerzo hasta que volví al campo el 11 de septiembre.
¿Nunca había tenido un problema cardíaco?
Jamás. Los relojes de ahora ayudan a tener todo controlado. Me asusté porque, de hecho, fue el reloj quien me avisó de que detuviera mi actividad inmediatamente. Tenía 220 pulsaciones. Me asusté. Los árbitros nos exponemos a tres o cuatro pruebas físicas todas las temporadas. Siempre las había pasado sin problema y suelo hacer deporte durante todo el año. Nunca había tenido nada parecido.
¿Qué se le pasó por la cabeza?
Me afectó el hecho de no poder completar las pruebas de ascenso a Tercera División, pero mandaba la salud. Prefiero vivir 50 años más que hacer deporte. La etapa de la cabeza ha sido la más dura. La familia me decía que tuviera cuidado, pero yo tenía muchas ganas de volver. Se sucedieron las pruebas y nunca veía la luz. Siempre revives la situación y la cabeza nunca desconecta.
¿Hasta qué punto le afectaba el hecho de no hacer deporte?
Les insistí mucho a los médicos con ese tema. Me daba igual que me dijeran que iba a estar un año parado, pero yo quería volver al verde cuando fuera. En el campo desconecto y soy libre. Nada en esta vida es insuperable salvo la muerte. Me hubiesen hundido si me dicen que no iba a volver a hacer deporte. No fue el caso y ahí estuvo mi familia y mi pareja para ayudarme en todo.
Tiene muy presente a su familia y pareja. ¿Sabe cómo fue esa llamada informándoles de lo sucedido?
Todavía no he preguntado porque no quiero saber detalles. Sé que llamaron a mis padres pero como no podían contactar con ellos probaron con mi pareja. Le dijeron que estaba yendo al hospital porque tenía un fuerte dolor en el corazón. Del proceso de la ambulancia no me acuerdo nada. No sé si llegué consciente o no. Mi pareja me contó que ni siquiera le supe reconocer. Estaba totalmente ido. Pensaba que era un sueño, pero la salud te pega de golpe. He aprendido mucho.
¿Qué ha aprendido?
Soy de la teoría de vivir el momento. Incluso llevo tatuado carpe diem (disfruta del momento). He estado toda la pandemia en la Cruz Roja y he visto muchas cosas. Me pegó un golpe la vida con 21 años y tengo que disfrutar de cada segundo. Quizá llevar las cosas al límite nunca es bueno. Era un sueño ascender a Tercera División y lo voy a conseguir. Sé que, además de todo lo físico, también influyó la vacuna de coronavirus. Ahora tengo claro que voy a disfrutar de todo el proceso. Me acuerdo de todas las personas que me han ayudado: mis padres, mi hermano, mi pareja, amigos y compañeros de la FNF... También todos los que forman parte del centro ‘Entrena a la carta’ que me ayudaron en la recuperación. Estoy de vuelta gracias a todos ellos.
¿Qué sintió el 11 de septiembre cuando volvió a arbitrar?
Casualmente volví a Ripagaina, donde había dirigido mi último partido la pasada temporada. Recuerdo el calentamiento, volver a pisar el césped... Las tripas se me removieron y las lágrimas brotaron. Las personas no somos de hierro y los árbitros tampoco. Fueron momentos emocionantes, aunque lo más duro fue el 4 de septiembre.
¿Por qué?
Volvía a tener pruebas físicas en Larrabide. Donde me había pasado el susto. Ahí estaban todos los compañeros que me habían visto tirado en la hierba. El trago más duro fue ese. Llegó la prueba donde me había sucedido todo. El reloj marcaba el minuto siete. Yo caí al suelo en el ocho. Fue muy duro, pero lo superé.
¿Y cómo está ahora?
Muy tranquilo. Disfruto del arbitraje y de los entrenamientos semanales. Mis amigos y familiares tienen más miedo que yo. Me preguntan cada día si he notado algo raro. Disfruto como el que más porque no sé cuándo será el último día. Sé que estoy controlado por los médicos. Tengo el alta del cardiólogo y el apoyo de todos, pero nunca se sabe.
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