Tour de Francia

Miguel Induráin revive su desfallecimiento en el Tour de 1996: "En Les Arcs no iba, y no iba"

Hoy se cumplen 30 años del desfallecimiento del pentacampeón del Tour en la etapa alpina que le privó de poder pelear por su sexta victoria en París

Miguel Induráin, en la etapa de Les Arcs del Tour de Francia de 1996.
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Miguel Induráin, en la etapa de Les Arcs del Tour de Francia de 1996.ERIC GAILLARD
Miguel Induráin, en la etapa de Les Arcs del Tour de Francia de 1996.

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Luis Guinea

Publicado el 06/07/2026 a las 05:00

No era un 6 de julio cualquiera. Los Sanfermines de 1996, tiró el Chupinazo en aquella ocasión Javier Igal, concejal de UPN, iban a tener su prolongación hasta el 16 de julio, día en el que por primera vez en la historia el Tour de Francia iba a llegar a Pamplona. La ilusión de Pamplona, de Navarra, de todo el país y el mundo ciclista era ver llegar a Miguel Induráin de amarillo rumbo a su sexta victoria en París. Ese 6 de julio apretaba la canícula en las calles pamplonesas, mientras que a unos miles de kilómetros, en la estación alpina de Les Arcs, en la región del Terentaise, un día desapacible, lluvioso por momentos, frío a ratos, caluroso en su final, se producía lo insólito. Induráin desfallecía en los Alpes, se esfumaba el sueño del sexto Tour. De eso se cumplen hoy tres décadas, y el pentacampeón lo sigue asumiendo con la misma naturalidad que entonces. Fue un mal día.

 El Tour de 1996 arrancaba muy al norte, en Hertogenbosch, Países Bajos, un 29 de junio. La edición de aquel año cruzaba Francia de arriba abajo: Alpes, Macizo Central y Pirineos. Y lo hizo con un tiempo infernal, una borrasca se había instalado en el norte de Europa, lo que hizo que la lluvia acompañara a los corredores prácticamente durante la primera semana de carrera. Induráin, que había sufrido un proceso vírico-gripal una semana antes del inicio de la carrera, llegaba a la salida con 81 kilos, uno más de su peso en forma. En el prólogo de Hertogenbosch, donde Miguel vistió por última vez en su vida el maillot amarillo del Tour, llovía y terminó séptimo a 12 segundos de Alex Zülle, en un trazado que estaba francamente peligroso.

LAS CLAVES
1 El tiempo
​ La etapa se desarrollaba en los Alpes y pasó de un clima lluvioso y con 15 grados, a sol y 27 grados.

 2 De dónde se venía
 Por primera vez en muchos años el Tour de Francia había tenido una primera semana muy fría y lluviosa.
 
3 Les Arcs 
​no era muy duro El puerto de Les Arcs en sí no era una ascensión especialmente dura, 14 kilómetros al 6% de media. Pero la jornada venía de subir Madelaine y el Cornet de Roselend. 5.000 metros de desnivel.​

QUERÍA ATACAR

 La primera piedra de toque del Tour de 1996 estaba en la séptima etapa. El sábado 6 de julio se transitaba desde Chambery hasta la estación alpina de Les Arcs, a 1.700 metros de altitud, con un menú de 199 kilómetros en los que se ascendía La Madelaine y el Cornet de Roselend antes de afrontar los 14,5 kilómetros al 6% de media de la ascensión final. 5.000 metros de desnivel. El francés Stephane Heulot era el líder de la general, con 20 segundos respecto a Piccoli. Induráin era octavo en la general a 4:17. Su intención en la primera etapa de montaña de aquella edición era moverse para ganar. 

Cuenta Carlos Tigero en su libro La estela de Miguel, que aquella mañana del 6 de julio amaneció lluviosa y fría en Chambery. Y que el pentacampeón después del desayuno habló con su masajista, Vicente Iza, para que le diera crema térmica, hecha con una base de pimienta. No quería pasar frío. La pimienta estimula la musculatura, pero elimina la grasa. Y en el caso de que mejorase el tiempo, cabía el riesgo de que el músculo perdiera más líquido y por tanto energía. Por eso, como cuenta Iza a Tigero en su libro, llevaban en una de las neveras leche, el único medio eficaz que se podía usar para quitar esa crema de las piernas. No la usaron.

 Banesto controló la ascensión a la Madelaine con una lluvia torrencial con el Chava, Aparicio y Arrieta. En el Cornet de Roselend, donde la niebla sustituye al agua y la temperatura ronda los 12 grados es el propio Induráin quien marca el ritmo de la subida. Tras hacer cima y descender por un nuevo valle, el tiempo cambia. Sale el sol, el mercurio empieza a subir. Induráin va protegido con manguitos, guantes de invierno… y la famosa crema de pimienta.

 En Les Arcs quien se mueve primero en el grupo de favoritos el francés Luc Leblanc, que lanza su ataque a plato, a falta de seis kilómetros. Induráin estaba a rueda del Once Aitor Garmendia, que marcaba el ritmo. Las alarmas saltaron cuando a falta de tres kilómetros para la cima, el villavés retrasó un poco su posición. En ese momento Tony Rominger aprieta en el grupo de favoritos y Miguel se descuelga. 

EL BIDÓN, EL RENDIMIENTO

El pentacampeón del Tour sube con todo metido, el piñón más grande en la rueda trasera de su Pinarello. No avanza. Con la mano derecha hace el gesto de necesitar agua. Su gesto es sufriente, tiene la boca como un estropajo, escupe seco. Pasa el coche del Gewiss de Riis, que le da un bidón. Prueba y lo tira, porque es agua. Al tiempo llega el coche del Banesto, con Unzué y Echávarri, que le da un bidón con sales. Lo bebe de trago, pero para entonces ya era demasiado tarde. 

Leblanc ganó aquella etapa, con 47 segundos de ventaja respecto a Rominger. Miguel Induráin entró solo en el puesto 16º a 4:16 del francés. El ruso Berzin se colocaba como nuevo maillot amarillo, el líder del Banesto era 14º a más de tres minutos. 

“Ese día iba bien, pero muscularmente no estaba rindiendo como quería. Había sido un comienzo de Tour no muy bueno, con mal tiempo, lluvia, frío y eso me afectó en la musculatura, no rindió como quería”, explica el pentacampeón del Tour. “Llegamos a Les Arcs, yo quería atacar, iba bien. No era un puerto duro, pero cuando llegó el momento no podía seguir el ritmo de ellos, el músculo no iba. No fue una pájara, fue una cuestión de rendimiento. No iba, y no iba. No todos los años iban a salir las cosas bien, aunque ese año me preparé muy bien. Pero a veces las cosas no salen, tampoco hay que darle más vueltas”. 

Ese día, al solazo de las calles de Pamplona, no se comentaba otra cosa en la sobremesa de las comidas sanfermineras. ¿Qué ha pasado con Induráin? Nada más cruzar la meta, el líder del Banesto se metió en una furgoneta Mercedes Vito azul oscuro, donde le esperaba Francis Lafargue, el relaciones públicas del equipo. Induráin no realizó declaraciones a los medios de comunicación, buscó el descanso en el hotel Mercure de Les Arcs. Se confiaba en poder darle la vuelta a aquella situación, quedaba Tour. O eso creía.

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